Pequeño rock & roll

“Último jueves que salgo y me tomo otra con el Marazu” pensaba para mis adentros en lo que pulsaba el botón de encender el ordenador. Llevaba las pintas habituales en esas ceremonias: pelo recién lavado, cara de sueño, ojos tamaño chinatown. Una voz me reclamaba con urgencia así que levanté la vista. “Te falta conocer a la nueva” me dijeron. Era la rubia castaña que asomaba la cabeza por detrás del ordenador. Abrí y cerré los ojos un par de veces, di orden de acabar con la fase rem. No había manera.

Antes de que me reconociera dije un hola rápido, salí pitando hacia la calle y marqué el 652:

“Deivid, tengo una milonga kepleriana que contarte sobre serendipias”

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Se dice que el destino tiene dos formas de jodernos: no dándonos nuestros deseos y concediéndolos. Mi teoría es todavía más peregrina… la vida es un inmenso teatro orquestado por unos guionistas maquiavélicos que buscan finales enrevesados e historias inconcebibles a la vez que formulan y reformulan estratagemas para entretener ad æternum a la audiencia de telelimbo. Y doy fe de que esta vez se lo curraron.

Todo empezó con una guerra entre “senti” y “mental”. El lado pícaro se había propuesto jugar al juego con confianza. “No es cuestión de no hacer nada y esperar que suene la flauta –me chivaba el diablillo cada madrugada– sino de ir a Hamelin, preguntar por el flautista y perseguirle por cada ratonera”

Era 9 de Mayo y veníamos de perder a los dardos una vez más. Entramos al local a ahogar la puntería entre rones y cervezas y se nos apareció el equipo de fútbol femenino de la Casa. Saludamos y nos envalentonamos. “No nos durábais ni media parte” les retamos. Afortunadamente aquel encuentro nunca llegaría a celebrarse. Intercambiamos nombres y buenas intenciones y yo aseguré que me encargaría de buscarlas en Tuenti (en aquel momento era lo máximo) y organizar el evento.

Negrito llegó a casa con demasiada Negrita en vena, se puso a buscar nombres y se perdió entre amigas de amigas. Sin saber muy bien cómo llegó hasta “Miss Camiseta Mojada”. Una cara poco corriente, unos gustos muy delicados. La susodicha chica misterio no ponía nada de dónde era pero dejaba pistas sobre sus afiliaciones. Y era terriblemente guapa.

Quique ponía la banda sonora retando desde el altavoz “juégatela un poco, valiente”. Vayamos a Hamelin, me dije y que lo arregle mañana el que se levante sobrio

“Leí tu perfil y oye…no sé qué amigo tenemos en común pero a esa declaración de intenciones me apuntaba”

Al levantarse tocaba balance de daños: abrir la cartera, descubrir el dinero gastado, revisar el teléfono por si la brillantez ronronera había decidido hacer amigos de más… y meterse en Internet por si las wifis. Porras, la pachanga…en qué andábamos pensando al retarlas. ¿Y esto? Ay…la rubia. Bueno, seguro que es de veteasaberdónde. Voy a mirar…lechugas, eso es la facultad de comunicación de Salamanca. Ya es casualidad que viva cerca de Alber.

“Alber… ¿ayer? Nada, perdimos otra vez. Luego le escribí a una chica por internet, debe estudiar en Salamanca porque tiene una foto al lado de tu casa. No, no contestó. Na, tampoco puse nada, sólo me sentía feliz porque le gustaba Quique”

El mes pasó deprisa, fin de temporada camino del verano. Eso de que sus nicks oscilaran entre “Alhajita”, “Palomas en la quinta” y otras canciones de Quique me tenía tonto. Tanto que quise hacer que picara el anzuelo, mandé algún mensaje más con los días y ella pensó (confesado posteriormente) que era algún tipo de gilipollas consumado, por decirlo blandito. Éxito total.

Acabé descubriendo quién era la amiga en común. Y no, no era salmantina, era abulense. Y no, no estudiaba biología precisamente… era del gremio. Sólo faltaba que un día…no, ya sería mala leche. La vida es puñetera, pero hombre…tanto…

Por si acaso, saqué valor para escribirle otra vez y decir que no tenía ni idea de que era de Ávila, que no había querido molestarla y que le fuera todo muy bien. Recé a los vientos para que no se diera la situación de tener que explicarme un día en persona.

Juá, juá, juá.

No me conoces bien, soy un desastre…

(…)

Deivid me colgó muerto de risa. ¿Qué sería de la vida sin los saltos al vacío? Volví a entrar, agaché la cabeza, presenté mis respetos a cada baldosa y entoné un miserere interno para que no sumara dos más dos y recordara. Ya era tarde: sus ojos ya no miraban, sus ojos sólo sabían taladrar.

La vida me pasaba su ajuste de cuentas. Recogí a Deivid camino de Conil y todas las canciones sonaban a salitre. Empezaron las llamadas de la que acabé descubriendo como una embaucadora genial. Destino empezaba a apuntar camino de Zaragoza pero quedaban caricias por descubrir.

Tuvo que ser ella, yo por entonces ya era el detective impuntual. Dejamos fluir la historia aunque supiera que sus besos me condenaban no sólo a conocerla sino a contraerla.

It´s a secret, no one tells

Era Agosto, tiempo según ella de “ponerse los zapatos, salir a la calle y descubrir a todas las personas maravillosas que existen, todas las sensaciones, palabras, lugares, caricias, locuras, risas y llantos que nos tiene preparada esa desconocida llamada “vida”. Ese Agosto, caballero oscuro, nos dimos prisa y retamos miradas que se resistían a separarse.

Pasé los siguientes días pegado al teléfono, paseando junto al Ebro, perdiéndome por cada recoveco. Quique tocaba en la Expo todas las canciones que ya sólo sonaban a ella. En un mes me había impregnado toda la discografía.

Mi ley innata (sin ser, ni oír ni dar) era dormirme acordándome de su mirada, ojitaladrado en la distancia, gritando carpe noctem al lunar de su nariz. Toda la casa olía a su piel. Negrita el corazón me grita…recordando el último encuentro: una bocina, una cuesta, un beso en el escalón sabiendo que sería el último. Me agarraste, decía Drexler.

Porque cuando uno juega este juego en el fondo sabe que el pequeño rocknroll nunca quiso ser de nadie…

Quedamos lejos aunque tardé un tiempo en olvidar sus cerca. La siguiente vez que la ví fue entre decenas de personas, sonriendo en Gredos mientras la música de Sabina nos despedía –irónicamente– cantando a la crisis. Me dejé vencer sobre el coche –el coche de nuestro primer beso– y acabé de juntar mentalmente estas frases.

Y todo esto para decir que fue un placer coincidir en esta vida…

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5 thoughts on “Pequeño rock & roll

  1. Que sería de tu blog sin las historias de amores imposibles, menos mal que aún te queda eso, porque con el manager de F1 estás perdiendo todo lo demás.

  2. Todavía tiene usted que estrenar su palmarés. Que te suene la flauta con Alguersuari no indica más que buena suerte transitoria…porque por lo demás su historial no deja de ser bastante decepcionante. Desde el Speed Demons no rascas ni cuarta. Que lechugas el Demons…desde el Speed Haste. Y ya eras flojito…

  3. Todavía recuerdo tu cara de decepción cada vez que perdías al Angel Nieto. Aclarar que este es el primer año en que cada carrera respondo a las preguntas de bonificación y las apuestas y que gestiono el equipo. Más que nada porque como los otros años al que ganaba le invitabas a una cena no quería tener que pasar por ese trago. Jejejeje.

  4. Me encantan estas historias. Deberías escribir un libro con estas cosicas. Luego llegaste al Ebro, perseguiste al flautista y solo había ratas (pelos de…) 😛

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