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Padreando (muy basado)

«Padrea más, si eso», repetían las redes sociales al famoso de turno durante todo el año. «Muy basado», decían otros, asintiendo gravemente. Y yo leía ambas cosas y me decía a mí mismo, a lo Laporta, «al loro, que no estamos tan mal, hombre».

2022, el año que anduve padreando, llega a su fin. Y lo escribo mientras mi codo está en contacto con la espalda de L, el pequeñajo, que no se quita de encima unos molestos mocos… y quiere sentirme ahí, a su lado, presente, tangible, aunque me escuche aporrear teclas a estas que son… las dos de la mañana. 

«La verdad es que si me tocaran los Euromillones podría vivir bastante tranquilamente», decía yo cada vez que me preguntaban qué tal. Pues bien: padreando, muy basado. Sacando adelante los problemas, viéndoles crecer, estando a su lado como nunca antes había podido. Tampoco, por las circunstancias, podría ser de otra manera. Porque 2022 vino así, saludando con ese estilo, dándose esos andares… y así lo ha implantado hasta el final.

El año nuevo, esta vez, no me empieza en Septiembre: son los vientos de Invierno los que traen los nuevos horizontes, ya sin las bases anteriores, con lo que tiene eso de atrayente pero también de vértigo. Y es que así sucedió todo (salud, dinero y amor) y así hubo que afrontarlo.

Suena mejor cuando escribes que a algo «no lo echarás de menos». Podría decir de 2022 que ha sido duro, exigente, retador. Y que, por tanto, no lo echaré de menos. Pero sé que sí, y lo supe todo el tiempo. Que el año venía menudo y menudo año, pero que nunca podría ser olvidado. Y por saberlo así, y por vivirlo así,  definitivamente lo mío ha sido todo un padreo.

Muy basado.

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