¡Sapristí!

¡Sapristí! Yo siempre he usado la expresión, desde pequeño, porque no concebía que nadie sensato no se hubiese leído todos los Mortadelos. No me entraba en el colodrillo que alguien no supiera de lo que hablaba. Cuentan los que saben o han investigado estas cosas, que detrás de la palabreja habría una blasfemia edulcorada, sobre

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