Sección de congelados

Esta tarde la he visto resoplar, como todos los sábados a estas mismas horas. La mirada se le ha perdido entre los estantes, ha soltado los cartones y se ha encaminado hacia la puerta. La misma voz se repite cada hora. Ser el comodín del Mercadona es lo que tiene.

– Señorita Carmen, por favor, acuda a caja parking

Ha pasado por mi lado sin hacerme mucho caso, la cola de clientes debía parecerle poco prometedora. Bajo la estratégica presión visual de la pescadera, mi mirada sólo se ha atrevido a ejercer una tímida manoletina a su paso. Mi donna del mercado no es consciente del arte que desprende su pose carcelaria. Ninguna porta esas rayas verdes como ella, a pesar de su cara de hastío que a veces roza el enfado. Porque Carmen ante todo es una profesional. Se sienta en la caja y sonríe al pequeño que le muestra la compra.

Más o menos así empezó todo: “Caballero…le recuerdo que la semana que viene cobraremos por las bolsas”

Dejó entonces media sonrisa de respuesta a mi “lo tendré en cuenta, estimada señorita”.

Creo que no se acuerda de aquello, los clientes no debemos ser muy originales a la hora de ser amables. Vuelve al rato a la sección de congelados con un carrito lleno de productos que reponer y se afana en la tarea como un pintor en sus acuarelas. Será el fresquito de los hielos pero no me cuesta imaginarla pintando en una bahía…

Piensa que el futuro es una acuarela y tu vida un lienzo que colorear, que colorear…

Y entonces sucedió. El tarrito de cristal no soportó la presión y se me rompió…

Un bonito reguero de aceite de oliva empezó a combinar con mi baile de pies que intentaban esquivar el desastre. Tuvo que aparecer ella para arreglar el entuerto

“No se preocupe, señor”. “Son cosas que pasan”. “Nada, para esto estamos”. “Tranquilo, ya me encargo yo”. Los dos de rodillas, pringados de bonito. El cuadro tal vez no es romántico ni ofrece un envidiable paisaje de erotismo, pero puedo asegurar que lucía como ninguna y que nunca una atuntería fue más justa y adecuada. A veces la torpeza también te hace bailar.

He salido a correr por el barrio. Lo mismo es universitaria. Lo mismo va al parque. Lo mismo surcamos siete mares. O bueno, lo mismo únicamente me conformo con pensar en un poquito más del calor de Agosto que ya se escapa. Sólo espero que a veces recuerde al chico del atún. Yo prometo traerme las bolsas de casa.

En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo; y la lluvia y las nubes no pueden velar tanto brillo…

– Señorita Carmen, por favor, acuda a caja parking

Y a ti Carmen ¿Quién te chequea el corazón?

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                                                                                                       El relato original se escribió para «Los 4 Palos»

Continúa en «Congelados en cada sección»

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