El club del hombre impasible

Alguien había colocado primero una de esas estatuas y luego otra y luego otra. En una semana y media –y nadie sabía muy bien cómo ni por qué– todos los puntos altos de las ciudades más importantes iban amaneciendo con esa figura: Un gigante hombre impasible plantado junto a las antenas de telefonía mirando sin ganas, aplatanado, con las manos en los bolsillos.

Una planetaria colección de tancredos de la parsimonia.

FF al fin de la historia. El último hombre se había quedado definitivamente idiotizado por lo catódico, sin opción de un sálvame. ¿Dónde estás corazón? ¡Qué me dices! Giraba la noria desperdigando charcutería fina. ¡Qué tiempo tan feliz! Salsa rosa de la buena: Channel nº4

«No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo»

El verano había sido impar pero Septiembre llamó a la puerta para acabar con la revolución.

El fútbol había vuelto.

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