Hace un par de veranos, las horas pasaban y no podía tirar más de mí. La vida estaba conmigo en posición «No me encanta«.
Este verano 25 el playeo ha sido magnifico, resarciéndonos de un año pasado que salió practicamente todo al revés. Firmamos un gran Julio, dicho sea con ganas de no estropear el incipiente agosto. El karma aún debe muchas, así que vaya procediendo a querernos mucho a todos lo que pasais por aquí.
Los minutos se iban sin mirar atrás, sin dar tiempo a poner en marcha todo lo que tenía pendiente… y que ahora felizmente dos años después puede verse en la página como una realidad (nueva sección «Servicios»).
No quería verano ni puentes. Quería lunes y semanas laborales completas, cinco días con sus mañanas productivas para poder estudiar, lanzar, progresar. Pero casi siempre pasaba algo, festivos incluidos, y se me caían encima los meses, implacables.
Algunos proyectos cayeron en el vacío, aunque a veces cuesta despegarse de ellos. ¿He dedicado tiempo a algo que luego no será nada? Eso cuesta despegárselo. ¿O, algún día, eso iniciado servirá de algo? ¿Tal vez, al menos, la parte de hacer entrevistas «in english»?
A lo mejor no, y simplemente fue tiempo muerto, perdido, kaputt. En todo caso, atrás queda.
Toqué fondo, en el sentido de dolor de cabrearse, el día que note que me estaban intentando estafar con una entrevista muy presumiblemente falsa, solo para conseguir datos o dinero. Al menos, me dije, me había dado cuenta. Pero lo que me fastidiaba de verdad, ya digo, era el tiempo perdido. El tiempo, tan precioso, los días que no fueron vividos pero pasaban, vaya si pasaban. Y con la sombra de la IA creciendo y creciendo (ya lo conté también por aquí)
Viaje imposible hacia un no-lugar
Materia oscura hecha de vacíos
Butacas que ahí quedarán
O aquel billete siempre en los bolsillos
Me quedaba algo por decir. ¡Ah, sí! ¿Saben que Beatriz sacó libro?
Y… ¡menudo libro!