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La vaca de la bici (Verano’26 -2-)

La vaca de la bici (Verano’26 -2-)

No sé si lo saben -seguro que los que son más saludables de ustedes sí- pero las bicicletas actuales están hechas de sangre de unicornio y tinta de impresora.

Entre al Decathlon y me vibró el móvil. Era LaCaixa, con un mensaje directo al mentón: «dónde vas, piltrafa, no tienes dinero para estas cosas de modernos». Se me puso cara de Leo Harlem en su monólogo de cuando empieza a hacer deporte. Resulta que, en estos tiempos de Pogacar, las bicicletas cuestan más que sueldos enteros.  Por eso el esloveno sube el Tourmalet a una velocidad que no te da tiempo ni a entrar en fase REM. Das un giro a los pistones y llegas ya directamente a los Campos Eliseos. 

Resulta que baca, la de portar equipajes, es con B. Cuando cruzar Despeñaperros era una odisea, me entretenía con nubes, números de matrícula y juegos y ensoñaciones de diverso pelaje. Uno de mis favoritos era que pudiésemos llevar bicicletas a la playa. Sería un Almuñecar distinto, quería pensar.  

  • Pero para eso necesitaríamos tener una vaca.

Lo pongo con V, porque así lo pensaba yo antes de recibir más explicaciones: para llevar bicicletas necesitábamos una vaca. Tenía lógica, tampoco es que el Renault 12 fuese lo más rápido de las carreteras.

En lo doméstico, por Ávila, las bicicletas las llevábamos de aquella manera. No entraban en el maletero, así que las llevábamos un poco salidas, atadas con cuerdas al maletero. Alguna vez se nos abrió, en los baches y paveses camino del Parque de El Soto. ¿Y saben lo que había en El Soto? Vacas. Y toros.

Y, al final de el todo, «El Fresno». Recuerdo la primera vez que, sin avisar a mis padres, llegué solo hasta allí, atravesando el bosque encantado, procurando no mirar a las reses, que uno era intrépido y veloz pero no tenía espíritu sanferminero. 

Luego vino de lo ver al Chava intentar, siempre sin éxito, ganar la etapa de la Vuelta que llegaba a Ávila. Qué bueno era el Jalabert ese, por cierto.

Las bicicletas pasaron a ser también tierra de ventas. Esas carreteras por las que imaginaba un día subir como miembro del Reynolds, o del Kelme (nunca me gustó la ONCE en ciclismo), albergaban sitios estupendos con ricas tortillas.

Pasen, por favor, por «la chica del portátil». ¡Cómo lamento no tener guardado ese audio! Por si sonara la flauta…

Aquellos ídolos se convirtieron en personas a las que pude conocer. Nunca llegué a tener baca en el coche… y ahora es mi muchacho el que tiene una bicicleta que no me cabe a mi en el maletero. No es una BH ni una Orbea, tiene un porrón de pulgadas, control de frenado, horquilla de suspensión y el hematocrito de un oryx egipcio. 

Prepárate. Tadej:  Ávila ya prepara su revancha.

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