«Se creen jóvenes», montajeé en un sticker para Whatsapp tras amanecer una resaca fascinante, con niños que no entienden de treguas de domingo ni de días tranquilos en mañanas calurosas. El dinosaurio del inicio me saluda con la campechanía de quienes ya se ven coetáneos.
-Cuando pasé el tiempo, eso sí, recordaré que este verano 2025 lo vivimos.
Que ya es mucho, o de hecho lo es todo-
Como los cambios en la página me echaron el verano encima, inauguramos ahora a todo correr las entradas veraniegas -post Faritos y post cumpleaños- antes de que vuelvan las casetas a las calles y los conciertos a la plaza.
La férula
En estos meses de tanto calor, uno de los mejores momentos fue confesar la viejunidad a un lozano amigo por el que no pasan los años (ni media cana tiene, aunque se rebuscó para enseñarme una, a mí, que tengo más canas que leucocitos)
– «Oye, tío, si ves una cosa rara en el vaso, en el baño, es que me han puesto una férula para no morderme por la noche, que con el estrés me fui haciendo destrozos».
Al otro lado del saloon, mi viejo amigo me miró, sonrío y desenfundó: de su bolsa salía una cajita verde, igual que la mía, con otra férula, prima hermana de la mía.
No dormimos abrazados, como hiciéramos de jóvenes cuando las aventuras eran astrastrastópicas, pero nuestras transaminasas se saludaron y reconocieron. Somos viejos. Nos queremos por ello.
Recuerdo en casa de mis abuelos una dentadura entera, pasando la fresca. Pienso, ahora que el calendario me va poniendo números preocupantes, que no eran tan mayores como los recordaba. Tengo ya prácticamente la edad que tenía mi padre al nacer yo, y probablemente un número semejante de canas.
El tiempo pasa, pero los enanos te rejuvenecen todo. Visitando un zoo, venía escrita la esperanza de vida de un porrón de animales.
De repente, el terrible cartel. Perros: de 10 a 15 años.
M, que sabe que su hermano peludo está ya ahí en ese margen, me pregunta «¿cuantos años más nos durará Paco?»
Trago saliva, porque me temía la pregunta desde hace mucho tiempo.
«Está bien, está sano: 3-4 años mínimo, cariño»
¿Cuatro años?, responde M. exultante. ¡Eso es la edad de L.! ¡Eso es un montón!