Se llama Stuart. Es una especie de conejito que baila dando saltitos y se unió a la familia de mi pokedex estas navidades.
Como ya es uno de los favoritos, a pesar de llevar poco con nosotros, es preciso detallar que se trata de un Scorbunny que «desata su verdadera fuerza cuando su cuerpo entra en calor. Por eso hace ejercicios de calentamiento». La verdad es que el tipo no para, hop-hop-hop-hop.
Me tuvo a mal traer todo el invierno y media primavera. Todos los días me demandaba alimento, porque nadie pasaba por su gimnasio a desafiarlo. Le dejé donde fue atrapado, en el reguerillo de Caleruela: un pequeño pueblo toledano, coqueto, en el que pasamos fin de año (el plan fue tener allí a la familia, rollo tranquilo, visita con los niños a Puy Du Fou a ver el desfile de los Reyes Magos).
En Instagram subí una frase el 1 de Enero: «2026, qué horizontes traes». Enfocando hacia Ávila, Gredos, Candeleda, El Raso… véase la foto aquí arriba.
Será que provoqué al destino, cosa que siempre me ha gustado hacer: poco después me saldría una nueva oportunidad académica un poco más al norte, por los reinos del Adaja. Los horizontes que traía 2026 eran trabajar, mucho, pero de forma satisfactoria. Las vacaciones de este verano están más que merecidas.
Y ahí se quedó Stuart, recordándome día tras días que algo se había quedado ahí en El Reguerillo, en esa mirada al futuro inminente. Como representación de que los Reyes Magos habían leído la carta.
Pd: Stuart, ya en la familia habitual busca gimnasios pucelanos, ya es partner in crime con Paco, el Pokemón. Que sigue siendo el más molón