Va a hacer ahora 10 años de uno de esos mágicos instantes que se te quedan en la memoria.
No era consciente de que hacía justo una década, ha sido ahora al buscar la fecha del concierto de Ariel Rot en Porta Caeli cuando he visto que era 2016, recién casados nosotros, todavía no embarazados. El prota de la historia acababa de sacar «La Manada», disco del que hablaba -por entonces- en esta entrevista.
Había ruido en la sala después del parón: Ariel arrancaba el tramo final (lo que ahora se llama el «Encore» en los Spotifis) y tenía un plan. El plan de que la gente fuera silenciándose, volviendo al concierto, reajustándose el ambiente y el respeto… a base de arrullo de guitarra.
Y yo, que pensaba que eso no lo volvería a ver… he descubierto 10 años después que aquello había quedado grabado. Disfrútenlo… sabiendo que nada será como estar ahí, cerca de la gente que precisamente andaba hablando y parloteando… hasta que les venció el arrullo.
La magia de la melodía portuaría
Me vino a la mente Ariel otra vez -esa imagen me vuelve de cuando en cuando- el otro día, viajando hacia Ávila. Dejándome perder en los límites provinciales entre Ávila, Segovia y Valladolid, por una carreterilla paralela -o algo así- a las principales. El verano había concluído, con sus disfrutes, autopistas de peaje, costes asociados, noches mal dormidas, excesos y decibelios adecuados e inadecuados.
Era el momento del arrullo. De poner música en el coche y amansar a las fieras. A las internas, al menos… las de ocho y cinco años requieren de mayor multidisciplinariedad. Recogiendo la tamuja de la cabeza, de esos 43 cast-años que recogía en la entrada cumpleañera de Agosto.
Y ahora, como cantaba esa magnifica canción de Ariel con Los Zigarros… marcho a pelear los septiembres. Y si me encuentran en la soga de los estreses, espero que me disculpen.