Amores prohibidos y muerte. Pero no como una peli de tarde de domingo, porque no pasaría el filtro de edad. Una novela adulta, con voz fuerte y reconocible, libre, desacomplejada, sexual y sesuda.
Desacomplejada narración hablando de complejos y complejidades. Con sexo despojado de tabúes de todo tipo, también del de la edad. De la dificultad de las relaciones familiares, del trato con ese hermano o hermana que sale un poco acusica. O de esa madre o ese padre que claramente tienen un favorito… y no eres tú. Como dice la web de la editorial (arriba lo tienen con enlace para su compra) Berta no parece tener suerte en la vida, y tal vez necesite una cama en la que hacerse un Gregorio Samsa y mudar de piel… pero para saber por qué tendran que leerse el libro y disfrutar del viaje.
Beatriz -la autora- lo mola todo, como saben los viejos visitantes de esta página. Y por eso le pasan cosas tan fantásticas como poder juntarse con Ivo Delgado en un podcast: lo cual es, obviamente, una combinación fantástica.
Llevo un par de días «cebando» esta entrada hablando de «menudo libro«. Y lo es: no por largo, sino por contundente. Le han ido haciendo a Sanz Olandía varias entrevistas (como ésta o ésta) desde que ha salido su retoño literario y eso también ha sido bueno. Porque Beatriz no se muerde la lengua: es expansiva, fresca y a piel descubierta. Leerla es como tomarse unas cebolletas escuchando Sabina bajándose un botellin. ¡Menuda es Bea!
«Cuestión que imprimir» se titula la entrada porque Bea -al igual que lo sigue siendo A.- era mi gran lectura «oficial» pendiente. Me refiero a amigos que sabes del potencial de escritura que tienen… pero que no acaban de dar el paso de publicar. Por eso, tenía aquí un borrador de entrada desde hace mucho tiempo, con ideas como la de las cebolletas de Sabina, esperando a que algún día hubiese una novela que acariciar y que poder recomendaros. Impreso está, ahora es vuestra cuestión de lectura.
Fuimos a Gredos juntos y cantarse una de Zigarros juntos valió la pena para sacudirse años difíciles. Gredos, que siempre ha traído tanto bueno (aunque en la foto con Jack Broadbent no salgamos ninguno de los dos, con todo lo que lo degustamos). Mientras el resto dormíamos, Bea cogía el coche hasta Madrid para firmar en la Feria del Libro. Y uno se siente enormemente orgulloso de que una amiga llegue tan lejos y además con una obra que tanto ha costado ver nacer. La recepción ha sido fantástica, profeta ahumada en su tierra. Las peripecias de Berta están trayendo muchas satisfecciones.
La muy cabrona, además me dejó tocado con la dedicatoria que nos hizo en el libro. A mí y a #parientasinTwitter también [aunque ya no tiene Twitter casi nadie]. Apelar a la diversión, como hizo, deja un mandato: no queda más remedio que intentar volver a darlo todo y mudar de piel cuando haga falta, dejar a las cutículas pasear por Gredos, que los zigarros que caigan tengan Z, sentirse jóvenes y sin complejos. Como su novela.
Salimos de Gredos pensando en más conciertos, más películas y más libros. En ser un poco más canallas. ¿Alguna vez han espiado a un vecino? Si Carmen (dicen que) mola, Beatriz (os aseguro que) mucho más.
Regálenlo este verano:
Harán percweet hasta la epidermis.
