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Indiana Jones y la búsqueda de la santa trimestral.
El dinosaurio del inicio me saluda con la campechanía de quienes ya se ven coetáneos. A mí, que tengo más canas que leucocitos. Una ficción que se deshace, incapaz de sostenerse en la realidad. Futuro con glitter.
Cuando la brújula marcaba ninguna parte; aún viviendo en el arrollador enamoramiento veraniego. La hora justa, las nubes justas y el aire frío justo: existencialista con un húmero.
Coleccionar regates, amores y sinfonías. Banda sonora de todos los amores desde que aquello empezó a doler.
Oasis y tormentas; conciertos en los que pegarse. Vendrán nubarrones; bienvenidos sean los rayos. Unos gilipuertas siempre al borde del chupito.
Kilómetros entre lo ansiado y lo real. Vida en pleno gris: lluvia y maduración. Miro al universo y este, naturalmente, pasa de mí.
Le chivan espíritus acúfenos. Dibujas una clave de sol en mi jersey de rayas. Demonios… Cumulonimbus flammagenitus.
Un selfie de buenas intenciones. Un vinilo de esos que colocas con mimo. Vuelo dentro de ti, lagartija en diagonal. El hematocrito de un oryx egipcio. Revolcándonos como si fuésemos la banda de Peppa Pig.
Dejando al destino procurar, este procura un último delirio. Como quien pelea un rebote defensivo. Con la chistera lista y la mano no tan inocente. Que todo arda y que arda todo.
Derrotado como un mal contendiente de Champions. Vida alertagada, pero funcional. Los años pasan, la pregunta permanece. Gira en dirección contraria para que nosotros sigamos de vuelta. Al final, de nosotros siempre quedará la tamuja…
Sigue habiendo un ajedrez pendiente. Que si hubiera un delito, fuera el de volver.
De los Estopa ya no soy ni el cantante ni el guitarrista, soy el bafle. Que empiece a hacer cuentas con los demás cuando me suba a un ascensor.
Living la vida Sturka. Ese pequeño granuja reclama su barrigotita. La felicidad era esto.
Nosotros, todos, sí que estamos para un premio.
Todo perdonado.
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