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Tengo el barco por ahí zozobrando (no me encanta)

Los días que no fueron vividos. Pero pasaban (el karma aún debe muchas).

Con las luces de casa apagadas. El silencio habitando el espacio. Durante instantes en los que cualquier ruido te hace afilar el instinto.

Un ecosistema, obviamente, del que no salen poesías.

Dejar a las cutículas pasear. Sanamente, sin temor a las canas y transaminasas. 

Ese binomio de binarios lo han conseguido.  Ciencia ficción en la que podemos acabar ejerciendo de superpatanes.

Me pilla con sueño la ensoñación…

De gatillo fácil. Deliciosa felicidad en el cumplimiento del deber. Con voz fuerte y reconocible. En modo super saiyan.

Nos encaminamos una vez más a la escena de la llorera. Regar la flor. Buscar color... un bravo por la pera, que es la pera.

Los tarros empezaban a llenarse de luces y agitación. Como si fuese una peli de DreamWorks. Envejecemos como el Ford T, bigotudamente. Ha llegado el momento de volver a mirar la tostadora con recelo.

A lo mejor no, y simplemente fue tiempo muerto, perdido, kaputt. Ni más ni armenios.

Aprendemos y crecemos. Vulnerables y equivocados. Buscando nuestro propio epílogo 

Finales que no temen dejar cicatrices (procedo a esconderme detrás del cojín)

Se ajustó sus escuadras y cartabones. Sacó un cuaderno de bocetos y una pluma estilográfica con mucho estilo y mucha gráfica… molando entre otras cosas de molar

El final no suele ser la culminación de un trayecto bello, sino muchas veces un descuido, un desliz, un accidente funesto. Teclachanclas. El purgatorio de las teclas.

Percweet es not endorsement. Siempre surge la magia. 

Larga vida a la inabarcabilidad.

42+1: «Al menos tienes estilo propio… aunque sea del siglo XVII.»

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