He vuelto a fallar.
La culpa es de Posteguillo. Bueno, un poco de M&L también, que no entregan la cuchara del sueño hasta el instante antes de que me llegue morfeo a mí. Desde esa perspectiva, haber leído casi un libro al mes -pero libro, libro, que leer artículos y gepetés no cuenta- suena hasta memorable.
Empecé Diciembre como acabé Enero, con Julio César. Y ya sabía que, teniendo en cuenta las conmemoraciones y cierres que trae este mes, bajarme sus 1000 páginas iba a ser tarea ardua. «Los tres mundos» requieren muchos de mis mundos en silencio. Lo lograré… en 2026. Pero es verdad que esta historia es mi favorita del año (que empecó, precisamente, en la Maldita Roma). Además, que entre sus páginas haya un guiño a Ideafix… ya eleva aún más el nivel.
De las cosas deportivas que campean por España, pasé por La Biblia blanca de los Del Riego, que aún tenía pendiente de completar (aunque lo he regalado bastante, el libro) tras vivir frecuentemente por la mesilla de noche a la que siempre llegó derrotado como un mal contendiente de Champions. A toda velocidad, disfruté, y mucho, de la fariteada Natacha Alfageme, con sus historias de Moto GP más allá del asfalto Descubrir al verdadero Pedrosa, y sus derivadas, me gustó especialmente. Nat es muy grande y eso también se entiende en su libro. Menuda zamorana.
En general, es un año del que he salido muy contento en cuanto a lecturas. Todo «Lo de Dicker» suele ser garantía de buen veraneo. «La catastrófica visita al zoo» lo ha sido especialmente: breve, diferente, con una protagonista genial.
En cuanto a trilogías, secuelas y otras perversiones, Consummatum est (de Gellida) es un gran cierre a la historia de Sancho (hay que joderse) y Augusto. Aunque para rejoderse lo de la segunda y tercera temporada de la serie… que no hacen, en absoluto, justicia a la trilogía escrita.
Pasar el Otoño rondando a Angélica y con una inesperada nueva aventura de Alatriste (Misión en París)… también lo gocé y devoré. Especialmente la visita a esos espadachines gabachos relamidos. También me gustó volver de nuevo a la Terra Alta con «Independencia» (de Cercas) pero de todas las mencionadas es la que menos me envolvió.
De lo esotérico y exotérico, destacar «El plan maestro» de Javier Sierra. Aunque no para bien. No tanta decepción como cuando descifró el mensaje de Pandora, pero no llega al notable (y suelo ser generoso con mis notas). Me perdonen los maestros del Prado y los elohim de Biglino.
En cuanto a mis fantásticas obras, amigables amigosos amistosos han hecho algunas compras este año que no me sacan de pobre, pero una caña sí que ha caído. Se avisa a Melchor, Gaspar y Baltasar de que si pasan por Amazon, «El sentido de un guisante» llega para Reyes.
Respecto a «La huella del hombre pisada», el encuentro que hicimos para la reedición de este último sigue sin ser un superventas en Youtube, así que lo enlazo para que lo veáis entre podcast y podcast… ahora que tanto se habla tanto de la generación que no quiso ser la perdida (algunos lo llaman choque generacional)
Me he propuesto para 2026 terminar de editar un libro, leer 12 a pesar de Posteguillo y volver a hacer balance en la próxima Navidad, esperando que a la misma lleguemos con salud.
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