Tiempo de cabrullos

“Quita la tele, son todos unos cabr…ullos”

Me hizo tanta gracia el comentario que casi me meto un garbanzo en el tímpano. Era certera la definición ahora que volverán los rostros a las vallas, farolas y telediarios. Un buen porcentaje lo son, sobre todo los de la élite: una mezcla de cabrones y capullos. Una colección de cabrullos.

Once upon a time… y digo hace un tiempo para no pillarme los dedos, pasó algo extraordinario. Una de esas cosas que te hacen pensar ¿cómo nos va a ir bien con esta tropa? Realmente es una tontería pero me dejó picueto. Era un día de sol y buen tiempo en una ciudad indeterminada cuando me tocó ayudar a un responsable ministerial a pasar unos archivos. Su aparato grabador era de cuando Noe recogía garzas, punto primero que me asustó. Sería la austeridad. Luego sacó una blackberry. Y por último me pidió el ordenador para conectarse a su correo. Y era hotmail.

Con este I+D el país no avanza, me dije. Pero claro, luego resulta que les van a regalar Ipad a los diputados y el pueblo se mosquea con razón.

Y un día de periodismo de calle, estando yo micrófono en mano, una señora se me acerca indignada…

“Y querrán encima que les paguemos sus jubilaciones, sus tabletitas y sus dispendios”

Son unos cabrullos, señora.

“¿Lo qué?”

Nada, que bienvenidos a la campaña electoral.

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Una de enlaces…

Servidor también se ha metido este curso en un par de proyectos con una buena colección de cabrullos. De cabrullos de los buenos, de los confiables, de los de echar caña o café y arreglar la historia.

Como en internet no tenemos abuela voy a enlazar lo que creo lo mejorcito de lo último que hemos hecho por “Los 4 Palos” y “Castilla y León en Red”.

La viñeta que nos ha dejado #illonotienetwitter de despedida temporal es antológica. Ávila no necesita zombis teniendo los musicotes de la nuit. Perrea perrea.

Sin embargo, hay ideas que te reconcilian con nuestra ciudad y habitantes. Un año haciendo click, un año de fotografías. Echad un vistazo a esta historia.

Por la radio hemos tenido buenos momentos: juegos, chistes, grandes ratos. Y entrevistas de las que apetece hacer y espero que escuchar. Fue un placer ver qué tal le va a Carlos Sastre o charlar de música, internet y vida con Rebeca Jiménez .

Pero hay más. Disfruté con la historia de Tim Cook o grabando con cualquier charla con NT Abogados. La próxima, ya os adelanto, irá sobre la Ley Electoral. Aquí un avance por escrito.

Y ahora otras historietas…

De momento el de arriba es el monólogo que más me ha gustado de este año. Estoy pensando en ello para los próximos Faritos 2011. Se acerca diciembre y con ello empezaremos la última tanda de recopilación de nominados. Si quieren echar un vistazo

… y también únanse en Facebook al grupo “Satán es mi señor“. Recomendado.

En temas cinéfilos, últimamente estoy dándole bastante caña. Si alguien no vio Tintin que se pasen por esta crítica . Otra que he visto ha sido “El árbol de la vida”. Había leído a Zangolcine pero no me terminó de calar. Demasiada floritura.

Y luego está Contagio que es correcta. Si hubiera un virus así, posiblemente pasaría algo así. Pero por lo demás no me ha entusiasmado. Salen Marion Cotillard y Kate Winslet. Doblemente correcto.

Como lecturas de la semana un par de creaciones de amigos de esta página. Mi Da Vinci particular, el señor Aguiló, deja “Plomo en el aire“. Y hoy que llueve…una oración al vacío en Retales de Tormenta.

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Y nada más…que estoy a la búsqueda de tiempo, dinero y tal vez compañía para ir a ver este fin de semana en Valladolid la película “Eva” . La recomendó Rafita Pons en twitter y eso es buena señal.

Y nada más. Guau guau.

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Cuando empieza este viaje…

Miau?

Conocerte, escudriñarte, espiarte. Intuirte.

El juego al que no debíamos jugar. Destapamos el tablero del cambio de rutinas y los caminos inciertos. Internamos avenidas de tu corazón, casillas que resultaron ser autopistas. Tenían peaje.

Vivimos en Jumanji estampidas y ciclones. Especial pasó a ser una palabra seria. Las bromas macabras provocaron impulsos suicidas. A mi nunca me haría eso, me repetía. Símbolos de la paz en los escaques de la guerra.

Conversaciones a medias. Funambulistas de la mentirijilla piadosa, equilibristas del equilibrio imposible. Mil razones para seguir peleando en los días raros. Diferente, distante. Callada, radiante.

Verano de carnaval. Gato sobre el tejado, perrito fiel. Palo, palo, palo.

¿Puede ser? Lo intenta. Eso de los adivinanzas siempre fue una castaña.

Y los planes de futuro empezaron a colisionar con los planes de presente. La hora del perro. Goin’on.

Guau.

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1999

Donde solíamos gritar.

Aquel 2001 todo estaba a punto de cambiar en el mundo y también en nuestras vidas. Ese grupúsculo pendenciero de la residencia se iba a convertir con el paso de las tardes y de las noches en uno más de mis asuntos de familia. Las mañanas entonces, no nos engañemos, las dedicábamos a dormir o a sembrar incordio por los pasillos segovianos. En esa carrera estudiar siempre fue lo troncal, lo pertinente era todo lo demás.

Verano de 2011, vida eligiendo nuevos caminos raros. Los labios aún quemaban historias de salitre, chupitos y hermanas del mal. En la esquina más perdida de los mapas sólo un disco marcaba la ruta. Canciones que hasta entonces nunca habíamos cantado juntos pero que adquirieron todo su significado mirando al mar camino de Roche…

Que bajen tus labios y me callen si no empezaremos a silbar…

Silbábamos porque no procedía hablar. Aquella noche, ya lo intuíamos, lo había cambiado todo. La línea fue traspasada con la inconsciencia que marcaba la necesidad. Gol en la Supercopa.

“¿Te pregunto por Dani Alves o nos besamos ya?”

“A todas fuck you por igual,
a todas gracias por igual”.

conil

Jugueteamos con los mensajes inadecuados. Rocroi no se conquistó en una hora.

Y veo partes de mi vida, como piezas de un gran tetris, que nunca encajan muy bien y sólo se entiende al revés…

La realidad que ya ninguno quería esperaba en la meseta. Pusimos la sombrilla y guardamos silencio. Horas sin palabras ni miradas que se dijesen nada. Cada uno comió a su ritmo sin pedir explicaciones. También es amistad saber entender los incendios, los fuegos que arden internos, las llamaradas que queman como nieve que no se derrite. Apagamos el calor en la arena al ritmo lento que permitía la sombrilla. Nadie hablaba y pasaron los minutos. Putas ganas de seguir el show ¿Hora de romper las ventanas?

Las olas traían resaca. Hendrix esperaba en la furgo verde buscando destino. Paramos en la gasolinera de Cádiz destino Mérida, condujimos de noche batallando contra el sueño, cruzándose con el habemus papam. Subieron los decibelios al cruzar las calles de Madrid. La vida nos iba a cerrar el Starbucks pero buscamos el Bar Las Vegas, en alguna parte, en alguna parte. ¡Terrible ciclón!

Trampeamos septiembre y le hicimos una soberana peineta al pérfido Octubre. Con destino Noviembre marcamos en el mapa una X en Valladolid. Porque habrá que batirse, imagino.

Aquí estamos. Aquí seguimos. Miau, miau, miau…

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Chisum sin John Wayne

Si una persona se mide por los amigos que deja… has ganado: dejas amigos, muchos amigos.

Fue lo primero que se me ocurrió escribirte cuando todo seguía pareciendo irreal. Tenías que haber aparecido en el bar, ahí donde estábamos jota y yo esperándote. El asfalto te retuvo a mitad de camino, un cruce maldito que ahora es rotonda. Hijos de la gran.

Hay personas que lo cambian todo, torrentes de carisma que con su personalidad ejercen de flautista de hamelin de todo su entorno. Nunca vi un descarado igual, ese cabroncete de greñas descuidadas y rápidas costumbres. Enamorador de cenicientas, perfecto cretino al que cualquiera podría odiar pero todas amaban.

Nos conocimos en la última fila del instituto. Él por ser un pintas, yo por inadaptado. Él ya vivía deprisa, yo acababa de empezar a afeitarme cuatro pelos. Me adoptó como escudero y yo aprendí a mirar de lo que él ya sabía. Fueron meses de notitas, de llamadas, de amoríos incipientes. Todos suyos al final. Competíamos por miradas y guiños de nuestras compañeras, establecimos un lenguaje propio. Fue la edad del pavo más pavorosamente extraordinaria. Dos idiotas encantados de haberse encontrado.

Y Jota. El eterno inmutable. Las espaldas que ya por entonces todo lo cubrían. Eramos jovenes que se querían comer el mundo. A puñados.

Given to fly…

A estrofas de Pearl Jam sobrevivimos al curso. Silvia Jato nos daba el mediodía cada mañana. La reina de la clase sabía cómo volvernos locos con sus sonrisas a cuello cambiado. Consciente del juego de seducción al que nos retábamos, concedía de cuando en cuando con una mirada el premio al ganador del día.

Fui a la orilla del río y vi que estabas muy sola…

La otra estrella del lugar era Chisum. Una rubia delicada de buen ver, tímida, de apariencia frágil y estornudo extranjero. Porque ella no hacía atchis, hacía chisum. Podíamos llegarnos a apostar cuantos escucharíamos cada día. Cuántas veces nos derretiría. Sabíamos que nunca sería nuestra. El sherrif del lugar nos pondría cara de Gary Cooper. Pero siempre podríamos arrancar una sonrisa desde la barra. Coca cola con tinto. Mezclada, no agitada.

Sentamos las bases de cien peripecias, merodeamos pasillos, enloquecimos Toledo, probamos nuestros primeros micrófonos de radio. Tantas veces subimos a la minicadena a hacer chirriar esas guitarras.

Prometimos confesar nuestros pecados. Ir a ellas y enseñarles todo. Confesar que sí, que fue por vosotras. Todo era por vosotras: las notas, las risas, el lenguaje inventado, el ajú, el te juro que te lo juro todo. Por vosotras, para vosotras, hasta la derrota siempre y vuelta a empezar.

La vida, tú me lo enseñaste, era un buen riff. Y ese sólo me tocaría hacerlo sólo

Y aquí me ves volviéndote a escribir estas líneas. Diciéndote que no he vuelto a querer dejarme vencer por los octubres aunque sigan siendo otoñalmente persistentes. No he traicionado lo que fuimos, la vida sigue sonando a rocknroll. Pasarán otros diez años y seguiré acordándome de ti en cualquier tugurio, imaginando que pedimos una de Pearl Jam. Sonriendo a la guapa del bar (que te haría caso sólo a ti) y refrescando el gaznate en chorros de vida. Como tú enseñabas cada día. Nunca termino de pensar cómo sería todo esto contigo. Maldito seas.

Son ya diez años diciéndole a la puta vida que viviste deprisa pero no tanto como para que no te dejara seguir por aquí. Hasta para eso tenías que ser especial, tenías que irte antes cabronazo. Puñetera estrella del rock.

La vida es menos fresca sin ti querido cowboy…pero sigue prohibido rendirse

* A Luis Alberto Garcinuño

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Lo no hablado y lo que fue

Eeey…tú sales por la tele

Y tú sales por las noches

Cuando dijo al espadachín que iba a dejar la copa libre para en cinco minutos poder tener un discurso aceptable se acercó entonces ella y le habló a la oreja y dijo su nombre mientras bajaba a la nuca y sonreía como sólo las muy entrenadas pícaras saben hacerlo. Giró con maestría media cadera con el toque de las inolvidables y de una estocada le arrebató el teléfono y el orgullo sin olvidarse a la vez de lanzar un guiño en la distancia al compañero viñetero. El aturdido mosquetero – ya sin espada ni escudo – sólo pudo pensar que las cartas tenían joker y que éste (sin duda ésta) había sentenciado su existencia de la noche. Y se lo querían perder.

Uno peinaba menos canas y el otro peinaba más pelo pero en aquel entonces ya sabían que esas noches de 2 las carga el diablo, aka ente, ese condenado manejador de cuerdas amante de la retranca y el juego sucio.

¿Dónde te has dejado las flechas, Guillerma?

Una mano le dibujaba claves de sol en el pecho buscando música donde ya tronaban las chiribitas de la casta y el fiore. “Maniobra de calentamiento sobre jersey de rayas” rezaba la sinfonía. Música que guiaba con la mirada hacia una tripa que dejaba adivinarse en diagonal una juguetona lagartija que también sabía no apuntar al corazón. Los misoginocitos cayeron al nivel del atolón de Mururoa, la mente se le fue al Parque Guell.

Déjame encender el fuego, abrir el frasco de tu veneno

¿Cuándo te veo otra vez?…No sé si debía decirte esto

Cuando dejes de mentirme sobre en qué trabajas

Era tan ardiente que tenía lava en vez de sangre. Una profesional de vivir de las rentas, enigmática reina de la actitud. Bien podía darse fe de que a la luz del mini bar se volvía rabiosa.

Aquello funcionó mientras senti le ganó la batalla a mental. Las inoportunas llamadas rompieron la mística del encuentro ocasional. Cuando el teléfono clamaba respuestas la pregunta quedó suspendida en el aire.

Esto no es lo que no habíamos hablado.

Nunca se supo más qué fue, a qué se dedicó ni cómo desapareció. Deambuló mil otras veces bajo su ventana – sección de congelados y derretidos – imaginando que en cualquier momento el coche sin dirección asistida le asistiría de nuevo unos brazos, la batida a los números capicúa, el retorno al play to win aún posible en la Ávila marchita.

- quiero perder la conciencia, perderme en tu esencia es lo que deseo –

…recordará el ancianito pícaro cuando se atiborre a paella en una fiesta de Rasueros…

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