NADA

Solo os pido un silencio total. Que os metáis en una habitación, a ser posible de noche. Con las sábanas hasta las orejas. Sin nadie en casa. Mutismo absoluto.

Ahora pensad en un chico de siete u ocho años. Está asustado en la oscuridad, dispuesto a gritar y pegar un salto si oyera cualquier mínimo ruido. El miedo le paraliza y se pone a pensar.

Su mente sale de la cama, se eleva y busca el firmamento. Pasa estrellas a la velocidad de la luz, más y más rápido. Se sale del universo y se pregunta ¿será eso posible? ¿salir del universo?

Camino de Marte

Y vuelve a la cama y abre los ojos. Todo negro. El corazón le da un vuelco. ¿Qué ha sido esa idea?

Da dos vueltas inquieto y tira de la sábana. Vuelve al infinito e imagina un mundo sin estrellas. Sin Sol. Sin Tierra. Sin él. Sin nadie.

¿Y si nadie pensara? ¿Y si no hubiera inteligencia? ¿Y si no hubiera vida?

Vacío.

¿Y si no hubiera…nada?

Encendí la luz. Volví a recordar el pensamiento y lo he vuelto a hacer muchas veces desde entonces. Buscar el escalofrío de sentir el vacío, la nada. Ese día supe por primera vez lo insignificantes que somos. A la mañana siguiente llegué al colegio y no pensaba en otra cosa.

No sabía – y ahora sí lo sé – que ese día había ejercido por primera vez en mi vida de filósofo.

Bienvenidos a Trapseia.

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* trapisonda.

3. f. desus. Agitación del mar, formada por olas pequeñas que se cruzan en diversos sentidos y cuyo ruido se oye a bastante distancia

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