La carta decía así…


Es posible que me haya vuelto loco al escribirte, pero más loco estaría si no lo hiciera. No suena muy normal que te ponga un mensaje como éste cuando soy el tipo que para verte necesita un viaje de tren a ninguna parte. Es posible que por escrito vaya a expresarme mejor, pero también es verdad que hay cosas que hay que decir a la cara. El problema es que la vida no me deja acercarme lo suficiente como para hacerlo… así que me entrego a la tecla con la seguridad de ir de frente y sin rodeos.

Ya debes imaginar que no le pego almohadazos a todas las chicas que conozco. En eso sí que tal vez me haya vuelto un poco loco, pero era una manera de llamar tu atención, provocarte una sonrisa en el recuerdo aunque no pueda verla, hacerte pensar un momento en si merece la pena el chico ése que sueña con reducir las distancias.

Frenaré un poco, que a estas alturas ya debo haber pasado unas estaciones más allá de lo debido. Ya sé que escribir esto puede ser la vía más rápida para que decidas ponerme una alambrada y no recibir más mensajes, más preguntas, más demandas de sonrisas. Lee hasta el final y verás que no quiero llegar a eso. Es lo último que quiero, de hecho. Solo persigo la manera de encontrarte un requiebro.

No te asustes, no voy a escribirte un te quiero. La cuestión es que primero empezamos a hablar, a descubrirnos las aristas. Me gustó lo que conocí y quise descubrirte más. Lo que vi fue aún mejor y me siguió gustando. Ahí pasaste de curiosidad a enigma, y empecé a indagar más y más…

Ya conoces el resto: un viaje, serpientes, una playa y un enredo. Y aún así eres condenadamente escurridiza… lo que contribuye al enigma, pero también a la confusión.

Es decir, no quiero convertirme en el de los mensajes y el recuerdo de la almohada; porque antes o después pasaré a ser el pesado extravagante y repetitivo. De hecho, tal vez sin quererlo, empiece a serlo con esta carta, aunque confío en que seas lo suficientemente amable o educada para no mandarme a hacer gárgaras.

Sólo quiero hablar más, conocerte, saber más de ese enigma llamado Layla. Comprobar si puede ser verdad eso de que congeniamos. A pesar de lo que parezca esto, no trato de correr. Al revés, con estas líneas trato de aclarar que prefiero ir despacio.

El caso es que no te quise preguntar allí si estás soltera, comprometida, en una relación complicada, confundida. O al revés: tal vez estés fenomenal y esto esté siendo una carta que enseñar al hamster para que se ría. No me importa, voy sin chaleco antibalas.

Sé que me ha encantado verte, sé que me encanta hablar contigo aunque sea con una pantalla por delante. No sé si al revés te pasa algo similar, algo tan intenso, y tampoco quiero convertirme en un pagafantas o un perdedor que te dé vueltas sin gracia.

No sé si quieres, no sé si puedes, no sé cómo de cerca o cómo de lejos necesitas que esté. Yo quiero más cerca y que luego la vida decida las micras de distancia. Probar esa distancia. No quiero hacerte la vida más difícil y si esta carta sirve para eso maldigo cada línea. Sólo pretendía enviarte verdades y dejarme de líricas vacías.

Tenía que escribirte esto aunque me acojone profundamente ponerle el sello y enviar. Tampoco me preguntes cómo carajo voy a mirarte a la cara la próxima vez que te vea, sólo espero que te rías profundamente y se me descuajaringue la pose de “Caballero de la pluma justiciera”.

El del vagón del tren, me temo.

[sigue en V. Jungla]