Es difícil tener una cara que no le importa a nadie en una noche de verano junto al mar. Quemado por el sol y otro poco por la vida. Las musas cobran a precio de desamores y las camareras sirven certezas entre sus hielos. Es la guerra del salitre y el ronroneo. Una rubia pisa y pasa -te atraviesa- mientras Ferreiro canta a los años 80. Podría ser una historia cojonuda pero es la mía.

Verán, no es lo mismo contar una historia que escribir la historia. La historia la escriben los ganadores y ésta será una historia de perdedores. De perdedores porque es real, comenzada a tejer por una mente nublada de tequila e indiferencias de mujer. Si este libro termina existiendo y lo ven en la sección de autoayuda no duden en denunciar al librero.

Como hizo Neruda, yo también confieso que he vivido. He vivido, he observado y he sentido. He deseado y en ocasiones he sufrido. He leído, he escrito y he escuchado de lo alcanzable, lo inalcanzable y lo que no era mío pero me fue confiado.

En la búsqueda de la armonía siempre dimos la nota. Porque si amar es enloquecer, muchas veces amamos y con ello enloquecimos. Éste será el relato de un arqueólogo quijote, buscador de frecuencias insólitas que dieran el tono y mereciesen la pena. Novelista de chanzas imposibles, galán de almohada y ensoñación siempre dispuesto a enredarse en regates con la lógica.

Y de cómo esa batalla complicó el camino…

[sigue en 1. La realidad paralela]