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Catalejo y cierzo sideral

Taberna de vasos pequeños, ocas y juegos reunidos.Aquí otra vez, donde las trujas vuelan sin escoba y Críspula, la posadera, nos sonríe al vernos entrar. El primer chupito, y el del final también, irá a cuenta de la casa. Los viejos truhánes seguimos teniendo un aquél.

No deberíamos vivir tan cerca de los vicios. Tengo un tipo enfrente que es clavadito al zascandil de Aguila Roja, aunque parezca volar más cerca sobre los páramos de los palomos cojos. Cruce de miradas, mesa del fondo. La morena disimula al llegar su comisario. Le abraza y vuelve a dejar caer los párpados. Rufiana.

La otra morena sigue mirando al suelo. Acepto el envite de un enamoramiento rápido. Observo todo lo que siempre paso por alto. Lápiz de ojos con toque azul. Bolso entre las piernas, depilado perfecto. Una perfecta tímida rodeada de liberadas.

Escote arriesgado, sin embargo. Cuernos de cabra trampolineros. No me juzgueis si confieso verle algo más de lo permitido. A estas alturas ya no soy un narrador, soy un estudioso de sus perfiles.

Si se gira la excusa acabará en torta o en hago chás y aparezco a tu lado junto a la torre de la Seo.

Morix, carga el arco y dime qué ves más allá de tu mirada de Elfo. Movimiento pícaro, llama a nuestra lesbiana.

Serina me entiende.

(Por otra parte, los mejores pechos de Zaragoza)