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De gatos negros, contratiempos y bifurcaciones

“Algo no va bien en lo de Jorge” me advertía en un mensaje la geniuda de Ana Vázquez. Su inquietud era también la mía por aquellos entonces, otoño tardío. No sabía bien qué había pasado pero por lo que twitteaba el barbas estaba claro que el camino se había torcido.

El negocio ha cambiado para todos y en el mundo de la música más que en ningún sitio. El problema de la vida es que cuesta dinero. Los euros no dan la felicidad pero facilitan según qué cuestiones. Un asunto puede parecer encaminado y de repente virar. Para sobrevivir hay que reinventarse y ubicarse, buscar un sitio y encontrar la posición. Y los giros, en estos tiempos que corren, tienden a ser empellones que te echan la rodilla a tierra.

¿Cómo levantarse tras un nuevo golpe? ¿Hacia dónde dirigirse y con quién como apoyo? Ésta vez, aunque tal vez haya sido la más dura, es la que personalmente menos me preocupé. Aunque Jorge peque mil veces de pesimista y de no morder en el sitio correcto, su camino sólo puede encontrar ya la dirección del escenario. Esa misma franqueza que le hace vulnerable ante las realidades del negocio le convierte en gigante en el envío de emociones. Pasa el tiempo y aprende y a todo ello hay que sumar un entorno firme que no le deja caer aunque se empeñe.

Un viaje a Asturias: guitarras, cajones, perderse en el pueblo. Vitaminas para la ubicación neuronal.

Nos citamos en casa del superhéroe David Pollo. Desde que entró 2012 teníamos pendiente juntarnos todos y contarnos buenas nuevas. Porque el grito siempre vuelve y por fin había buenas noticias. No lográbamos coincidir desde entonces pero tras salir la entrevista en el Diario de Ávila decidimos que ya tocaba. Una reunión de las nuestras… una entrevista sin las rigideces del formato prensa. Sin la potencia de salir en el Diario – claro está – pero sin limitaciones de espacio ni leyes escritas.

El asunto pintaba bien. Unas palabras de Billy Villegas me habían devuelto la sonrisa… y verle en el escenario de nuevo con Basilio lo había confirmado. Carrocería nueva, fieles acompañantes, dirección correcta: seguir peleando

Nos sentamos. Cervezas Ambar. Un libro de filosofía con Freud sobre la mesa. El grito de Homer en la pared. Un gato negro.. ¡y de nombre Agapito!

“¿Sabes Ru que mi primera canción fue de gatos negros? Te podría cantar el estribillo…no, no, no. Deja”
decía Jorge instantes antes de pisarle la cola al bueno de Agapito. No es bueno jugársela con gatos negros. Al rato el felino se revolvió y decidió meter garra en el brazo del cantante. Empate a 1 en el corral.

Comienza la charla y Teresa corrige si sale alguna palabra malsonante. Teresa lo puntualiza todo: es el yang, la cara b, la alternativa necesaria, el omega que trae el equilibrio. Con sangre de artistas, la señorita Bangsgaard es optimismo en la frente. Si Jorge protesta ella pinta una flor. Le corrige, le encamina, dulce pero firme. La mezcla vasco/danesa me enseña unos dibujos que formarán parte del diseño artístico del futuro album. Son geniales. “A “Piru” también le he metido en el proyecto, ya lo verás”.

Confirma Jorge que entra a grabar ya mismo y que espera poder tener el disco en Abril con 12 o 13 canciones. “Desde que uso el iPad no puedo parar quieto. Ahora grabo 17 canciones en vez de una. Experimento con algo más que una guitarra, no dejo de tocar cosas”

Pollo pone una grabación casera. “¿Verdad que suena a Tim Christensen?” dice Teresa. Y algo sí, bastante sí. El mono, es decir el barbas, ciertamente no ha parado quieto. “Hay que sacar las canciones ya, los “grandes éxitos”, tenemos que salir ya con ello.” Lo que no puedo asegurar es a qué sonarán ahora pero prometer promete

“Busca recursos, plantea historias” dice Marazu de Jorge García que se encargará de la batería. El resto de acompañantes son camaradas conocidos, el profe Sefo Barragán, el antes mencionado Billy Villegas… y Basilio Martí. No se entiende a Jorge sin Basi y así sigue siendo. La serenidad de ese teclado a su vera invita a pensar que este año (por fin, ya sí, de una jorobada vez) vamos a disfrutar de un gran disco.

Salimos hacia los Sotanillos. La discusión se centra en torno a las vías de promoción, la web, el spotify. Hablamos del buen estado de la creación musical abulense (los imprescindibles Triolocría, Los Pedales). Pedimos una de hierbas a la salud de Freud y de los cuernos vikingos y charlamos un rato del amor. Del amor como admiración y de sentir orgullo de quien tienes al lado. Reconocemos que ya no somos lo que fuimos pero que nos gusta más quienes somos ahora.

Y confiesa Jorge entonces un último sueño: “Quiero ahorrar para un capricho. Una bici de trial. Algo para evadirme y perderme tranquilamente”. Un viaje al que también nos apuntamos

Películas sin ciencia ficción

Para ser abulense y orgulloso de serlo el martes se me olvidaron dos apuntes básicos de supervivencia: en Ávila en La Santa hace fresco y en la muralla conoces a todo el mundo, también a los de las barras. Y si Willy se va y te quedas solo y Marazu no termina de salir pues te acaban invitando. El cali está frío, el sol no calienta, la luna está llena y tú colgado y cubito. La solución no parecía ser abrazar al concejal.

Fran, sácame otro katxi que Urquijo le canta a dolores…

(…)

La memoria de Chila es memoria de artista: memoria y lagunas. El barbas siempre cuenta mal nuestra historia. Miedo fue posterior a un primer verano de encuentros. Yo acababa de terminar la carrera y era un don nadie al frente de Protagonistas Ávila. El comercial de la casa me ofreció traer al estudio a un chavalín que había ganado un concurso para sacar una maqueta. Me pasó el disco, lo escuché y entrevisté por primera vez a ese tal Jorge Hernández. Poco después me llegó un primer pánico: tenía que hacer un programa en directo en el Carrefour. El comercial volvió a tirar de mi y me recordó al señor Marazu. Le invitamos a que viniera a tocar algo. La noche anterior al programa me encontré al cantante a una hora imprudente para ambos tomando algo que no era agua en el Cetro de Ottokar…

“Pero tío…que en 7 horas me cantas en directo en el programa”

“Ya, bueno…y tú me entrevistas ¿no?

Protagonistas Ávila. Verano de 2005

La conexión entre ambos fue creciendo cada día. Yo tenía 22 años así que Marazu era todavía el Capitán Potito, un yogurín que eso sí…ya prometía mucho. Saltaba a la vista que ese jovenzuelo al que llamaban Chila era un mico que sabía sacarse letras muy interesantes. Y fue entonces cuando – un par de meses después – se me apareció por la emisora con una guitarra y un papel doblado. Eran tiempos familiarmente de mierda para ambos, tiempos de decir adiós a gente cercana. El papel doblado eran cuatro notas y unas letras escritas a borrones: la noche anterior Marazu no había dormido porque le estaba naciendo “Miedo”

Ese día me dejó con la boca abierta y supe que a ese pendejo le tendría que seguir la pista de cerca. Ahí empezó todo lo otro: el recuerdo crónico, los tropiezos y trapecios, el cubo de rubik, la madurez sin frenos. La suela del zapato.

Meses después de aquellos días estaba de viaje en Lanzarote con mi hermana. La grabación del programa de radio sonaba en el coche y cuando Jorge cantó aquello de “miedo a no verte más, miedo a la realidad, miedo a vivir bajo las luces de la oscuridad, miedo a que no contestes si te llamo, miedo a pensar que tú mañana sentirás miedo” … recuerdo como mi hermana se giró con una lagrimita y me dijo: “este amigo tuyo es muy puñetero, me encanta”.

(…)

Y ahí estabamos anoche junto a los hielos esperando a Jorge. Teresa me dio dos besos y el barbas hizo un guiño de que ahora vendría. Calculé otra media hora al fresco. Pero ahí estaba la gracia: 6 años después estábamos otra vez los dos en casa, en una de esas noches – como canta Ariel – de guitarras, tragos y amigos. Veladas que merece la pena salir del agujero. Rodri “Papa” y Nacho habían preparado una jornada especial con tres bandas y mucha música. Marazu decía en el micro que estaba cumpliendo uno de sus sueños: telonear en casa a sus ídolos.

Se podría hacer un post aparte de las vicisitudes de quedar con un músico despues de un concierto y del par de leyes que hay que infringir para lograrlo. Afortunadamente está David Pollo como sustento base y ministro del interior de la situación. Sin pollo éste ya no tendría cabeza.

Cuando por fin atrapé al barbas, Marazu empezó a contarme que sigue sintiendo que las letras no son su fuerte. Yo me reí, recordé mentalmente toda esta historia y pensé que él también forma parte de ese club de creadores que te arrastran al pensamiento rumiante, que les escuchas y te hacen dar mil vueltas a las cosas. Ya sabéis: canciones que tocan el corazón, bandas sonoras de nuestras vidas cotidianas. Amores, dolores, sabores y sinsabores, lo mágico y lo trágico. Pero esa historia y la que viene en el futuro – si os parece – os la cuento mañana jueves en Los 4 palos

* Aquí la actualización: “Marazu, el recuerdo de una canción”