Viajar allí es ir a glosar los ojos azules de Alberto. Es un viaje en tren con Still loving you y un amor en el vagón de al lado…y un posterior amanecer maldiciendo un Because of you.
Es la plaza en la que me preguntaste qué me pasaba y te dije que no tenerte era lo que me pasaba. La ciudad en la que vivían mis dos novias cuando lo fueron, la ciudad en la que vive la última que me correspondió el inicio de un sentimiento.
Es el sitio donde Elmo se sacó más fotos con guiris, el rincón de los chupitos de sabores inexplicables y nombres picantones. El del viento en la bandera de Castilla saludando al Real Ávila.
También la ciudad en la que un amigo se suicidó. Y a la vez la tierra en la que nació el compañero que me defendería hasta la muerte. El lugar donde creció su hermana, mi ahijada. La esquina de procedencia de los padres de ambos, mi familia no sanguinea.
Es el vaso de vino de bienvenida de Michel esperando en la entrada del piso, la ducha de Guimansán con la mampara rota, las fotografías del Llamas en la pared, los litros de La Imprenta, la escalera mitológica del Paniagua, la misma canción de siempre de Los Planetas en el Escaná.
Incluso mi jefe más idiota era de allí. Digo era porque creo que ahora se ha vuelto parisino, como buena gaviota.
A orillas del Tormes es donde vive mi confidente y mejor entendedor de mi persona. Allí nunca ligué y siempre hice ligar. Allí donde escuche a Ariel y Calamaro cantar (por fin) que tú me estás atrapando otra vez.
Pisar tierra charra es poner música en Radio Universidad, hincar la rodilla a tierra ante la universitaria más prometedora y emborrachar a Dag por primera y última vez.
Es Puskas de bebé lamiéndonos la mano. Los pinchos de Van Dyck. Escuchar Muse en el coche con Jose e Illo. Encajar el Toledo tocando delante y detrás para pedir tres hamburguesas. La ciudad donde por fin encontramos cómo superar los 100 cm del ratón.

Veo todo en blanco y elmo
Había pensado en recuperar algún texto escrito al calor de las sensaciones creadas por cualquiera de esas noches pero había muchas donde elegir.
Hace un año y medio que no te veo, Salamanca, y todavía me pregunto cómo es eso posible.



