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Tejiendo el tejido

En mi vida como lector hay un antes y un después de Javier Marías.  Hay historias que entran en tu vida para cambiarla y eso me paso a mi con Jaime Deza. Estaba cojo, solo, algo deprimido y tonto en general en un pueblo de montaña de la sierra granadina. Ya ven: en vez de disfrutar del paisaje estaba post-adolescente, llorica y bobo. El caso es que esa astenia fue perfecta para que “Todas las almas” y “Tu rostro mañana” me acompañaran mañana, tarde y noche durante días. Esa narración mágica me abrió los ojos. No fui el mismo desde entonces. Hay historias que aunque solo las vivan tus ojos (un libro, una película, una serie) te llenan como si fueras tú el protagonista del camino. Las buenas historias lo hacen.

“Para muchos escritores contar una historia es vencer el tiempo, salvando la sustancia de su paso. Para Javier Marías contar una historia es rendirse al tiempo, destruyendo la exactitud de su medida. La palabra y la vida están hechas de tiempo, pero no sólo la palabra no se parece a la vida, ni la reemplaza o la simula, sino que surge a raíz de su pérdida irreparable, de su definitivo ocaso” (crítica)

Disfruto de sus libros pero no tanto de sus columnas. Nada que objetar a ello, cada hijo es de su madre y cada palabra que aguante su vela. El asunto es que esta vez más que no gustarme directamente me decepcionó . “La Zona Fantasma” de Marías estuvo dedicada a criticar “The Wire” y entre los argumentos se encontraba uno muy pobre:

“Mienten. Hay una consigna de que esto es genial, y muchos no se atreven a desobedecerla, sino que la propagan, lo mismo que una traducción errónea o tergiversada”

Es cierto que lo de la presión social muchas veces existe. Yo pienso más o menos lo mismo sobre “Midnight en Paris” que me pareció un soberbio truñazo sobrevalorado pero ahí la tienen paseando un Oscar. Por supuesto Marías está en todo su derecho de decir que la obra de David Simon le parece tostonífera, convencional, plana, confusa y mal rodada. Pero creo que no se ha enterado de la vaina. Y también es verdad que hay intelectuales que les gusta posicionarse como diferentes para quedar como más alternativos, cool y entendidos. Supongo que no será el caso aunque en ese punto también algunos culturetas sufren la presión social… la de resultar siempre fascinantes e incomprendidos.  Nunca vulgares ni del montón.

Soy consciente de que mi párrafo anterior es injusto y más hacia alguien que admiro. Pero es para hacer notar que lo de las consignas es un viaje que se puede llevar a la banda que queramos.

Pero hoy no hablo de The Wire  que eso ya lo hice sino de Treme (que cáspita, también ya lo hice). Venía en el tren viendo el último capítulo y entendiendo lo que está volviendo a hacer David Simon. La pauta que vende es la de ir tejiendo  la historia de nuestras vidas.  El hombre tras la cámara va escogiendo personas de diferentes sectores. Conectados al final todos entre sí porque siendo el mundo como es todos estamos conectados en pocos grados. Y todos cruzándose. Así, mientras parece que nada excesivamente relevante va pasando en las vidas de los habitantes de Nueva Orleans… lo cierto es que tela va – tela viene  te ha arañado el tejido de la sociedad.

Tú que eres un maestro de la narración veo que esta vez no te has enterado, Marías. Pero da igual, aún menos lo intentes con Tremé.  La serie discurre todavía más libre que The Wire. Simon nos va contando su mierda y aunque pueda parecer a veces que ha perdido el camino de repente esa pieza y la otra hacen click y encajan.  El desprecio a la cultura. El negocio del cemento.

Es bello y horrible al mismo tiempo. Es descorazonador y esperanzador. Es una guerra perdida y mil batallas necesarias de ganar. Señores, esto está pasando en Nueva Orleans después del Katrina. Es una putada y es genial. Las ganas de vivir y de morir. Las de luchar o mandarlo todo a la mierda.

Y entonces me imagino a ese español con talento contándote la historia de la Ávila podrida, clientelar, entregada a la misma correa de transmisión oxidada generación tras generación. Un relato coral de las personas corrientes sobreviviendo al poder mediocre. Imagino esas imágenes crudas de cómo se mueven los hilos.

O imagino esa historia nunca contada de la Nueva Cataluña en construcción. La hoja de ruta perfectamente diseñada. Los ultras de aquí y allí al servicio del negocio. La historia de quienes financian el odio para sacar sus réditos finales. Ese palco del Camp Nou a voz en grito a ver quien grita más alto y más guapo.

“Simon no cuenta historias para el divertimento de los pueblos, sino para su reconstrucción moral” (Casciari)

¿Quién se atreve por aquí?

El continente de la desilusión

Verán, yo siempre he odiado a esos tipos o señoras a los que llueva, truene o barnice la vida siempre les va mal. ¿Qué tal te va? Pues mira…mal. Es que no sabes la que tengo. Uff, si estuvieras en mi lugar. Todo lo malo me pasa a mi. ¿Y tú? Claro, tu siempre estás bien.  Ojalá tenga algún día tu suerte porque hay que ver la que tengo.

De cómo nos robaron la ilusión.

Me he cansado. Sigo respondiendo “bien” pero  miento. Miento como un bellaco y además como un bellaco tonto. No estamos bien. No hablo de mi ni de usted ni del vecino. Hablo en general. No estamos bien y vamos a peor y lo triste es que nos hemos acostumbrado a mirar para otra parte, a asumirlo como inevitable, a tragar porque al fin y al cabo tenemos para un plato de lentejas. Hoy he vuelto a decir “bien” y me he sentido tonto conmigo mismo. Miro a mi alrededor y he perdido compañeros. Pienso en otros antiguos lugares y también han caído como moscas. Hoy mismo los compañeros de Avila Digital, a los que mando un abrazo. Y nadie dijo nada porque temió ser el siguiente. Yo lo temo. Yo he estado a punto de ser el siguiente y puedo serlo en cualquier momento. No estamos bien, no. Trabajamos más que antes por menos dinero que antes, la vida además es más cara y las desigualdades aún más patentes. Inyectamos e inyectamos dinero como si el problema fuera ese. El problema no es que hubiera poco dinero, es que lo tienen diez compañías y sus subalternos. El problema es que un tipo cobra en una empresa lo mismo que 1000 trabajadores juntos y primero echan a los trabajadores. El problema es que el Rey está desnudo y sólo le pagamos operaciones de estética. Que no, que lo que hay que hacer es cambiar de sastre. Desastre.

Por eso les decía que el otro día en el coche no encontraba la canción. Porque no estamos bien y me he cansado de repetir el manido “y que nos quedemos como estamos”. Nos han anestesiado. Necesito un Tarque para continuar

¿Dónde está la revolución?
se la llevó el viento hermano
…como una flor.

Y de repente al cruzar el Pisuerga me vino un pensamiento a la mente. Ya no estamos en el mundo de McNulty sino en la consecuencia del mismo. Si no han visto “The Wire”…lean el enlace anterior y vean la serie para entenderlo. Si lo han visto me entienden. El jorobado David Simon hizo un retrato perfecto de la sociedad de la burbuja, la que vivió permitiendo a los políticos ir preparando el desastre.

Pero es que Simon lo ha vuelto a hacer. Lo está haciendo otra vez y no tantos están viendo “Treme”. Es la serie del pensamiento rumiante.  La pelea ahora está entre ser Creighton Bernette o Davis McAlary.  Ambos saben que nada volverá a ser como antes. El segundo sin embargo intenta olvidarlo. Retiene a los que se marchan, sigue bailando, sigue intentando que no se pierda el espíritu. El primero… (un más que espléndido John Goodman) acaba perdiendo la fe. Ve que nada es lo que fue y que no lo volverá a ser. No es auténtico. Es mentira. Fake. Falso. Y nadie trabaja para cambiarlo. Se han acomodado. El final de la primera temporada es por ello un auténtico golpe al riñon. Hay que ver Treme aunque sea lenta. Es otro golpe a las costillas. Directo al mentón.

Y es que dan verdaderas ganas de que fuera verdad la promicina de los 4400, el cortexiphan de Fringe y en general el petardazo de los mayas.  Que la ciencia ficción no lo fuera, que nos sacudieran de verdad de una vez. Boom.

Se nos está poniendo colmillo alatristesco bajo este sol hereje. Dale otra vez Tarque que me quiero emborrachar

Y es que es verdad que el tiempo no te espera, hoy soy aquí solo un extranjero más, un inmigrante del desaliento.

Pues eso.

El pensamiento rumiante

Pensamiento rumiante, pensamiento rumiante, pensamiento rumiante. Y así me quedé en el sofá, rumiando pensamientos. Esta Aloña es peor que David Simon, certera como una patada en el rumen.

La seriéfila hablaba de Treme y yo andaba pensando en la vida y en ese Cervantes de nuestra era llamado David Simon. “Ya se te ha ido, Rubén, tío”. Pues oiga, no. Ese mamoncete yankee se ha especializado en mostrarnos lo que generalmente no queremos mirar sea como sociedad o no digamos a través de los medios de comunicación. Su última provocación a nuestra amnesia se llama Nueva Orleans después del Katrina.

Somos una sociedad acostumbrada a los precocinados, también para la mente. Y Simon nos ofrece una catarata de personajes construidos con cincel, unos diálogos perfectamente equilibrados y un escenario tan real como sugerente, incómodo, pasional…brillante en definitiva. Prosa, poesía, música, imagen.

Pero decía que servidor rumiaba y rumiaba. Podría haber sido por cualquier personaje pero me había dejado muy pensativo el personaje de Creighton Bernette (un excelente-es-poco John Goodman). No daré espoilers pero digamos que el desarrollo de su historia es simplemente brutal. Esta vez no habrá licencias literarias: es una patada a los huevos. Simple, llana y contundentemente

* Traducción al speech en el blog de Sergio del Molino

Ya sabéis “Fuck you, you fucking fuckers”. Ahora podéis seguir leyendo lo que vendrá después pero os invitaría a volver a leerlo después de que os terminéis toda la primera temporada de Tremé. Lo que va desde ese Fuck You a un Ferry. Y por qué me quedé rumiando y dando vueltas y sin ganas de levantarme del sofá. Como un día escribí sobre “The Wire” y perdonad la autocita “es duro volver a la realidad cuando te la acaban de presentar sin trampas”.

Pero finalmente salimos de casa a encontrarnos con los diferentes lumbreras que nos ofrece la jornada vital. Y de la forma más tonta me vino el cabreo. Ahora lo leeréis y pensaréis que es una chorrada pero fue como una gota que colmó el vaso. Además el goteo vino de una persona a la que no tengo por tonta precisamente…pero aquello como que me indignó

“Pues vaya mierda Músicos en la Naturaleza ¿no, Rubén?”

Mierda por qué (Yo mosqueado)

“Después de traer a toda esa gente…Sting, Knopfler… Sabina y Calamaro vaya mierda”

Imagino que dices una mierda porque cantan en castellano. Que si hubieran legado todas sus creaciones en inglés sí que no serían una mierda. Una lástima que no hubieran podido porque el castellano es un idioma mucho más rico y en inglés no podrían. Pero nada, como cantan en castellano son una mierda. Solamente serán dos de los diez más grandes de la historia del rock en español, tal vez los dos más grandes, pero eso no importa. Coño, que a mi Sting me gusta, pero me ofende, me ofende infinito que se diga que ese concierto, ese encuentro entre dos genios, sea calificado como una mierda.

“Bueno, bueno, vale” (con mirada de “este tío está fatal”)

No me sentía tan enojado musicalmente desde que un becario en Los Sotanillos me dijo que nos fuéramos porque la música era una mierda (y lo que sonaba era Bohemian Rhapsody).

Sigamos. Nos pusimos a trabajar y recibí la llamada de un abulense cansado de batallar siempre las mismas luchas contra el clientelismo, la mediocridad y las envidias de nuestra tierra. Acabamos hablando de Santa Teresa sacudiéndose las zapatillas al salir de Ávila. Otra muesca más para nuestra relación de amor-odio con el terruño.

Pero una cosa me había quedado clara. Si los Rolling Stones hubieran surgido en Ávila y conociendo el percal serían “Los piedrecitas urbanizadas”. Así está el plan general.

Luego llegó la noche…ya sabéis. Unos idiotas exhibiendo banderas frente a otros. Una vez más mezclando deportes con identidades, creando problemas artificiales para que las personas no se preocupen de lo importante. Deprimente.

Pero ya sabéis el eslogan de este rincón: “Más Strokes y menos Prozac“. Me cogí el coche y me vine para Ávila escuchando a esos genios. Qué sería de nosotros sin esos genios, nuestros Becquer del XX y XXI, que a sus letras descarnadas unen melodías que casi duelen.

Pensé en llegar y que no lloviera pero llovía y mucho. Postergamos el encuentro para el viernes pero afirmo desde ya la sana intención de emborrachar a alguno de esos seres especiales. Porque a pesar de las envidias en Ávila tenemos varios. Desde lo microscópico (con frío electoral) al que se define (y no lo es) como un paquete: ¿Pensamos en ojazos andaluces?

Con los tercios cansados, el cuerpo me pedía poner lo de la suela del zapato…pero esta vez la frase tiene que ser de Oasis. Y va dedicada

Hoy many special people change? how many lives are living strange? Where were you while we were getting high?

Fuck you, you fucking fuckers

Lo único bueno después de todas las historias es que he acabado la semana elevando la cifra de borradores a 18 y dispuesto a tal vez algún día hacer caso a @Manzaniano y aventurarme a llevar las letras fuera del blog.

Lo que ya tenemos en marcha es un textillo para Alo sobre Charlie Runkle… una promesa de narración sobrenatural junto al zombie Decapi y el mataperdices de Pablo… (no todo en Ávila puede ser Lazy Town)…y si el tiempo lo permite me meteré en ese fregado llamado “Rosebud” que me votasteis hace un par de entradas.

Tal vez me podáis ahorrar el viaje (fucking fuckers) si os ponéis el primer capitulo de The Wire, llegáis hasta la quinta temporada y os dejáis atrapar por el pensamiento rumiante que seguro os irá creciendo.

Y Creighton Bernette