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Buscadme a Joey Lucas

Sábado entre cifras, estadísticas, tácticas y principalmente cuestiones domésticas. Me quedo con dos números de todo este periplo sabatino: El primero, el fatídico 1004, al que he tenido que reclamar el dichoso pack antivirus que te colocan by the face. Peripecia esa, todo sea dicho. El segundo, el número de días de este mes: 28. La pregunta era… ¿Y por qué narices Febrero tiene 28 días?

Y ya que estamos, una de números y cine…

Sigamos.Que aquí no dimite ni Dios es algo que ya se sabe, al menos no somos italianos. Ya que tendremos que aguantar un tiempo más con algunas caras, al menos seguiremos usando los consejos de ministros para alimentar de nuevo los Premios Trapseia. Nominada en la categoría de frase del año la impredecible Maleni:

“Si la borrasca cambió de una forma impredecible no lo pueden predecir, pero si no lo predicen quienes lo tienen que predecir, como piensan ustedes que lo vamos a predecir aquellos que estamos esperando la predicción”

Hablemos de fútbol. Y qué mejor que hacerlo viajando al hemisferio sur. Es lo que pensó mi maradoniano compañero Manzanares…que hace unos días se reunió con la Peña Zaragocista Argentina

En la página web de la peña encontraréis este video y también otro buenísimo de Les Luthiers. Por otra parte, no me resisto a enlazaros otro rinconcito de Internet que me ha descubierto mi compañero: Fundeu, para resolver dudas lingüísticas.

Y un par de cosas
más antes de terminar… una buena causa: Pídeselo a Al Gore. Y una noticia trampa que me hizo reir: el explosivo casero made in Jericho.

Acabo con una pregunta… ¿Quién fue vuestro primer enamoramiento imposible? El mío fue Vanessa Paradis y la causa…este video. (Mi hermana me insistía siempre en que esa llevaba rellenos)

¿Tú también Kravitz?…En fin, Sunday, mondays…casi que prefiero los saturdays, ¿no?

Purple light in the canyon

Juguemos a un juego. Y sólo vale poner uno, que sé de alguna que se sacaría actualizaciones de tuenti hasta colapsarme mi americano servidor azulito.

Os propongo elegir un momento de una película que os guste, unas escenas a las que regreseis cada poco tiempo para saborear las frases, la atmósfera o para recordar lo que en su momento os significó.

Yo ataco con Río Bravo. 1958, Howard Hawks en la dirección y John Wayne en escena. En la peli también aparece Ricky Nelson, estrella músical juvenil del momento. Tres nombres para una gran película.

Sin embargo, para mi lo mejor está en los otros dos protagonistas de la escena que ahora os subiré. Un tremendo Walter Brennan, eterno secundario pero ganador de 3 Oscars. Tullido y viejo pero experimentado y oportuno, sobre todo al final.

Y mi preferido, Dean Martin. Borracho y derrotado, incapaz de sostenerse en la barra y finalmente recuperado para la causa de ayudar al sherrif en apuros.

El momento al que vuelvo una y otra vez (yo diría que cada vez con más frecuencia) es ese en el que para aliviar la espera del enfrentamiento final…Brennan coge la armónica, Nelson la guitarra (que para eso estaba) y el plano se va a un chulesco Dean Martin que empieza a canturrear

“The sun is sinking in the west
the cattle go down to the stream

El final de la película es glorioso, dicho sea.

En fin, que he puesto una canción pero se acepta cualquier tipo de propuesta o sucesión de escenas. También posts enteros al estilo del que ha colgado Casandra sobre “Dentro del laberinto”.

Bueno, ¿quién se anima? (Oh, Cindy Cindy… yo hago trampas que soy el pistolero dueño del rinconcito, jaja)

¿Te gusta “Once”?

Pintemos el cuadro de la historia. Música electrónica basura
made in avila, y un tipo escabulléndose de codazos, mirando el
infinito mientras acompaña a un hombre de careta de apariencia dura
pero sensible y fino como un rasguño de hoja de papel que sangra,
cloc, cloc, y duele, sin que muchos parezcan notarlo.

Mustio, el caballero – cloc, cloc- se debate entre un amor creciente
y temporalmente insondable, y uno que agoniza con compases de falta de
carburación. Mientras un futuro está tras la esquina, como suele ser
norma las piernas ya no le avanzan, su chispa no se enciende, los
brazos se cruzan, la voz se apaga. Cuando un amigo tiene que estar
ahí, vigilante por si cae y necesita un apoyo, una conversación de
portal y una última cerveza.

“Once” es una historia lenta, y en la que deberéis afinar el oído
para en las canciones ir descifrando el camino de la película. Un
compositor canta a su pena en la calle, hasta que le echan 20
centimos. De ahí, saldrá una historia y me atrevo a decir que también
saldrá un nuevo disco para vuestra colección.

- Reseña


“Take this sinking boat and point it home
We’ve still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You’ve made it now”

* Para J y para L.

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