¿Qué tal van tus sueños? ¿Cómo de difícil está siendo el camino?
Llega Septiembre y la maquinaria se engrasa, los niños vuelven al cole. Todo parece similar pero hay cosas que han cambiado. Lo pensaba al cruzarme con un grupito de quinceañeros – Justins y Selenas – que iban con la mirada baja, el defecto que yo también tengo ya: mirando el teléfono como si no hubiera nadie alrededor.
Decía que algo ha cambiado. Se ha perdido algo de mística con esto de internet. Nosotros nos íbamos en Junio, reuníamos a la clase, compartíamos la dirección del verano (la casa del pueblo quien la tuviera) y prometíamos escribirnos una carta para ver qué tal iba todo. “Y no te olvides de la postal desde la playa”
Y luego estaba ella, el amor de turno. Ibas a un concierto y revisabas cada grupito para ver si estaba por allí. Llamar sería un atrevimiento. Buscabas a sus amigas en el parque, mirabas la cola del cine. ¿Estará por Ávila? ¿Se habrá cortado el pelo?¿Tendrá algún amigo nuevo? ¿Me dirá “hola” si la veo? Antes de dormir revisabas las fotos de Junio. Lucía guapísima. Eso – y tal vez una carta en el buzón – sería lo que te sujetaría un verano más.

Mi primer amor de verdad, la punzada pop zoom, fue un amor de cartas. Ya había internet pero todavía no habíamos sucumbido tanto como ahora a sus tentáculos y redes. La misiva podía contener una foto, un dibujo, algún olor. Revisabas la caligrafía, los tachones, qué habría querido decir ahí y allá. Respondías y pasabas las siguientes semanas comprobando el buzón. Mirando al cartero de reojo (es culpa suya, es culpa suya que no me tira la carta. De ella no, ella ya habrá escrito. Es culpa del cartero que no tiene quién le escriba)
Hay grandes emails como también hay grandes sms y últimamente hasta grandes whatsapps. Pero no creo que nada le pueda a una carta y a las prisas por volver a tiempo para mirar el buzón.
¿Que por qué cuento todo esto hoy? Por Mary. Mary es una australiana rarita que no tiene amigos pero tiene un buzón. Y gracias a él va a hacer un amigo por carta, en otro continente, que se verá desbordado por todas las preguntas, inquietudes, problemas, alegrías…que trae consigo el hacer un amigo nuevo y especial.
Mary and Max (ficha en Film Affinity) es una película para los domingos. Una historia que no me atrevería a definir como feliz pero sí como necesaria. De esas que dejan pensamiento rumiante.
Hablemos de goteras en el mundo de hormigón. Fue ella la que me dijo que tenía que verla. Anular sabía de lo que hablaba. Ella ha sido siempre mi gran amiga por carta. Y ya no escribimos por ese método pero ambos lo echamos de menos. Anoten la recomendación: son cartas e historias como ésta las que seguramente nos hayan llevado hasta este punto, esta página. Un homenaje a los raritos que extranjeros de sus propias vidas se dan la mano y buscan cobijo en las palabras para sobrevivir a los escalofríos.
Demos un viaje por los intricados mundos de la cabeza. Y aguanten hasta el final. Sólo podía acabar así.
Coda
Hay muchas cosas que me hacen pensar en ti. Creo que siempre va a ser así. Es irremediable. Formas parte de mi a un nivel muy…¿curioso? Apareciste en un momento clave de mi vida, y siempre has estado en los mejores y sobretodo en los peores momentos. He crecido contigo. Por ti, en muchas ocasiones. Gracias a ti, me refiero. Sin ti creo que todo hubiera sido más oscuro.
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Mañana llegaré de trabajar y miraré el buzón. Seguramente tenga dentro las últimas ofertas del Domino’s Pizza aunque un cartel del edificio diga que se prohíbe meter publicidad. Abriré el buzón por pura rutina porque por no tener no tendré ni facturas.
Es triste decir que ya no me preocupa si el cartero se habrá olvidado de mis cartas. Más triste es decir que ni siquiera tengo puesto mi nombre. Piso y puerta son suficientes en el feo 2011.
Provaré d’entendre el món en un cafè, fingiré llegir el diari com si res. E-vida… hay cosas en la que no nos has hecho mejores.




