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1999

Donde solíamos gritar.

Aquel 2001 todo estaba a punto de cambiar en el mundo y también en nuestras vidas. Ese grupúsculo pendenciero de la residencia se iba a convertir con el paso de las tardes y de las noches en uno más de mis asuntos de familia. Las mañanas entonces, no nos engañemos, las dedicábamos a dormir o a sembrar incordio por los pasillos segovianos. En esa carrera estudiar siempre fue lo troncal, lo pertinente era todo lo demás.

Verano de 2011, vida eligiendo nuevos caminos raros. Los labios aún quemaban historias de salitre, chupitos y hermanas del mal. En la esquina más perdida de los mapas sólo un disco marcaba la ruta. Canciones que hasta entonces nunca habíamos cantado juntos pero que adquirieron todo su significado mirando al mar camino de Roche…

Que bajen tus labios y me callen si no empezaremos a silbar…

Silbábamos porque no procedía hablar. Aquella noche, ya lo intuíamos, lo había cambiado todo. La línea fue traspasada con la inconsciencia que marcaba la necesidad. Gol en la Supercopa.

“¿Te pregunto por Dani Alves o nos besamos ya?”

“A todas fuck you por igual,
a todas gracias por igual”.

conil

Jugueteamos con los mensajes inadecuados. Rocroi no se conquistó en una hora.

Y veo partes de mi vida, como piezas de un gran tetris, que nunca encajan muy bien y sólo se entiende al revés…

La realidad que ya ninguno quería esperaba en la meseta. Pusimos la sombrilla y guardamos silencio. Horas sin palabras ni miradas que se dijesen nada. Cada uno comió a su ritmo sin pedir explicaciones. También es amistad saber entender los incendios, los fuegos que arden internos, las llamaradas que queman como nieve que no se derrite. Apagamos el calor en la arena al ritmo lento que permitía la sombrilla. Nadie hablaba y pasaron los minutos. Putas ganas de seguir el show ¿Hora de romper las ventanas?

Las olas traían resaca. Hendrix esperaba en la furgo verde buscando destino. Paramos en la gasolinera de Cádiz destino Mérida, condujimos de noche batallando contra el sueño, cruzándose con el habemus papam. Subieron los decibelios al cruzar las calles de Madrid. La vida nos iba a cerrar el Starbucks pero buscamos el Bar Las Vegas, en alguna parte, en alguna parte. ¡Terrible ciclón!

Trampeamos septiembre y le hicimos una soberana peineta al pérfido Octubre. Con destino Noviembre marcamos en el mapa una X en Valladolid. Porque habrá que batirse, imagino.

Aquí estamos. Aquí seguimos. Miau, miau, miau…

Where the grass is green…

Aunque aquello parezca la prehistoria, no hace tanto tiempo que un coche azul esperaba a la salida de una estación de tren con una cinta de cassete de Guns’n'Roses. Llevaba el pelo más largo y una cordobesa en el asiento de al lado. Atravesamos la Cuesta de los Hoyos, compramos un Martini que sabía a diablos y juntamos a parte de la cuadrilla.

Un chico con cuernecitos (de maléfico) acompañaba la fotografía. Salimos por ahí a buscar la zona vertical. Todavía no nos habíamos juntado con los otros elementos de belcebú. Pero como ya dije no hace mucho, a veces el caos ejecuta el orden para que lo que tenga que pasar pase.

Y nos juntamos, nos conocimos y ya acumulamos unas cuantas ciudades en las que satisfacer el apetito por la destrucción

La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.

…y degustaba sugus sabor tomate

Por más vueltas que le dé al final todo regresa al colombiano. Segundo de carrera nos colgaba del campanario de la universidad. En todo lo alto se encontraba nuestra clase, alejada de casi todo menos de comunicacion, nuestros vecinos de arriba. Era una clase de Porras (que no de porra) y mi trium azul recibía mensajes de una novia nerviosa. Puede que esté mezclando días, pero yo creo que Guti acababa de sentenciar la Intercontinental y los comunicólogos villanos llamaban Loco desde el cristal al bueno de Brogeras.

Salimos al pasillo. El nuevo era un tipo raro con acento neutro, raíces europeas y pasado americano. Vivía en San Lorenzo, mi barrio segoviano. Nos fuimos hacia casa. Le dije que si le apetecía podíamos salir a tomar algo esa noche. Cuando conocí al escriba de Mr.Satán, yo era un jovencito abstemio (sólo minicopas de tequila-lima), ennoviado y estudioso.

Ahora… soy mejor, aunque envidio aquel pelo. Fueron tiempos felices para unos cuantos…

Calle La Hoya
Con Big Boss y Deivid

Colombia es uno de esos tipos necesarios en la vida para crecer. Con él llegó la revolución. Las líneas de la vida se ajustaron para muchos y se gestó el grupete irrompible que ahora, seis años después, marchó a Málaga antes de verle partir de nuevo a sus Américas.

Con él saqué por última vez mi vena de escritor para perpetrar un sangriento y poco original corto llamado “Mi padre me decía” que afortunadamente nunca llegará a ser ni story-board (hoy lo releí, compadre).

Después de andar con el comando por el sur, revelé las fotos que tenía pendientes. Actualicé mis corchos de fotos importantes y colgué allí a los diez mosqueteros que se juntaron con Pepe-Hillo en un patio malagueño. Al día siguiente salí hacia Segovia para coger el título universitario, pendiente desde hace tiempo. Haciendo caso a Sabina, había tardado en poder regresar a ese lugar donde había sido feliz

“Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero…”

En el parking de la Sek, ahora IE, sólo había tres obreros. Un bedel, como siempre, correteaba entre los muros. Mortadelo no, el otro. No supe si saludarle…para él hemos sido muchas caras aunque para nosotros haya sido siempre el mismo único mostacho.

Reprografía ahora es reprographic center, toma ya. Se les olvidó la advertencia: “The place where you will lose your time”. Y entonces entré al patio y me acordé hasta de Urdaci fumándose un pitillo antes de una conferencia. Me entró tanta morriña que no tuve más remedio que llamar al gallego. Su “Señorrrr, qué te cuentas” me llevó a otra foto que busqué nada más llegar a casa

Falta Javi García
Pon un Gayoso en tu vida

Aparqué en la puerta de la Ser, paseé por la Calle Real, fui hasta La Colonial.. y no estaba Vio sirviendo cafés. Me acordé de JC (que sigue siendo imprescindible) y mandé un mensaje a la pizzera que siempre me hizo recordar las palabras de mi madre

“Tan del Real Ávila que eres y acabarás trayéndome una segoviana a casa”.

Ahí dejé otra vez a la Dama de las Catedrales, a un acueducto lleno de espejos y un barrio de San Lorenzo en fiestas…a las que esta vez no podremos ir. Mi antigua casa seguía vigilando al Ciguiñuela.

Y aunque parezca lo contrario…después de haber nadado desnudos en el mar, haber vuelto a Castilla y visitado Segovia y tras haber rastreado fotos olvidadas y trastocado recuerdos (casi) intocables…es cuando noté las pilas cargadas otra vez.

..
.

Pero para eso fue necesario un sobrino y un libro del que os hablaré mañana.

Apolinere era bastardo…

Son 25 primaveras y nunca había necesitado tanto unas vacaciones. La elefantería de los lunes no te deja mucho tiempo para descansar…y ahora que se me acaba el kitkat lo veo claro: Necesitaba el parón.

Eran finales de julio y la playa nos llamaba. Cogí a Deivid en Plaza de España y el gafudo pronto se puso al mando del Ipod. Despeñaperros nos abrió la puerta de Andalucía mientras me preguntaba qué canción se convertiría en la mitica del viaje.

Uuuh, uuuh…. Muky ¿estos quiénes son?

“Lupe con su figura me hace soñar
y cuando ella me besa me hace temblar
mi amor es Lupe…”

“¿Esto antes? No había nada de nada, mucha menos gente, casi nadie. Y se va construyendo poco a poco, no te creas”

Lo responsable sería no hablar demasiado de lo maravillosa perrifláutica y paradisiaca que resulta la esquinita de Almería. A ver si no habla nadie de ello y año tras año se sigue manteniendo la magia que queda.

Nuestra rutina diaria incluía agua, periódicos y declaraciones galácticas. Kaká fue nuestro referente en las aguas aunque a la hora de llenar el buche eramos más de Zidane. De Las Salinas a Rodalquilar encontramos calitas tranquilas y bellos parajes en los que degustar nuestros spanish-bocata con arenisca.

“¡Ru! Saca los hielos, amarillo en inglés” clamaba el gafudo en venganza por mis chistes malos. Eran los terrenos de Rober, Román, Micho y los demás. El camping no era un hotel de cinco estrellas pero nos otorgaba la compañía de nuestro nuevo felino amigo que nunca se perdía nuestros festines


“¿Sabes lo nuevo de Macaco? Muuuvin, en el trabajo me hacen moobbing”. El intercambio de golpes era más duro que pegarle tragos a un Ricard. Advertencia, achtung: si bajáis por el sur y se os aparece una francesa de ojos claros no le hagáis caso: ese mejunje no cae nada bien.

De playa en playa, la otra gran compañía musical nos la puso un grupete cálido y con sabor a otra vida más plácida: Parpadeo.

“Y cuando las cosas del alma
no se toman tan en serio,
y los mundos se reducen
a cuestiones de dinero
¡la vida pierde el sentío,
y pierde los argumentos!”

Y como ya empieza a ser tradicional en cada viaje veraniego…había que dejar un recuerdo para la ardilla. Como si los midiclorianos nos guiaran, nuestros pasos encontraron la calle Faro y allí el agujero de gusano para encontrar la fuerza.

Y entre medias de tanta confusión, apareció el ansiado futbolín

¡Ah sí, también estuvimos en Málaga! Para no ofender a nadie, diré que la limpieza era mejorable. Lo mejor de nuestra estancia por allí fue la presencia de un ganador de Premio Trapseia: El amigo Jacko nos perseguía con Billy Jean sonando en cada pub y chiringuito. Reconoceremos, eso sí, que fuimos algo malos mientras proyectaban por pantalla una de sus mejores actuaciones…

Cerquita de Marbella nos pusimos en manos del mayor villano conocido hasta la fecha: El Mono de los Platillos (o cómo convertir un inocente juego de naipes en una actividad prohibida por la OMS).

Al paso por Pozo de los Frailes, ya de vuelta, me puse tontorrón:
“Jo, Deiv.. cuando deje de ver señales de Cala de Los Toros y vea Cala…Torao, algo habrá cambiado”

Pero todavía quedaba otro paso previo…

Pulgarcito y el violinista

Prometo que lo siguiente es tan cierto como que el protagonista es gafudo, raro y harrypottero.

Eran las cinco o seis de la mañana y las camareras del último bar que vimos abierto ya no regentaban ninguna barra. Santa Engracia Street invitaba a buscar la Gran Vía pero yo – perdido y sin Hermione – acabaría en la Cibeles.

Mientras tanto, el chico de la sonrisa perenne seguía ejerciendo su poder gravitatorio. Una morena pegajosa le rodeaba dando círculos, tocando mejillas, pegando saltitos. Desarollando, en definitiva, todo un manual etílico de apareamiento infructuoso.

Conocedor de su usual tiempo de despegue, servidor dejó sólo al planetario y se tomó las de Sagasta, camino de Génova, visualización de la Biblioteca Nacional, Cibeles y posterior entonación de “mierda, qué coño hago yo en la Calle de Alcalá, miralá miralá“. A pesar de todo llegué a destino, abri puerta, tomé posesión del colchón del Diablo y empecé a dormir los tugumentos y sus efectos.No fue por mucho tiempo.

Pocos instantes después, un enfurecido miembro de la orden filosofal entraba al galope como un elefante con kellyfinders:

“Joder, por qué te fuiste, joder, que me han atracado”

Lo que ahora no recuerdo es si este atraco le corresponde a cuando tenía sólo 20 céntimos encima o al día que tras hacerle sacar la tarjeta, corrió a lo Usain Bolt manzana arriba al grito de “que te jodan, pringao“. Lo que está claro es que a determinados hijos de la alquimia no merece la pena atracarlos…aunque su gravedad atraiga no sólo a tontuelas moderniguachis sino también a chunguillos buscacarteras.

Esa sonrisa desafía al espacio-tiempo, compadre (lo que toda la vida se ha llamado cara de tonto)

Lo anterior es otro documental al estilo del que colgaba el otro día, aunque éste no me ha gustado tanto. Lo que me recomiendan con fuerza es que empiece a escuchar el podcast: “A través del universo“. Ya os diré qué tal (si el poker nos deja algo de tiempo, Paquito).

Desde luego que parece que estamos en Mercurio y no en el Planeta Sed (anterior Tierra). No hay quien duerma y la lavadora se me llena de sabanas sudadas. Hasta el sofá va cambiando de look, y eso que estar tumbado sin ti hace menos gracia y se pega todo menos.

Y para matar el tiempo, bebo coca cola. La cafeína y el calor me hacen seguir sin dormir y por consiguiente me pongo a limpiar. Entonces descubro mi conversión en Pulgarcito: Desde que tengo un agujero en la cartera, pierdo centimos en cada esquina. Cualquier día iré por Fuencarral, me parará un tipo, y tendré menos dinero que el Graviton de sonrisa atracable.

Sigo sin dormir, me pongo a escribir. Y como la cosa viene astronómica, procede una de Planetas

“Eso no es para mí, quiero mi parte de lo bueno.
Quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo,
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro”

Será mucho pedir, pero es lo menos que merezco. Y poder dormir. Y decirle al violinista que le he vuelto a ver hoy demasiadas horas.

Estabas mejor en el Titanic.

Deivid, carallo, llévame a Málaga.

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