Donde solíamos gritar.
Aquel 2001 todo estaba a punto de cambiar en el mundo y también en nuestras vidas. Ese grupúsculo pendenciero de la residencia se iba a convertir con el paso de las tardes y de las noches en uno más de mis asuntos de familia. Las mañanas entonces, no nos engañemos, las dedicábamos a dormir o a sembrar incordio por los pasillos segovianos. En esa carrera estudiar siempre fue lo troncal, lo pertinente era todo lo demás.
Verano de 2011, vida eligiendo nuevos caminos raros. Los labios aún quemaban historias de salitre, chupitos y hermanas del mal. En la esquina más perdida de los mapas sólo un disco marcaba la ruta. Canciones que hasta entonces nunca habíamos cantado juntos pero que adquirieron todo su significado mirando al mar camino de Roche…
Que bajen tus labios y me callen si no empezaremos a silbar…
Silbábamos porque no procedía hablar. Aquella noche, ya lo intuíamos, lo había cambiado todo. La línea fue traspasada con la inconsciencia que marcaba la necesidad. Gol en la Supercopa.
“¿Te pregunto por Dani Alves o nos besamos ya?”
“A todas fuck you por igual,
a todas gracias por igual”.
Jugueteamos con los mensajes inadecuados. Rocroi no se conquistó en una hora.
Y veo partes de mi vida, como piezas de un gran tetris, que nunca encajan muy bien y sólo se entiende al revés…
La realidad que ya ninguno quería esperaba en la meseta. Pusimos la sombrilla y guardamos silencio. Horas sin palabras ni miradas que se dijesen nada. Cada uno comió a su ritmo sin pedir explicaciones. También es amistad saber entender los incendios, los fuegos que arden internos, las llamaradas que queman como nieve que no se derrite. Apagamos el calor en la arena al ritmo lento que permitía la sombrilla. Nadie hablaba y pasaron los minutos. Putas ganas de seguir el show ¿Hora de romper las ventanas?
Las olas traían resaca. Hendrix esperaba en la furgo verde buscando destino. Paramos en la gasolinera de Cádiz destino Mérida, condujimos de noche batallando contra el sueño, cruzándose con el habemus papam. Subieron los decibelios al cruzar las calles de Madrid. La vida nos iba a cerrar el Starbucks pero buscamos el Bar Las Vegas, en alguna parte, en alguna parte. ¡Terrible ciclón!
Trampeamos septiembre y le hicimos una soberana peineta al pérfido Octubre. Con destino Noviembre marcamos en el mapa una X en Valladolid. Porque habrá que batirse, imagino.
Aquí estamos. Aquí seguimos. Miau, miau, miau…






