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Archivo para la categoría ‘De pluma y tecla’

Alerta fiordo

Lunes, 30 de agosto de 2010 Sin comentarios

El primer bang acabó con las banalidades propias de una tarde de calor. El segundo hizo que creciera el mosqueo. Cuando vimos caer en picado al primer avión la cosa ya estaba clara: había que correr hacia alguna parte.

No entendíamos nada. Quién coño iba a querer bombardearnos, si eramos la Otan, los guapos, la compañía de la señorita Pepis. Poco tiempo para pensar y muchas prisas. Cada uno tenía su propia guerra de supervivencia. Galopamos entre escombros y anarquía hasta que logramos trepar un pequeño grupito hasta un edificio en construcción abandonado. Para algo tenía que servir la vieja crisis.

Eramos pocos los que habíamos logrado esquivar la destrucción. Seis en total, al menos en ese agujerillo. Estábamos acojonados, intentando comprender algo. Sólo la pareja de guiris se mantenía en aparente buen estado. Fríos y callados, como si la cosa no fuera con ellos. Esa noche no se movió nadie. Todo era silencio y un olorcillo raro.

Al día siguiente la calle era irreal. Columnas de humo y cuerpos mutilados, sin rastro de radios, televisiones, electricidad o medio alguno de comunicarse con el exterior. Comprobamos algún resto de bomba con carácteres raros. Como medio alemán, medio cirilico, medio vikingo. Le preguntamos a los guiris – ahí sí se asustaron – pero negaron con la cabeza.

Pasaron los días y los primeros extraños empezaron a llegar. Lucían un blanco inquietante, amos de la pulcritud. En poco tiempo la ciudad estaba levantada y reconstruida. Tenían medios y eficacia. No en vano muchos eran alemanes,

No eran nazis ni nada parecido. Eran aquellos tipos raritos a los que al principio llamaron “masones de lavadora” por lo limpios que iban. Nadie los tomó en serio en aquellas primeras elecciones europeas. Eran como una secta: opacos, oscuros, mirada perdida. No entraban en debates, se limitaban a votar. Pero resultaron ser eficientes. Departamento que cogían, departamento que avanzaba.

Eran raros, pero no hacían mal a nadie. A nadie extrañó que desde Bruselas se les encomendara la tarea de coordinar la creación de las primeras fuerzas especiales europeas. El ejercito clon, bromeaba la prensa. No se equivocaban por mucho.

Acabamos adaptándonos. Salíamos de la oscuridad (habíamos robado algún trapillo aquí y allá), ibamos a la compra, actuábamos de manera mecánica, como profesionales. No era cuestión de llamar la atención de la Gestapo…o como se llamaran a si mismos esas cucarachas blancas inquietantes

Hasta que uno de los seis salió y nunca regresó. Temimos una traición, nos volvimos suspicaces. Al día siguiente, la chica joven se entretuvo en la fábrica de mármol. Temimos lo peor. Al fin y al cabo, esos guiris seguían sin hablar. Y vestían de blanco el día que los encontramos. No les dimos tiempo a más: bang y bang.

La chica entró, perezosa pero sin un rasguño. Nos habíamos equivocado, los nuestros sólo eran noruegos

Es de noche en El Pilar

Jueves, 26 de agosto de 2010 1 comentario

No creo que se construyera para eso…pero el cuadro queda curioso. Una torre, la Luna, otra torre, Marte. Vamos, supongo que es Marte…porque con tanta luz sólo hay otro punto ahí arriba brillando. Y lo hace como una némesis, en el lado opuesto pero con menos luz. La estampa definitivamente está de foto.

Atravieso el puente de Santiago. Candados me rodean, unos más grandes y otros más pequeños. Todos firmes (i believe in a thing called love, actually). Debajo dos pescadores se tiran piedrecitas. Quién sabe, tal vez tengan su propio candado allá por las bajuras.

El hotel de las dos letras tiene una luz encendida, pero esta vez las cortinas cerradas. Hoy no habrá función con público. El semáforo se abre.

Dos chicas se aproximan por el carril bici pero van corriendo. Emiten sonidos…una especie de reguetón acompaña sus respiraciones. El walkman – o algo así – lo lleva una de ellas colocado a lo Larissa. Me quedo pendiente de la pendiente. Se paran, una de nuestras protas está exhausta. Un, dos, tres y marchan con su música a otra parte.

Atravieso el balneario de la Seo, donde según contemplo y veo, varios mozalbetes enjugan sus juanetes.

Por fin llego a la calle más limpia de España. Saco la llave

Uno más uno no me dan siete. Y uno sin otro me quedo sin grandes éxitos. No tengo tres acordes mal tocados, ni me basta rimar fuente con gente. Me contemplan flores invertidas, pétalos rizándose para una compañía. Órbitas acompasadas, tres con tres. Estrellas enigmáticas y una luna con sonrisa de mona lisa que no sabes si rie o duerme. O si está despierta porque se mofa de su estado menguante o de tu soledad entre mantas y sábanas arrugadas.

¿Quienes fuimos, por donde estuvimos? Reviso. Niet, ni idea de adónde vamos. Si estás por ahí no parece que seas ninguna de las de estos revelados sin revelar. Me rebelo ante músicas que pierden el sentido. Me amparo en Chris Martin, a ver si me da un fix you en lo que yo me talk a message en esta hardest part que es la noche. Low.

So part of the plan

Maldigo la siesta que parecía tan placentera y ahora me hace saludar las tres. Y las cuatro. Me sumerjo de nuevo en el asedio, a ver si la palma lolita o aulla el lobo entre los palos de rota. Con un poco de suerte, la lógica mezclada me llevará a estar swallowed in the sea antes de que el kingdom come.

Catalejo y cierzo sideral

Domingo, 22 de agosto de 2010 4 comentarios

Taberna de vasos pequeños, ocas y juegos reunidos.Aquí otra vez, donde las trujas vuelan sin escoba y Críspula, la posadera, nos sonríe al vernos entrar. El primer chupito, y el del final también, irá a cuenta de la casa. Los viejos truhánes seguimos teniendo un aquél.

No deberíamos vivir tan cerca de los vicios. Tengo un tipo enfrente que es clavadito al zascandil de Aguila Roja, aunque parezca volar más cerca sobre los páramos de los palomos cojos. Cruce de miradas, mesa del fondo. La morena disimula al llegar su comisario. Le abraza y vuelve a dejar caer los párpados. Rufiana.

La otra morena sigue mirando al suelo. Acepto el envite de un enamoramiento rápido. Observo todo lo que siempre paso por alto. Lápiz de ojos con toque azul. Bolso entre las piernas, depilado perfecto. Una perfecta tímida rodeada de liberadas.

Escote arriesgado, sin embargo. Cuernos de cabra trampolineros. No me juzgueis si confieso verle algo más de lo permitido. A estas alturas ya no soy un narrador, soy un estudioso de sus perfiles.

Si se gira la excusa acabará en torta o en hago chás y aparezco a tu lado junto a la torre de la Seo.

Morix, carga el arco y dime qué ves más allá de tu mirada de Elfo. Movimiento pícaro, llama a nuestra lesbiana.

Serina me entiende.

(Por otra parte, los mejores pechos de Zaragoza)

26 (frases)

Domingo, 15 de agosto de 2010 3 comentarios

No te drogas porque estás drogado, ¿vale? Tal vez se trate de cambiar CSI Miami por CSI Las Vegas, pero la verdad es que no sé un carajo. Aquí se rueda una teleserie y yo sólo soy un secundario que le hace gracia a ratos.

O cambiamos de canal o hacemos peli, pero este escenario se muda ¿sí?. ¿El hombre del saco? Póngame un cargamento de fichitas de casino. Otro triunfo de la factoria Acme-Reir.

No habré sido el jugador más diestro seguramente, pero si no estás dentro no ves bien lo difícil o fácil que ha sido. Es como el ojo de un huracán, pero sin saber si el ojo es grande o si el huracán será solamente un vientecillo. Si el trabajo no tira del carro ni el amor tira del carro te preguntas si no puede haber otro sitio para el carro.

No pensamos lo mismo de noche que de día, y no pensamos lo mismo entre 4 cervezas que entre 4 isostares. El caso es que por más agua que beba o por más calimocho que beba, no me atrevería a decir que siempre tuviera razón el chico del agua. A veces el chico del whisky tiene la razón: menos equilibrio, pero más certero. Y eso lo escribe el del agua.

No por rabia ni dolor sino por cordura. Más Strokes y menos Prozac

La noche y sus inescrutables designios. Otro lindo despertar con sabor a mueble bar. Podrían pasar diez años sin vernos y seguiríamos hablando como si nos hubiéramos visto por la mañana. “No me cuentes historias, tú sólo fóllame”. La resaca del viernes era pinturesca

Sin planes excepto sobrevivir en un gremio cada vez menos idealista y más realista en una realidad que ya no ofrece ninguna seguridad.

Polvoriento, nadería gigantesca, supernova deslucida. Idiota estancado y llorica.

Me puse a escribir, metido en mil canciones de Pearl Jam…

Si caemos, que sea tarde y con una sonrisa. Game over, 26 <---

---> 27.

El globero retornado

Domingo, 8 de agosto de 2010 1 comentario

Aunque fue el hombre perplejo el que me metió de lleno en el mundillo, habría que decir que mi idilio con este asunto de las dos ruedas sin motor venía de antiguo. Mi recuerdo más preciado de muy pequeñito era una gorra de Perico Delgado. Salíamos de misa y mis padres decidieron hacerme feliz llevándonos a ver un final de etapa. Segovia en un día que fue muy mítico: Vuelta a España 1989. El villano: Fabio Parra.

Luego, cuando todavía no habían llegado las maquinitas y mi mítica Game Gear, servidor se dedicaba a jugar a chapas y ciclismo. Era un método artesanal: papelitos con nombres. Pero si en las chapas sí que había manera de hacer destacar a los buenos (posición, deformación de la chapa) en los papelitos había que hacer trampa…si era montaña tocaba empujar más a Perico. Si era día de llegada masiva, lo suyo sería trampear un poquito con Abdoujaparov. Me cogía terribles berrinches si se agotaba la edición especial del Marca con los especiales de Tour y Vuelta. Pero terribles, terribles…. un día le hice recorrer a mi padre todos los quioscos de Ávila. Sin éxito.

Tenía todos los cromos de la época. Los míticos Reynolds, Kas, PDM, Kelme. En un encuentro, camino de lo que hoy sería Naturavila, le dije a Ángel Arroyo hasta cuántas pulsaciones tenía en dichos cromos. Se quedó bastante alucinado. Sí, ea un pequeño niño friki al que le gustaba demasiado el ciclismo. Pero el tiempo no pasaba en balde y Perico fue decayendo poco a poco. Aprendí que era hacer la goma. Luego llegaron Induráin, Chava, Olano, las polémicas con J sobre Heras. La sombra del dopaje, Pantani. La mentira llamada Virenque (nunca me cayó bien el ga(ba)cho).

Año 2003, cumplo mi gran sueño de niño. Y a la vez tengo mi primera gran decepción como currela. Intereconomía Segovia, primer verano de prácticas. Me animo a llamar a Perico Delgado. Me coge el teléfono. Le entrevisto. Me gusto, como imagináis…18 minutos de entrevista. Me pongo loco de contento. Al día siguiente se emite…pero a los cinco minutos el técnico se lía un poco y en vez de borrar la línea de emisión…borra el archivo. La entrevista no llegó a sonar entera. Y por supuesto lo perdí. No me atreví a llamar nunca más al gran Perico. Algún día espero volver a cruzarmelo.

Hasta ese momento, mi relación ciclista era a distancia…alguna entrevista, tardes de sofá empujando desde la tele, algún juego de Pc. Pero en aquella modesta radio apareció el globero perplejo. Se labró una amistad y un par de años después me llamó para juntarnos en la prensa de la Vuelta a Segovia.

Las cosas no salieron perfectas pero nos lo curramos mucho. Sin embargo, lo que nunca olvidaré fue el sentir por primera vez una carrera desde dentro. Ir en un coche de la organización de arriba a abajo. Sentir un abanico que se te echa encima del coche. Ver a un corredor escapado, coger referencias a pie de pista. Bajar por primera vez un puerto…eso sí, chiquitito. Luego vendría lo bueno.

Fue otro par de años después, ya en la Vuelta a Ávila. Ese fenómeno taurino llamado Pedro Hernández Vega llevaba el coche de la tele. Aquella vuelta nos dejó buenos momentos…un ciclista que de lento hace que se nos cale el coche en mitad de un puerto. El coche que no arranca en la cuesta. El embrague quemando. La fila de coches por detrás chillando, como es lógico. Salimos del apuro.

Viaje de Madrigal a Ávila en un tiempo que se consideraría kamikaze. Adelantamientos de El Barraco a Ávila que ponían la adrenalina a prueba. Una madre (la de servidor) que ante estas historias casi me prohibe volver a salir de casa. Pero no lo podía entender: ese sentimiento te atrapa y sólo quieres estar en la siguiente carrera.

Al día siguiente se subía (y bajaba) Mijares. Salimos de Pajares de Adaja, pueblo ciclista y precioso donde los haya. Conducía Julio Jiménez, lo que llenó de anécdotas la ruta. Todas suculentas y la mayoría que no se podrían contar. Además de ciclista, al relojero siempre le gustaron los coches. Bajábamos los puertos de primera a toda castaña, y sin embargo el ciclista escapado se nos echaba encima. Si hubiera llevado yo ese coche la cosa no habría acabado bien. Dice un compañero que está claro que al gran Espagueti Volador le gustan los rallies y el ciclismo…

Carlos Sastre ganó el Tour. Y en el Adolfo Suárez me pidió que le pasara una foto por correo. “Eh, Rubén, ¿podrás enviarme esa foto?. Un ídolo me llamaba por mi nombre. Creo que leyendo lo anterior se puede entender la emoción que me dio aquello.

No había vuelto a pisar el ciclismo de cerca. Tengo a un campeón olímpico de vecino de enfrente (¡ánimo, Carlos!) y me sigo tragando todas las carreras que puedo. Pero me faltaba aquello de volver a la ruta.

Esta semana lo hice: unos kilómetros en la Baja Aragón y otros cuantos en la de los Pirineos . Eso sí, en llano.

Me he quitado el mono y a la vez ahora quiero más. Me quedo con la anécdota final… uno de los ganadores recibe el beso de la azafata. Le dice algo al oído y la chica se rie…

El ciclista que saca el teléfono. El ciclista que apunta unos números. El ciclista que sonríe. La chica que se ruboriza. Mi compañero que suelta la cámara y me dice…

“No me extraña que gane…se nota que no pierde el tiempo”.

Pues eso, que viva el ciclismo.