Category Archives: Trapisondas

Wake up shock

Viajes, maletas, mudanzas…fuiste. El año empieza y acaba pero también tiene pretemporadas…y la mía de este curso no va a disponer de mucho tiempo de ocio. O tal vez sí, nunca controlas las variables. Lo que no sé es cuánto tiempo podré dedicarle a este invento aunque en cuanto pueda volveré por aquí. Ahora mismo no sé nada…llega lo excitante de lo nuevo pero también la inseguridad del perdido. Un ciclo diferente, con otras reglas. Veremos.

Estamos en meses de mundial y aquí siempre hemos hablado de fútbol. Como siempre, todo sigue en sus dos vertientes. La clásica, la que nos gusta, la sana…esa cada vez más la reservo para lo más cercano. La que me enamora y me reconcilia es la encarnada, la modesta, sentimiento o locura. La otra me acecha y me quita la ilusión…de esa nos habla John Carlin. Pero aún así viva la droga que llamamos balompié.

Fútbol y mujeres, sería hasta hace poco. Pero no, ahora se nos ha colado el octavo arte. O noveno o décimo, que seguro que me he dejado alguno por ahí. Hablo de las series, para mi ya en competencia directa con el séptimo arte. Le tengo prometido a Alo un análisis de Fringe, que a día de hoy es mi favorita con Dexter. Una de sus últimas perlas ha sido colarnos en Nueva York un hotel de Gaudí. Mejor no pinchéis si no vais al día con la serie…pero lo del hotel gigante tiene su explicación.

Volviendo a la tierra real (bueno, algo así) esta semana volví a recordar una frase que me dijo un amigo, más buceador él y más astromántico servidor. ¿Por qué viajamos al espacio y no conocemos en profundidad el fondo del mar? Bien, parece que lo uno está más cercano. Y lo otro…quita quita, no vaya a ser que nos crucemos con unos nazis. Loado sea el Seaquest.

En otros asuntos, estos últimos tiempos me han sorprendido gratamente algunos puntos. Arte en lata, toma ya. El anuncio de La Casera a lo 13 Rue: me encanta. El Ikea: “Me gusta”. Y el Tweet más bello (nos copian) (voten, voten)

En fin, así os dejo el blog de momento. Pero con una bonita historia como colofón, la de Turco: Un viva por los perros. Nos vemos pronto.

Stop & Go

Cero a la izquierda, donde nada era de memoria. Pequeño rocknroll, sintonía en el teléfono. Perderse por Ranillas, mover las ruedas con destino incierto. Mapas indescifrables, fluvi suena a ico. Carpe Noctem, Drexler ya amenaza.

Pasando turnos, pesadillas de semáforos. Sábados civilizados, aquí no hay sitio có. Lunes de elefantes, reuniones sin Mowgly. Sin dinero, Mili y Vanilly.

Supercopa, también con Mensah Bonsu. Ajuste de cuentas, me agarraste. Nudo de doble lazo, alemanes y sus fuentes. Clavos, incipientes chinchetas. Dulce encuentro adecuado, introducido al caos.

Jósatres y pinga, charla eterna y disgustos. Octubre negro, disparo sin respuesta. Peleas con dragones, bis dándole vueltas. Buscar un hada, nada de nada.

Sweet home chicago, impulsos y filosofía. Burguer soviet, jaque mate. Cenicientas y Miley Cyrus, chungas y tortugas. Mongoles hasta en la sopa, mágico y trágico.

Segunda división de pensamientos, encantadores y riquines. Tristezas bajo armónica, conserjes de noche. Viaje a la pregunta, silencios y versos perdidos. Cafés en ninguna parte, origen de simetría.

Joey Lucas subida en un Viper, espejos que se quedan en la mitad. Un cigarro de Mr.Luke, camino de echarse al río. Ciercera indomable, cadena de montaje. So say we all, la frase dice tú.

Karts sin freno, la luna sigue rápida. Telas de araña, orcos en el Berlin Est. Seda negra, astros y amaneceres. Encuentros brutales, ira de los dioses.

Its magick, el Ebro en Normandia. Rufus y believers, fichajes y desencantos rojillos. Go easy a dos metros, dream catched. Sálvese quien pueda, cara estrujada. Perestroika en el pilar, geografía en los parques.

Década en segundos, pérdida de la mística. Studio 60, estamos jodidos. Dudas y nata, flecos y lío. Besos por respuestas, cuadraturas del círculo.

Salud germánica, nada con decimales. Platillos y boyas, Román y Micho. Gorros prometedores, orgullo selenita. Colores en el canal, rediseños. Piques y gigantes, fuerza y honor.

Donde caben dos…Andy Schleck.

McNulty, calippos sin palo. Código beta, socabrones sin viajes. Descifrado, signo de interrogación. Insomnio y punto, se acerca y se aleja. Strokes y Racatá, Febrero en horizonte.

Naturaleza viva, the end of madrid trip. Es la compañía, piquitos de locura. Es la noche, resacas a oscura. Es mentira, reflexiones de aborigen. De Londres a Nueva York, fin de la trilogía.

Garfield, treinta y tres mil pies. Enredadera y optimismo con lasaña. Cobrando por los sueños, sube la marea. Semana Santa, impulso suicida. Caída en Ryan, adiós al 200.

Hiato para el rapsoda, rancios y cretinos. Autobuses, persecuciones. Policía, mercancía pesada. Llamadas bipolares, cubilete… ¿Bang?

Libertad, independencia y amistad, guitarras, tragos y amigos.

Risk y maquinistas. Comparte un mensaje lento. Detonaciones, dados y encuentros.

Mezclar irrelevante. Tu reojo en mi constante, ya da igual estar delante que fingir ser lo que nunca he sido antes. Vengo de largo emigrando de algún sitio. Distancia corta, miento, no fingio.

Puño cerrado, tríos y otras perversiones. Stop.

And go.

Le llaman Calavera

Pasan los años, las ciudades, los trabajos. Pasan por tanto muchas caras, sobre todo en un gremio como el nuestro condenado al movimiento perpetuo. Pero no todas dejan huella y casi ninguna lleva ya sello personal. Dani sí.

Poco a poco fui recopilando anécdotas suyas para un día poder volcarlas en este rincón. Y es que cada viaje con él es una invitación a algo grande: una conversación, unas risas, una sentencia verdadera. Filosofía de vida de quién ha mamado vida desde siempre. Verdad de la calle sin tonterías ni medias vueltas. Verdad de la auténtica.

Un hombre con el rocknroll tatuado en su pellejo. Ya le reconoces las trazas en una vieja fotografía, seguramente en una calle de Torrero. El pequeño granuja posa orgulloso ante su bici. Ahora ese maldito bastardo ha pateado ya varios conciertos y su baby-sobrino es ahora el que pasea por el canal enfundado en una camiseta de los Rolling.

Un tipo fiel a sus ideas, ajeno a las modas y las giliflautadas. Y tan sencillo a la vez como para detenerse siempre en el mismo semáforo del Portillo, buscar al mendigo, hablar con él y premiarle con un pequeño trofeo. Siempre presumió además de tener en sus haberes a la joven Natalie Portman: “Sí, Rubén, es de esas tías que no me importaría volver a tirármela”. Y yo me lo creo.

De los que te dicen Bon Jovi en vez de Buenos Días. De los que ven a un grupito de raros y te corrige con maestría: “¿Esos modernos? que va…¡no ves que tienen toda la pinta de saberse las canciones de los Proclaimers!”

Tiene perfil clásico, de intocable de Eliott Ness. O más bien de compinche necesario de Tony Soprano. Hijo bastardo de Al Pacino, tiene una lista de cosas que hacer antes de endiñarla: ir a dublin, pescar en el lago ness, tomarse un tequila en México, vivir en londres… y ver cine, mucho cine.

Me hizo prometerle que si él cae antes me haré responsable de que en su funeral suene el Local Hero de Mark Knopler. Y algo importante también, que la música se oiga desde un Jet

Hace poco me dijo que el mundo se iba a la mierda: Aerosmith amenazaba con separarse, se retiran los scorpions, Sandra Bullock ganaba un Oscar… ¡primer tío que ganaba un oscar a la mejor actriz!

Él sigue defendiendo hasta la muerte la música en formato original, nada de emepetreses. Me miró consternado cuando le hablé de un futuro de personas enganchadas a teléfonos que realmente eran ordenadores. Pero pensé que el mundo seguía mereciendo la pena mientras hubiera gente que no renuncia a sus ideas.

Volveremos a jugar a John Cusack para nominar a las cinco eternas. No nos hará falta rascar mucho para volver a encontrarnos en nuestra música, nuestras mujeres, nuestra vida.

Es el último auténtico. Un estilo de persona que no creerías que pudiera seguir sobreviviendo. Pero la vida, ya lo ven, siempre reserva un hueco a lo genuino. Por si Zaragoza no me suelta, amigo, brindo por encontrarnos de nuevo aunque sea con micros ajenos sonando a five hundred miles

El día que cerró el Daily Planet

Me paralizó por dos veces y me troceó con la sonrisa…yo aún estaba muy verde y ella era pura kryptonita. La primera vez fue más problemática, aquello no debería haber reivindicado hueco entre mis costillas. La segunda sin embargo  fue aún más dolorosa: habían pasado meses pero yo seguía inmóvil y transparente cada vez que se me cruzaba. Mi timidez era planetaria y ella hablaba con acento de Badajó.

Cada vez que pasaba por mi lado me salía alguna tontería. Disparaba por disparar, más por obtener una anécdota que por pretender nada concreto. Era una morena espectacular de pelo largo y rizado. Pequeñita pero de andares endemoniados. Su expresión siempre tendía hacia la sonrisa aunque se le acercaran idiotas como un servidor. Era afable y expresiva. A la mezcla sólo le faltaba tener sentido del humor…y lo tenía.

Tuvieron que pasar un par de años para dejar de ser el cretino habitual. Ella se fue a vivir con una amiga abulense común y el messenger hizo el resto. Nunca hablamos mucho aunque desde entonces adoptamos una broma: cuando me veía, se refería a mi como Don José. Yo a cambio le hablaría siempre en tono solemne y siempre de completas absurdeces.

Terminó la carrera y en la lista de mujeres que nunca fueron mías ella siempre ocupó un puesto delantero. Siempre sería la chica que me hizo dudar, la falda corta que me apartó con elegancia killer al dejarme pasmado en mitad de una pista de discoteca. El pelo rizo que años después me dio el teléfono que en otros días habría soñado. Pero la historia no terminaba ahí

La voz de Carlos Goñi sonaba en el coche, carretera nacional pasado Villacastín. Eramos cuatro aventureros que al día siguiente tendrían resaca viviendo una de esas noches llamadas en principio a ser tranquilas pero señaladas sin duda por Lucifer. Jueves de invierno castellano, cuatro caras detrás de un parabrisas que giraba sin descanso. Pocas cosas por hacer, parecía…teníamos que trabajar a las 9 pero se me ocurrió que podríamos acercarnos a Segovia, tal vez allí no lloviera. Engañamos para ello al cantante que buscaba absorto melodías entre aromas con piel de chocolate.

Empezó todo medio tranquilo, copa por aquí, charla por allá. En la Plaza Mayor pintamos una servilleta: quedaba prohibido el botellón filosófico. Para cumplir ese objetivo acabamos buscando el ropero amigo a orilla del acueducto. Pero además del ropero encontramos amigas. Unas…más cariñosas que otras.

El cuarto jinete me detuvo cuando servidor bajaba unas escaleras: “Quieto Rubén. ¿Ves las luces del techo? Baja ahora hacia abajo, poco a poco, y mira a tu amiga con mi amigo”. Definitivamente se le veía mentolado.

Habíamos perdido al conductor, la idea de irse pronto se desvanecía. Amenazaba a noche larga que tal vez no lo pareciera tanto en buena compañía. Entraron entonces María y una amiga por la barra. Una rubia y una morena contra un músico y un poeta que de serlo esa noche habría mordido la yugular. Pero no lo era y nos dieron las cinco y las seis y también las seis y cuarto y casi las siete.

El cielo se volvió naranja y los cuatro de inicio eramos ya siete sombras, peces nocturnos de ciudad. Tres de ellos además aleteando en un acuario ajeno del que sólo podrían salir ahogados: o bien por no nadar sólos o bien por tener encima la tiranía horaria.

Regresamos ya con la luz de día, entrando por Las Hervencias reseteando lo vivido. Todo quedó en varios qué habría pasado si quizás. Cinco horas despúes la radio sonaba a un acorde de ti con garganta quemada y revólver.

Si eso fue Enero – que tal vez fuera Diciembre – Marzo llegó muy rápido. Entre medias sólo hubo un mensaje, una invitación al cine con 60 kilómetros de distancia. Ella no se creía que yo estuviera sólo. A mí no me cabía duda de que bajo las luces de un mismo cine su kryptonita habría vuelto a hacer efecto.

Pasó poco tiempo desde entonces hasta el final. Yo estaba en un tren, volvía de un viaje por la capital. La cobertura se iba entre monte y monte madrileño. Mirando a los pinos no quería responderme a la pregunta/sms que me quemaba en la mano: algo había pasado allí en Segovia. Una puta circunvalación mal hecha desde el principio. Un trabajo que nunca mereció ir tan deprisa.

Una imaginaria sonrisa suya en un cine que por su eterna ausencia me iba a dejar congelado.

Las reglas cambian

Saben de este anuncio del maquinista…

… me parece una genialidad y una metáfora perfecta para empezar a contar lo que quiero contar.

Si el año empieza en Septiembre es porque acaba en Junio. Llevo semanas haciendo las preguntas típicas para estos tiempos: ¿Qué tal la temporada? ¿Acaba un ciclo? ¿Cómo empezáis a preparar la próxima temporada? Inevitablemente, mientras hacía eso me lo preguntaba también a mi mismo.

El mundo de McNulty sigue cambiando, por eso lo del maquinista. Hay cosas que ya no funcionan y dan paso a otras nuevas. Hay que reinventarse, como sociedad y como personas. Tendremos que hacer cosas diferentes y darnos cuenta de que estamos en un entorno global muy competitivo. Yo mismo lo he visto desde mi pequeña parcela del mundo…éste ha sido el año del Facebook, las redes sociales, los comentarios, la interconexión. Ya no estamos aquí sólo los frikis, los enganchados al ordenador, ya estamos todos o casi todos. Déjenme ser ciberpijo por un momento, pero esto que ha llegado es la Aldea Global que estudiábamos.

Pronto la sociedad impondrá a sus huestes el tener que tener un ordenador en el bolsillo conectado a Internet, conectados todos. No habrá más SMS porque habrán muerto. Tendremos nuestro blackberry, ipad o lo que sea punto com. Y no me parece mal, me parece inevitable. Es más, como amante de los cacharritos es algo que siempre he esperado.

Este año ha sido fantástico, me respondería a mi mismo en una entrevista de balance de la temporada. Pero he decidido arriesgar. Quiero apostar por otra cosa que me haga ilusionarme. Creo que esas oportunidades, a pesar de cómo está el mundo, van a salir. El cuerpo me dice que es el momento de pensar o sumarme a una nueva idea. Es un órdago a la vida en el que veré si tenía o no las cartas correctas.

En fin, no me quiero poner más trascendente de lo necesario… lo mismo me tengo que quedar en Zaragoza como que me toca irme al extranjero o sumarme durante meses a las colas del Inem, siendo esto último lo más recurrente en los tiempos que vivimos. Eso sí, no he parado de trabajar desde que salí de la Universidad y no tengo vocación de parado. Perdonad que utilice este rincón para venderme, pero a ello me obliga mi nueva situación: Si tienes una idea o un puesto de trabajo, me interesa.

De momento, amigos maños, todavía tendréis que aguantarme por unos días. Pilotos o maquinistas, el viaje continúa.