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Le llaman Calavera

Pasan los años, las ciudades, los trabajos. Pasan por tanto muchas caras, sobre todo en un gremio como el nuestro condenado al movimiento perpetuo. Pero no todas dejan huella y casi ninguna lleva ya sello personal. Dani sí.

Poco a poco fui recopilando anécdotas suyas para un día poder volcarlas en este rincón. Y es que cada viaje con él es una invitación a algo grande: una conversación, unas risas, una sentencia verdadera. Filosofía de vida de quién ha mamado vida desde siempre. Verdad de la calle sin tonterías ni medias vueltas. Verdad de la auténtica.

Un hombre con el rocknroll tatuado en su pellejo. Ya le reconoces las trazas en una vieja fotografía, seguramente en una calle de Torrero. El pequeño granuja posa orgulloso ante su bici. Ahora ese maldito bastardo ha pateado ya varios conciertos y su baby-sobrino es ahora el que pasea por el canal enfundado en una camiseta de los Rolling.

Un tipo fiel a sus ideas, ajeno a las modas y las giliflautadas. Y tan sencillo a la vez como para detenerse siempre en el mismo semáforo del Portillo, buscar al mendigo, hablar con él y premiarle con un pequeño trofeo. Siempre presumió además de tener en sus haberes a la joven Natalie Portman: “Sí, Rubén, es de esas tías que no me importaría volver a tirármela”. Y yo me lo creo.

De los que te dicen Bon Jovi en vez de Buenos Días. De los que ven a un grupito de raros y te corrige con maestría: “¿Esos modernos? que va…¡no ves que tienen toda la pinta de saberse las canciones de los Proclaimers!”

Tiene perfil clásico, de intocable de Eliott Ness. O más bien de compinche necesario de Tony Soprano. Hijo bastardo de Al Pacino, tiene una lista de cosas que hacer antes de endiñarla: ir a dublin, pescar en el lago ness, tomarse un tequila en México, vivir en londres… y ver cine, mucho cine.

Me hizo prometerle que si él cae antes me haré responsable de que en su funeral suene el Local Hero de Mark Knopler. Y algo importante también, que la música se oiga desde un Jet

Hace poco me dijo que el mundo se iba a la mierda: Aerosmith amenazaba con separarse, se retiran los scorpions, Sandra Bullock ganaba un Oscar… ¡primer tío que ganaba un oscar a la mejor actriz!

Él sigue defendiendo hasta la muerte la música en formato original, nada de emepetreses. Me miró consternado cuando le hablé de un futuro de personas enganchadas a teléfonos que realmente eran ordenadores. Pero pensé que el mundo seguía mereciendo la pena mientras hubiera gente que no renuncia a sus ideas.

Volveremos a jugar a John Cusack para nominar a las cinco eternas. No nos hará falta rascar mucho para volver a encontrarnos en nuestra música, nuestras mujeres, nuestra vida.

Es el último auténtico. Un estilo de persona que no creerías que pudiera seguir sobreviviendo. Pero la vida, ya lo ven, siempre reserva un hueco a lo genuino. Por si Zaragoza no me suelta, amigo, brindo por encontrarnos de nuevo aunque sea con micros ajenos sonando a five hundred miles

El día que cerró el Daily Planet

Me paralizó por dos veces y me troceó con la sonrisa…yo aún estaba muy verde y ella era pura kryptonita. La primera vez fue más problemática, aquello no debería haber reivindicado hueco entre mis costillas. La segunda sin embargo  fue aún más dolorosa: habían pasado meses pero yo seguía inmóvil y transparente cada vez que se me cruzaba. Mi timidez era planetaria y ella hablaba con acento de Badajó.

Cada vez que pasaba por mi lado me salía alguna tontería. Disparaba por disparar, más por obtener una anécdota que por pretender nada concreto. Era una morena espectacular de pelo largo y rizado. Pequeñita pero de andares endemoniados. Su expresión siempre tendía hacia la sonrisa aunque se le acercaran idiotas como un servidor. Era afable y expresiva. A la mezcla sólo le faltaba tener sentido del humor…y lo tenía.

Tuvieron que pasar un par de años para dejar de ser el cretino habitual. Ella se fue a vivir con una amiga abulense común y el messenger hizo el resto. Nunca hablamos mucho aunque desde entonces adoptamos una broma: cuando me veía, se refería a mi como Don José. Yo a cambio le hablaría siempre en tono solemne y siempre de completas absurdeces.

Terminó la carrera y en la lista de mujeres que nunca fueron mías ella siempre ocupó un puesto delantero. Siempre sería la chica que me hizo dudar, la falda corta que me apartó con elegancia killer al dejarme pasmado en mitad de una pista de discoteca. El pelo rizo que años después me dio el teléfono que en otros días habría soñado. Pero la historia no terminaba ahí

La voz de Carlos Goñi sonaba en el coche, carretera nacional pasado Villacastín. Eramos cuatro aventureros que al día siguiente tendrían resaca viviendo una de esas noches llamadas en principio a ser tranquilas pero señaladas sin duda por Lucifer. Jueves de invierno castellano, cuatro caras detrás de un parabrisas que giraba sin descanso. Pocas cosas por hacer, parecía…teníamos que trabajar a las 9 pero se me ocurrió que podríamos acercarnos a Segovia, tal vez allí no lloviera. Engañamos para ello al cantante que buscaba absorto melodías entre aromas con piel de chocolate.

Empezó todo medio tranquilo, copa por aquí, charla por allá. En la Plaza Mayor pintamos una servilleta: quedaba prohibido el botellón filosófico. Para cumplir ese objetivo acabamos buscando el ropero amigo a orilla del acueducto. Pero además del ropero encontramos amigas. Unas…más cariñosas que otras.

El cuarto jinete me detuvo cuando servidor bajaba unas escaleras: “Quieto Rubén. ¿Ves las luces del techo? Baja ahora hacia abajo, poco a poco, y mira a tu amiga con mi amigo”. Definitivamente se le veía mentolado.

Habíamos perdido al conductor, la idea de irse pronto se desvanecía. Amenazaba a noche larga que tal vez no lo pareciera tanto en buena compañía. Entraron entonces María y una amiga por la barra. Una rubia y una morena contra un músico y un poeta que de serlo esa noche habría mordido la yugular. Pero no lo era y nos dieron las cinco y las seis y también las seis y cuarto y casi las siete.

El cielo se volvió naranja y los cuatro de inicio eramos ya siete sombras, peces nocturnos de ciudad. Tres de ellos además aleteando en un acuario ajeno del que sólo podrían salir ahogados: o bien por no nadar sólos o bien por tener encima la tiranía horaria.

Regresamos ya con la luz de día, entrando por Las Hervencias reseteando lo vivido. Todo quedó en varios qué habría pasado si quizás. Cinco horas despúes la radio sonaba a un acorde de ti con garganta quemada y revólver.

Si eso fue Enero – que tal vez fuera Diciembre – Marzo llegó muy rápido. Entre medias sólo hubo un mensaje, una invitación al cine con 60 kilómetros de distancia. Ella no se creía que yo estuviera sólo. A mí no me cabía duda de que bajo las luces de un mismo cine su kryptonita habría vuelto a hacer efecto.

Pasó poco tiempo desde entonces hasta el final. Yo estaba en un tren, volvía de un viaje por la capital. La cobertura se iba entre monte y monte madrileño. Mirando a los pinos no quería responderme a la pregunta/sms que me quemaba en la mano: algo había pasado allí en Segovia. Una puta circunvalación mal hecha desde el principio. Un trabajo que nunca mereció ir tan deprisa.

Una imaginaria sonrisa suya en un cine que por su eterna ausencia me iba a dejar congelado.

Las reglas cambian

Saben de este anuncio del maquinista…

… me parece una genialidad y una metáfora perfecta para empezar a contar lo que quiero contar.

Si el año empieza en Septiembre es porque acaba en Junio. Llevo semanas haciendo las preguntas típicas para estos tiempos: ¿Qué tal la temporada? ¿Acaba un ciclo? ¿Cómo empezáis a preparar la próxima temporada? Inevitablemente, mientras hacía eso me lo preguntaba también a mi mismo.

El mundo de McNulty sigue cambiando, por eso lo del maquinista. Hay cosas que ya no funcionan y dan paso a otras nuevas. Hay que reinventarse, como sociedad y como personas. Tendremos que hacer cosas diferentes y darnos cuenta de que estamos en un entorno global muy competitivo. Yo mismo lo he visto desde mi pequeña parcela del mundo…éste ha sido el año del Facebook, las redes sociales, los comentarios, la interconexión. Ya no estamos aquí sólo los frikis, los enganchados al ordenador, ya estamos todos o casi todos. Déjenme ser ciberpijo por un momento, pero esto que ha llegado es la Aldea Global que estudiábamos.

Pronto la sociedad impondrá a sus huestes el tener que tener un ordenador en el bolsillo conectado a Internet, conectados todos. No habrá más SMS porque habrán muerto. Tendremos nuestro blackberry, ipad o lo que sea punto com. Y no me parece mal, me parece inevitable. Es más, como amante de los cacharritos es algo que siempre he esperado.

Este año ha sido fantástico, me respondería a mi mismo en una entrevista de balance de la temporada. Pero he decidido arriesgar. Quiero apostar por otra cosa que me haga ilusionarme. Creo que esas oportunidades, a pesar de cómo está el mundo, van a salir. El cuerpo me dice que es el momento de pensar o sumarme a una nueva idea. Es un órdago a la vida en el que veré si tenía o no las cartas correctas.

En fin, no me quiero poner más trascendente de lo necesario… lo mismo me tengo que quedar en Zaragoza como que me toca irme al extranjero o sumarme durante meses a las colas del Inem, siendo esto último lo más recurrente en los tiempos que vivimos. Eso sí, no he parado de trabajar desde que salí de la Universidad y no tengo vocación de parado. Perdonad que utilice este rincón para venderme, pero a ello me obliga mi nueva situación: Si tienes una idea o un puesto de trabajo, me interesa.

De momento, amigos maños, todavía tendréis que aguantarme por unos días. Pilotos o maquinistas, el viaje continúa.

Risk

Miras a tu alrededor. La situación parece plácida… eres el amo del continente. Sólo que esa no es la carta que te había tocado…la tuya pone América y Australia. Ya sabes que no vas a perder del todo si sigues en tus parcelas, defendiendo posición y tranquilo de lo que tienes.

Pero eso no basta. Tus consejeros de la mesa te empiezan a advertir… “tienes cartas para saltar de continente”. Empiezas a valorar el meterte en el charco, dejar todo y lanzarte al océano, aprovechar los posibles resquicios, ser combativo en las fronteras con la debida suerte en los cruces.

El turno pasa. Una casilla parecía apetecible pero ya no es tuya…los dados entraron en acción y actuaron a favor del más intrépido. Sigues instalado en tus lagos y montañas, pasando turnos. Sobrevives tranquilo, confiado en tus fuerzas. Y aun así sabiendo que antes o después habrá que lanzarse a la batalla…

Giros
fotografía de distintos lugares
fotográficamente tan distantes

Miras a los rivales, cambias de gesto.

Si sigues en tu casilla azul, fin de la historia, creerás lo que quieras creerte.

Si tomas la casilla roja, veremos a dónde llega la madriguera de conejos.

Pecas de optimista (o tal vez de giliaventurero) y aceptas la decisión, mueves los soldados *

No más turnos muertos. Matrix está cambiando.

Mientras vos jugás (play)

“Hay, recuerdos que no voy a borrar
Personas que no voy a olvidar
hummmm…

Camino - esgrima

Enfilamos ya el final de la segunda temporada…dos añitos casi ya viviendo por Zaragoza. Todo ha cambiado mucho desde entonces y generalmente a mejor. No hablo de horarios, sueldos y medios, que de eso ya sabemos como está el percal. Me refiero a la pequeña familia que fuimos creando a pesar de los altibajos y que ha hecho que la maquinaria (familiarmente llamada “La Churrera”) esté siempre a plena potencia el domingo para llegar al lunes con el horno calentito.

Este año el mundial acorta las fechas y acabaremos antes pero si uno mira fotos, videos, archivos, documentos word, clasificaciones… se da cuenta de que han sido muchas historias, muchos madrugones, muchos trípodes al hombro.

Es esta una profesión que quita muchas horas y procura otras tantas satisfacciones… Reporters pero seguramente la mayor de todas haya sido conocer a mucha buena gente. De la mala también ha habido, pero la memoria cada vez la desarrollo de manera más selectiva.

Todas estas fotos  tienen un tiempo, no son nuevas… finales de Noviembre si no me equivoco, ya que el invitado fue Rivero y recuerdo que aquello fue después del concierto de Muse en Madrid. Alberto estaba a punto de sacar el libro

Las capturas y fotografías nos las hicieron un grupo de alumnas de la Universidad San Jorge, que nos visitaron como si fuera un making-off. Son muchos momentos, buenos instantes… una carpeta que sé que visitaré cada cierto tiempo para recordar buenas eras. No puedo subir todas por la gente, la que está detrás de las cámaras, que no sé si querrían verse por aquí en abierto. Pero quede claro que sin ellos no podría escribir nada de todo esto.

Adri maquinando
Estamos llegando ya al final. Las caras cambiarán – los proyectos  y las prioridades lo hacen – pero las sensaciones del 2009-2010 ahí quedarán. Problemas personales y colectivos aparte, le pondría un notable alto a la campaña. El calendario marca ciertas citas obligadas pero lo bueno de este trabajo es poder darle a la maquinita para acercarse a otros puntos más desconocidos. Generalmente ahí se encuentran los momentos más gratos.
Contró

Hemos vivido ascensos, también algún descenso. Se nos ha ido la luz en todo el barrio en mitad de una tormenta. Los ordenadores nos han dejado sin sonido, sin imagen y/o directamente se nos ha bloqueado. Gajes del oficio. También es posible que alguna vez hayamos tenido algún fallito (pero uno se siente mejor echándole la culpa al sistema y al gobierno si hace falta).

Desde arriba

Lo superamos. Además, servidor también tiene sus manías. Tengo un mechón de pelo de una rasta quitada a Deivid en verano, para recordarme la tranquilidad de estar en la playa si el día viene complicado. Los minipitufos tienen que estar encima de la torre de la CPU y vibrar cuando el ventilador parece empezar a volar. La pelotita de goma estará preferiblemente rebotando por la pared o en la cabeza de alguna compañera. Sólo falta la estampita de San Cucufato.

Pero una cosa estará clara: si no hay croquetas, el lunes es el día de la tortilla…

27-7-99…y del cafetito con Vicky.

Apoyado en varios pilares inquebrantables. Intentando ponerle al mal tiempo buen pitufo y alta cafeína a las arrugas… así fue como sobrevivimos otro año más.

Esta vez es fácil buscar la palabra final: Gracias.

Hay, aromas que me quiero llevar