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El Yang

Square one

Llueve que te llueve servidor iba ya chipiau y el panorama imperante no pintaba alentador: empresarios, políticos, correveidiles, descorrecortinas y tragacanapes. Un barullo de gentebien con trajes, abrigos, corbatas caras y una colección de coches oficiales agazapados tras limpiaparabrisas furiosos.

Me adelantó entonces por la derecha y rozó mi hombro por primera vez. Quedé hipnotizado un rato hasta que se giró extrañada. A santo de qué me andará mirando fijamente el fulano éste con cara de dormido.

“Demonios, tiene las zapatillas verdes. Quiero conocer a esas zapatillas verdes.”

A message

Si la vida fuera un meme el panorama guardaba la retranca de las grandes ocasiones. Madrid-Barcelona, Beatles y Rollings, doctor Jack en lucha contra el ladronzuelo James. Audiovisual vs escrito,  borrosos frente a su oasis.  La vida no entiende de compatibilidades de meetic. Estamos perdidos Le Fleur.

¿3 G? Je, je, je.

Porque el alfabeto tiene más de tres letras y en ocasiones el alfa precisa de su omega para encontrar el norte. No había otro camino: el cheposo (cuerdas intrigantes de humor retorcido) tuvo que dar con su fata.

X&Y

Al fin y al cabo – se dijo – Oasis es como Xabi Alonso: a todos nos gusta Xabi Alonso. Lo de Guardiola habría que estudiarlo pero de algo habría que discutir.  Precisaron lo básico: acostarse tarde, rocknroll y el gusto de una cerveza fría.

Con Mira Sorvino hubo un jodido tema. @ (jungle boogie)

Bada Bing (bang bang)

Esta vez quedarse sólo en sofá y mantita habría sido un sacrilegio. Saqué la tacita de las grandes ocasiones para ponerle dos hielos. Clinc clanc. Bajé el Red Label de la estantería y tres gotitas de coca cola. La ocasión merecía la liturgia. Velada con escocés antes de escuchar por última vez el woke up this morning.

Fade to black.

Es curioso como las series te influyen y te cambian. Tenemos una sola vida pero vivimos miles de momentos ajenos gracias a la ficción. El primer comic, un libro que deja huella, la película que te clava una escena. Y la televisión. La pérfida televisión que sin embargo eleva ciertos momentos a la categoría de arte. Personajes con los que creces año tras año. Ellos crecen y tú creces. Y de repente se van y tú sigues adelante pero algo más huérfano. Te puede pasar con un libro o una peli pero la fuerza audiovisual de horas y horas de historia cocinada lentamente deja un regusto especial. Esa huella, un rinconcito.

Acabarás revisitando youtube, amigo.

Era un día otoñal con Calavera en un coche de la tele atravesando Zaragoza con las ventanillas abiertas, su inconfundible cigarro y Jimmy Hendrix guitarreando Purple Haze. “Hermano, tienes que ver Los Soprano”. Manzaniano asiente y no te queda otra que claudicar. Hay recomendaciones y recomendaciones…y ésta venía de dos tipos esenciales que dan sentido al journey.

Dont stop believin’

No es cuestión de ponerse quejica pero los cercanos lo sabéis. Este 2011 ha sido complicado, lo está siendo para muchos, no quiero tampoco lloriquear en exceso. Pero ahí ha estado y mientras tanto…cuando había un rato me iba con Tony. Conducía y un Tony. Una vuelta menos a la almohada y un Tony. Un mecagoentodo y un Tony. Perseguir el amor y un Tony.

Vivir…y un Tony.

Y llegamos al final después de un sábado de largas conversaciones y buenos reencuentros con el detective impuntual y sus casos sin resolver. La despedida de Los Soprano era un momento especial para disfrutar en un momento especial. El instante adecuado. Clinc. Clanc. Otros dos hielos al escocés.

¿No va la vida de eso? Personajes que vienen, vuelven y van, que te traen otros que se acercan y que se alejan. Gente, historias, libros, peliculas, series. Emociones, pensamientos.

Esta vez hice trampa. Imagino que aquellos que lo vivieron en su momento, año tras año, viendo crecer a los personajes y esperando meses entre temporada y temporada lo disfrutaron aún más. Pero de algún modo he hecho también el peregrinar hasta el restaurante a la espera del desenlace.

Una vez visto pienso lo de siempre….

“La fuerza de la imagen no me llegaba desde el televisor sino desde la memoria, desde la experiencia; de haber conocido a esa gente no ahora, sino a mediados de 1999, de haberlos comprendido a través de los años, y haberme comprendido yo mismo en ese lapso de tiempo (…) No hay tiempo en dos horas para explicar tantos vericuetos. Ese silencio, esa mirada, nos dice tanto porque conocemos a ese hijo menor desde que era un gordito que no alcanzaba el segundo estante del armario. Desde que era inocente, desde que era feliz.”

…que nadie ha escrito de series en castellano como lo hacía Hernan Casciari. Amen a todo.

Terminé la serie y acabé en el youtube – como me autopronostiqué – buscando una escena en concreto. Echaba de menos a Chris Moltisanti searching for the dolphins in the sea

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Cuando empieza este viaje…

Miau?

Conocerte, escudriñarte, espiarte. Intuirte.

El juego al que no debíamos jugar. Destapamos el tablero del cambio de rutinas y los caminos inciertos. Internamos avenidas de tu corazón, casillas que resultaron ser autopistas. Tenían peaje.

Vivimos en Jumanji estampidas y ciclones. Especial pasó a ser una palabra seria. Las bromas macabras provocaron impulsos suicidas. A mi nunca me haría eso, me repetía. Símbolos de la paz en los escaques de la guerra.

Conversaciones a medias. Funambulistas de la mentirijilla piadosa, equilibristas del equilibrio imposible. Mil razones para seguir peleando en los días raros. Diferente, distante. Callada, radiante.

Verano de carnaval. Gato sobre el tejado, perrito fiel. Palo, palo, palo.

¿Puede ser? Lo intenta. Eso de los adivinanzas siempre fue una castaña.

Y los planes de futuro empezaron a colisionar con los planes de presente. La hora del perro. Goin’on.

Guau.

1999

Donde solíamos gritar.

Aquel 2001 todo estaba a punto de cambiar en el mundo y también en nuestras vidas. Ese grupúsculo pendenciero de la residencia se iba a convertir con el paso de las tardes y de las noches en uno más de mis asuntos de familia. Las mañanas entonces, no nos engañemos, las dedicábamos a dormir o a sembrar incordio por los pasillos segovianos. En esa carrera estudiar siempre fue lo troncal, lo pertinente era todo lo demás.

Verano de 2011, vida eligiendo nuevos caminos raros. Los labios aún quemaban historias de salitre, chupitos y hermanas del mal. En la esquina más perdida de los mapas sólo un disco marcaba la ruta. Canciones que hasta entonces nunca habíamos cantado juntos pero que adquirieron todo su significado mirando al mar camino de Roche…

Que bajen tus labios y me callen si no empezaremos a silbar…

Silbábamos porque no procedía hablar. Aquella noche, ya lo intuíamos, lo había cambiado todo. La línea fue traspasada con la inconsciencia que marcaba la necesidad. Gol en la Supercopa.

“¿Te pregunto por Dani Alves o nos besamos ya?”

“A todas fuck you por igual,
a todas gracias por igual”.

conil

Jugueteamos con los mensajes inadecuados. Rocroi no se conquistó en una hora.

Y veo partes de mi vida, como piezas de un gran tetris, que nunca encajan muy bien y sólo se entiende al revés…

La realidad que ya ninguno quería esperaba en la meseta. Pusimos la sombrilla y guardamos silencio. Horas sin palabras ni miradas que se dijesen nada. Cada uno comió a su ritmo sin pedir explicaciones. También es amistad saber entender los incendios, los fuegos que arden internos, las llamaradas que queman como nieve que no se derrite. Apagamos el calor en la arena al ritmo lento que permitía la sombrilla. Nadie hablaba y pasaron los minutos. Putas ganas de seguir el show ¿Hora de romper las ventanas?

Las olas traían resaca. Hendrix esperaba en la furgo verde buscando destino. Paramos en la gasolinera de Cádiz destino Mérida, condujimos de noche batallando contra el sueño, cruzándose con el habemus papam. Subieron los decibelios al cruzar las calles de Madrid. La vida nos iba a cerrar el Starbucks pero buscamos el Bar Las Vegas, en alguna parte, en alguna parte. ¡Terrible ciclón!

Trampeamos septiembre y le hicimos una soberana peineta al pérfido Octubre. Con destino Noviembre marcamos en el mapa una X en Valladolid. Porque habrá que batirse, imagino.

Aquí estamos. Aquí seguimos. Miau, miau, miau…

Chisum sin John Wayne

Si una persona se mide por los amigos que deja… has ganado: dejas amigos, muchos amigos.

Fue lo primero que se me ocurrió escribirte cuando todo seguía pareciendo irreal. Tenías que haber aparecido en el bar, ahí donde estábamos jota y yo esperándote. El asfalto te retuvo a mitad de camino, un cruce maldito que ahora es rotonda. Hijos de la gran.

Hay personas que lo cambian todo, torrentes de carisma que con su personalidad ejercen de flautista de hamelin de todo su entorno. Nunca vi un descarado igual, ese cabroncete de greñas descuidadas y rápidas costumbres. Enamorador de cenicientas, perfecto cretino al que cualquiera podría odiar pero todas amaban.

Nos conocimos en la última fila del instituto. Él por ser un pintas, yo por inadaptado. Él ya vivía deprisa, yo acababa de empezar a afeitarme cuatro pelos. Me adoptó como escudero y yo aprendí a mirar de lo que él ya sabía. Fueron meses de notitas, de llamadas, de amoríos incipientes. Todas suyas al final. Competíamos por miradas y guiños de nuestras compañeras, establecimos un lenguaje propio. Fue la edad del pavo más pavorosamente extraordinaria. Dos idiotas encantados de haberse encontrado.

Y Jota. El eterno inmutable. Las espaldas que ya por entonces todo lo cubrían. Eramos jovenes que se querían comer el mundo. A puñados.

Given to fly…

A estrofas de Pearl Jam sobrevivimos al curso. Silvia Jato nos daba el mediodía cada mañana. La reina de la clase sabía cómo volvernos locos con sus sonrisas a cuello cambiado. Consciente del juego de seducción al que nos retábamos, concedía de cuando en cuando con una mirada el premio al ganador del día.

Fui a la orilla del río y vi que estabas muy sola…

La otra estrella del lugar era Chisum. Una rubia delicada de buen ver, tímida, de apariencia frágil y estornudo extranjero. Porque ella no hacía atchis, hacía chisum. Podíamos llegarnos a apostar cuantos escucharíamos cada día. Cuántas veces nos derretiría. Sabíamos que nunca sería nuestra. El sherrif del lugar nos pondría cara de Gary Cooper. Pero siempre podríamos arrancar una sonrisa desde la barra. Coca cola con tinto. Mezclada, no agitada.

Sentamos las bases de cien peripecias, merodeamos pasillos, enloquecimos Toledo, probamos nuestros primeros micrófonos de radio. Tantas veces subimos a la minicadena a hacer chirriar esas guitarras.

Prometimos confesar nuestros pecados. Ir a ellas y enseñarles todo. Confesar que sí, que fue por vosotras. Todo era por vosotras: las notas, las risas, el lenguaje inventado, el ajú, el te juro que te lo juro todo. Por vosotras, para vosotras, hasta la derrota siempre y vuelta a empezar.

La vida, tú me lo enseñaste, era un buen riff. Y ese sólo me tocaría hacerlo sólo

Y aquí me ves volviéndote a escribir estas líneas. Diciéndote que no he vuelto a querer dejarme vencer por los octubres aunque sigan siendo otoñalmente persistentes. No he traicionado lo que fuimos, la vida sigue sonando a rocknroll. Pasarán otros diez años y seguiré acordándome de ti en cualquier tugurio, imaginando que pedimos una de Pearl Jam. Sonriendo a la guapa del bar (que te haría caso sólo a ti) y refrescando el gaznate en chorros de vida. Como tú enseñabas cada día. Nunca termino de pensar cómo sería todo esto contigo. Maldito seas.

Son ya diez años diciéndole a la puta vida que viviste deprisa pero no tanto como para que no te dejara seguir por aquí. Hasta para eso tenías que ser especial, tenías que irte antes cabronazo. Puñetera estrella del rock.

La vida es menos fresca sin ti querido cowboy…pero sigue prohibido rendirse

* A Luis Alberto Garcinuño

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