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You leave the room, I feel I’m fading

Intro

Me sorprendió verlo al entrar. No es que fuera extraño verlo ahí, porque él había pasado más tardes que yo en esa casa y sobre todo muchas más noches. Pero era extraño verle ese atardecer, después de todo lo que había pasado entre ellos.

Era el último día de carrera y supongo que los borrones fueron aniquilados por las emociones y las ganas de dar el último adiós.

Había ido a despedirme de los habitantes de dichos metros cuadrados. La que más me importaba de dicha casa se quedó charlando un rato conmigo en el salón mientras el resto guardaba sus cosas. Trajo un cacharro que no sé muy bien por qué seguía funcionando y dio al play. En lo que chirriaba el sistema intentado leer el cd pirata, me soltó la frase de sopetón.

“Esta canción siempre me recordaba a ti”.

Me quedé un poco en blanco, no supe que decir. Ellas se fueron, subieron la maleta al coche. Él, el de arriba, se asomó a la ventana y sonrió como siempre hacía (nunca vi tipo tan divertido). Se giro y me abrazó. Primera situación radicalmente sentimental de una noche de últimos adioses. Con un par de lágrimas cayéndosele por la cara dijo la verdad del que tiene una aguja clavada en mitad del tórax (de esas agujas malas que sólo saben pinchar). Él, el de arriba, tenía la frase:

“Joder tio, se está yendo ahora mismo la tía a la que más he querido en mi vida y no he sabido que decirle”

Seguido de un…

“y ahora se van a Madrid los que han sido mi familia de aquí…”

Se me puso un crigcrafscataplaf en el estómago.

Crigcrafscataplaf que he recordado al leer la última nueva maravilla de Ana Vázquez: 124 razones para leerla.

[ Y desde entonces en repeat "Mi realidad" de Tiza. ]

“…y aquí te espero en el aire con un qué habría pasado si quizás…”

(…continúa al final)
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Nudofftopic


1. Te miran raro

Eres del Real Ávila, te miran raro. Pero si además lo eres con un teléfono en la mano en mitad del Parlament de Catalunya, lo eres más. Y si gritas ¡¡gol!! junto al despacho del molt honorable, pues ni te cuento.

Resumiendo: que el sistema puede que sea injusto, pero que hay cosas que merecen la pena.

Y el momento gol se puede adivinar en la galería que he puesto de Flickr con fotos del viaje a Barcelona.

Orgullo murallito.


2. Loco por el tenis

Para empezar la semana con energía me he dedicado a buscar una canción animada de las que te hacen recuperar vitalidad. La he puesto hoy en el programa para mineralizarnos después de hablar del punto 1.

“Primero el drive, con rodillas flexibles
la raqueta en posición
gira, mira, pega y pank!
qué bueno es el tenis…”

Videazo imperdible de los que no se pueden perder

3. Y para terminar de coger ánimos para llegar a los días de asueto, vaya aquí una recopilación de momentazos de “Date el bote”.

Mi preferido es el del minuto 1:10 cuando dice “Amen”. Buenísimo. [ Judas, te va a gustar ]

Aquí el enlace.
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Y desenlace

Horas después, en otro ambiente, con más sueño, menos agua y otros protagonistas. Sabina me daba ya pinchacicos desde el mp3 para que me lo pusiera en las orejas y me hablara de peces de hielo y güisquis on the rocks.

Me faltaba una última cosa que hacer antes de acabar con todo. El mechero decía algo así

“Si quieres hacer el amor conmigo esta noche sonrie”.

Le pedi un cigarro a NGus.

“No, para mi no, para ti”
“¿Por?
“Para que puedas usar este mechero”
….
“Te has reido”
“Hay que ver Ru, como me vacilas siempre”
“El último día que estoy en Seg y sigues sin darte cuenta de que estoy enamorado de tus huesos”

Hice las maletas y al día siguiente todas las rutinas habían cambiado. Un mensaje en el móvil, mirando al acueducto, me ponía que esperaba que todo me fuera muy bien, en serio.

La almohada no habla

Pero estoy seguro de que dentro de cinco horas me dirá que debería pasar más tiempo con ella. Realmente seré yo el que se lo esté diciendo a la cama porque – como decía al principio – una butterfly pillow no habla. Y más si no es de la teletienda.

Lo peor de los viajes es ponerse al día al volver. Sobre todo si eres un dgenerado como un servidor, que hasta que no tiene controlado al mundo no se acuesta. Como si mi repaso a los favoritos del Firefox sirviera para arreglar algo.

Todo lo anterior y lo que ahora os escribiré me ha llevado a evocar una serie de pensamientos (recuerdos de cosas escritas, escuchadas y leídas) que intentaré resumir rápido, que el sueño aprieta y ya ven…aquí ando echando un vistazo al recinto propio.

Primero al llegar a casa me he dado una vuelta por viejos pensamientos para encontrar momentos con sensaciones parecidas. No lo llamo “jet lag” ni “sindrome post-vacacional”, aunque algo lleva de ambas cosas y de vuelta a empezar….

Poco antes de ver las murallas en el horizonte, un C4 se me metía en el carril. Se ha llevado un buen susto al verme aparecer más allá de lo que supongo un punto negro en su retrovisor. Yo he bajado el pedal de la velocidad que llevaba y que no adjunto por si acaso y recordaba lo que al llegar a casa he buscado:

“Eres el más grande, tu tiempo ha llegado. Te sientes como ese estereotipo de película: la música alta, el acelerador a tope, born to be wild.

Un accidente al lado de la carretera te hace bajar la velocidad. Pero sólo un par de minutos, eso sí.

(…)

La primera vez que sufres un ataque a tu ego es la primera vez que te pones malo en el colegio. Tienes siete años, seis, ocho, el mundo siempre ha girado en torno a ti. Tu madre te lleva al médico y te quedas alucinado. Hay gente por la calle, comprando el pan, tomando café, con bolsas. Tú que pensabas que hasta las 12 nadie salía al recreo.

Luego creces, ves el mundo, te da miedo. Te haces rebelde, te dejas coleta, patillas, pantalones rotos, déjame en paz sí lo que tú digas.

Y te construyes tu realidad, te haces fuerte en el castillo. Hasta que el castillo se desmorona, una chica, un grano, un ridículo. Un problema que te queda grande…”


[ Entero aquí ]

De todos modos, esos pensamientos empezaron a formarse antes, llamémoslo punto segundo.

Con el tiempo ya sonando a maldito final de lunes vi en el Museu Maritim de Barcelona una maqueta de un barco inglés de la Batalla de Trafalgar. Creo que era del propio HMS Victory.

Y es que he aprovechado estos días para leer “Cabo Trafalgar” de Reverte… asi que enfrente de dicho navío le conté a mi cuñado la historieta de por qué había que ciscarse en el Formidable y demás amigos de la retirada deshonrosa. Haciendo honor y brindando por los auténticos Marrajo que allí realmente hubiera.

“…ajeno a todo, entre docenas de plomazos que pasan zumbando, ziaaang, ziaaang, y él sube, y sube, y requetesube, una mano, un pie, otra mano, otro pie, entrecortado el aliento, los pulmones en carne viva y los ojos desorbitados por el esfuerzo, blasfemando y jiñándose a gritos en cuanto albergan el cielo y la tierra, cagoendiezycagoentodo, sin mirar abajo, ni al mar, ni al paisaje desolador de la batalla…”


( Aquí entero y ojo: este link es un tremendo spoiler de la novela)

y es que(tercero) todo se completa con el viaje en el último taxi que pillamos en Bcn. Iba regateando por las Ramblas a infinitos sujetos que me ofrecían cerveza pensando en la Pérfida Albión, y finalmente me metí en la avispa con ruedas dándole vueltas a que Joe iba a coger algo que estuve justo a punto de atreverme a hacer (no te lo había contado, lo hago ahora, era para esta misma convocatoria pero me eché atrás)

….por entonces ya empezaba a pensar en mi sonrisa del mediocre que desembocaría en la relectura del punto uno. Todavía tenía las imagenes en mente provocadas por la lectura de Trafalgar…cuando me dí cuenta de que el taxista había interpretado mi caradedisgustomirandoalmar por tener puesto radioéxitosdesuputamadre. Entonces, el amable conductor cambió de dial y reconocí la sintonía al instante.

Era un Pasaje de la Historia (un recuerdo que emitían). Y aunque no era exactamente el que ahora os voy a enlazar, me acordé de lo que un día que acababa como éste me recomendó Guimansán. Me dijo algo así como “¿Cónoces la historia de Blas de Lezo?” y me pasó este enlace. “Tienes su pasaje de la historia por la red si quieres”.

Es lo malo de que dentro de cinco horas sean las siete de la mañana de un martes con sabor a lunes. Que te hace recordar. Que no quieres bajar la persiana y sí seguir despierto, ser rico y poder viajar, dormir, trasnochar.

Y lo del mediocre y que querría saber escribir más corto. Y ya puestos, que gilipollas no se muere ni uno y Cebri ya nos dejó.

Al menos me acostaré evocando, con sueño e infeliz ¿como una perdiz? una historia narrada por el maestro manchego. A la mar porque habrá que batirse, imagino.

¿Te gusta “Once”?

Pintemos el cuadro de la historia. Música electrónica basura
made in avila, y un tipo escabulléndose de codazos, mirando el
infinito mientras acompaña a un hombre de careta de apariencia dura
pero sensible y fino como un rasguño de hoja de papel que sangra,
cloc, cloc, y duele, sin que muchos parezcan notarlo.

Mustio, el caballero – cloc, cloc- se debate entre un amor creciente
y temporalmente insondable, y uno que agoniza con compases de falta de
carburación. Mientras un futuro está tras la esquina, como suele ser
norma las piernas ya no le avanzan, su chispa no se enciende, los
brazos se cruzan, la voz se apaga. Cuando un amigo tiene que estar
ahí, vigilante por si cae y necesita un apoyo, una conversación de
portal y una última cerveza.

“Once” es una historia lenta, y en la que deberéis afinar el oído
para en las canciones ir descifrando el camino de la película. Un
compositor canta a su pena en la calle, hasta que le echan 20
centimos. De ahí, saldrá una historia y me atrevo a decir que también
saldrá un nuevo disco para vuestra colección.

- Reseña


“Take this sinking boat and point it home
We’ve still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You’ve made it now”

* Para J y para L.

Donde habita el Rey Loui

Una niña rubia, qué carajo pinta ahí la niña rubia. Aparta de ahí, que va a volver a convertirse. ¡Aparta! ¡Ya!

“No intentes hacerte el héroe, Rubén, no sabes. Soy inmortal y muto cada vez que me matas”

Le escabeché contra el suelo y lo que en su momento fue una mariposa letal se convirtió en cincuenta pequeñas piezas de – a saber por qué efecto – una babosa deslenguada. Saqué un cuchillo y lo partí con rabia en pequeñas piezas mientras lo separaba por toda la cocina para que tardara más en regenerarse. La niña rubia cogía trocitos y los reunía divertida cuando sólo me quedaban los gritos de angustia.

“¿Cómo era, ¡¡cómo era!!? ¿Cómo se destruía al maldito terminator en la pelí?”


Demasiadas películas, dije al ver el portatil al lado de mi cabeza en la almohada…
y lo encendí otra vez…

Sin tu calor

No era mi mejor día ni mi mejor época, pero todo cambió. Una descarga que te coloca de nuevo en el mundo para decirte que tienes algo que hacer.

2006, finales de Octubre. El teatro se llenó de gente. Tocaron sus canciones. Leyeron sus poesías.

Javier Galán era diferente. Y me dije: rubencito, tienes el testigo. Hay que hacer un trabajo y hay que hacerlo muy bien. Y es que vi que era yo ahora el que hacía algo similar a lo que fue su trabajo y no lo hacía como lo hacía él. Pensé que si yo me muriera mañana, no me recordarían tantas personas. Vale que yo no escribo poesias, ni música. Como mucho – pensé – leerían mis escritos y mis emails. Algo falla, muchacho.

Asi que me encerré en mi cuarto esa noche, con algo para beber. Tres de la mañana y escalofríos.

“Hay personas que miran al mundo y le sacan los colores. Hay personas que nos hacen ser mejores. Hay personas que provocan que nos miremos los unos a los otros y nos abracemos. Aplaudamos. Recordemos. Nos emocionemos y finalmente sonriamos.”

Y con la magnífica edición y realización de Oscar González Pato, pudimos firmar este trabajo que ahora comparto en Trapseia. Espero que os guste y que sirva para rellenar un pequeño trozo de un gran vacío.


“ La música y la poesía eran la manera de desnudar su alma. Desde muy joven disfrutó e hizo disfrutar a sus amigos. Ninguno quiso perderse el homenaje, participar en su recuerdo…cantarle sus canciones, recitar sus poesías. Javier estaba allí

(…)

No hay título en el mundo que sea superior al de amigo. Asi nos gustaría a todos que nos recordaran. Muchas personas reunidas hablando de que siempre estuvimos ahí, que les arrancamos una emoción , una sonrisa. Un día emotivo, pero no triste, porque no es triste cu ando hemos dejado tanto para recordar. Ser hermana o ser primo de una persona que te demuestran que fue tan querida, te hace estar acompañado en tu soledad que se convierte en orgullo y en deseo de recompensar y recordar y preservar el legado de quien sólo se fue a soñar.”

Para Javier Galán.

Y para Manuel Galán, por lo vivido y por vivir. Por las emociones.

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