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Los viejos vicios nunca mueren

Nos quedamos consternados. ” ¿Que Steven, qué? Tío, no me digas eso. ¿No te he dicho mil veces que una de las cosas que tengo que hacer antes de morir es ver un concierto de Aerosmith?” El cámara de Torrero me miraba desgarrado mientras se retorcía por dentro de sus pirateras entrañas. Nadie a nuestro alrededor parecía lo suficientemente trastornado por la noticia.

- A ella ni la mires, que ni conocía Stairway to heaven.

Noviembre en Zaragoza es lluvioso. Nos montamos al coche con Rivaldi de testigo. El cuerpo pedía Aerosmith pero el de Torrero no gusta de mezclar pelos largos con tardes de limpiaparabrisas. La batería de Ulrich gritaba que la memoria todavía recuerda. Enfrente el coche de los pijos paseaba su enorme A por María Agustín. Nosotros no tendremos dolby surround pero para entonces ya llevábamos un rato bañando los oídos en la lluvia de noviembre

Me aposté 12 minutos desde el canal al Pedro Sancho. El piloto ganó al jugarse la caña a que serían 20.

- “La sociedad secreta de las 4 G vendrá en mi auxilio, querido Faro”

- ¿La cuála?

- El siniestro club de las Cuatro Gotas. En cuanto caen cuatro gotas salen en manada: ¡10 a Independencia! ¡10 a César Augusto! ¡Otros 20 coches a la rotonda de Plaza Europa! ¡Y que ninguno se aparte aunque le piten!

Esa me la apunto, Calavera

- Ja, ja, ja. Seguro que son los impulsores del tranvía.

- No hagas bromas Faro. Son muy poderosos. Y cada vez más sofisticados, míralos: ahora ya tienen hasta una flota de autobuses.

Fue entonces cuando abrimos la ventanilla. El cd cambió de pista.

“Creo que ya tengo el título que necesitas. No des más vueltas. Mick Jagger siempre tendrá tu respuesta”

“Old habits die hard
and old soldiers just fade away
old habits die hard
harder than november rain”

Llegamos por fin a Paseo Cuéllar. Servidor le contaba a Rivaldi la historieta de Guillet y Stainze. El piloto lo completó con un par de pinceladas sobre Sting con los Straits.

- ¿En serio has visto a Sting?
- Sí, pero estaba más pendiente de la morena de delante, la verdad. Me pegaba unos buenos pisotones.

Llegamos a cubierto. Llovía, llovía y llovía. Pero esa tarde le pusimos rock a cada semáforo en rojo bajo el agua de noviembre.

A mis neuronas les gusta Rem

Lo tenía otra vez y se me ha escapado. Esta noche dibujé mi best-seller: había bombas, intriga, persecuciones y al final el bueno (el escribiente) salía vivito y coleando como si supiera siempre los trucos y escapatorias. Todo ello venía aderezado con una banda sonora excelente. Creo que no había oído nunca esas notas pero sonaban al mejor John Williams reinventado.

Abrí el ojo para descubrir que seguía sin ser músico ni novelista. A cambio, me prometí acordarme de la trama a la mañana siguiente: ¡Prepara el tintero! ….pero antes de procesar nada cerré los ojos de nuevo con la esperanza de seguir rodando la segunda parte. Me falló el raccord.

El cuento cambió de escenario. Supongo que en el nuevo salí descalzo a la calle o entré en calzoncillos al colegio, las pesadillas habituales sin tramoyista. Entonces sonó el despertador en forma de ladrido, me puse en pie y miré al espejo: mi no-pijama, mis sí-canas y mi amnesia de regreso. Otra semana más sin novela.

Sólo pude decir boo.

En la calle llovía un rato sí y otro rato después algo más fuerte. Me refugié en el rock de la cárcel, cremallera hasta arriba del cuello (levanta la barbilla para no pillarte) y braga hasta primera línea de pestaña. Con el Rey en los oídos salí a la calle, puse el aleatorio en el Ipod y le pedí a Mr. Cuerdas que me concediera una siguiente canción que mantuviera el espíritu. Lo hizo y guardé mi instinto asesino en un cajón

Y puede que se está haciendo tarde y está llegando el frío y la lluvia de noviembre… y con ella una nueva semana. Pero haced caso a Walt: keep moving forward. Y feliz no-cumpleaños hasta el domingo.

Más Strokes y menos Prozac

¿Quién carajo nos ha robado la alegría?

Se busca chica alegre, con cierto grado de locura, sonrisa picarona de medio lao y mirada taladrante. Poco dada a seguir ciegamente los estándares, preguntona, enfadica y cariñosa. Y todo eso sin que servidor haya pasado hoy por Calle Fuencarral.

Tengo “picor de tetillas”. Es una expresión pseudo-secreta que usábamos en Madrid cuando juntar a la cuadrilla no precisaba de tantos billetes de tren, bus y hasta avión. El sábado se levantaba con kebab, arroz o pasta; proseguía con película o Pro-evolution y evolucionaba después con un suculento paseo por la Gran Vía. Después del aire, la música, una duchita y ver alegres y coloridas madrileñas…la vitalidad volvía a correr por las venas. Espíritu sanamente vividor. Ojo, no íbamos de revolucionarios…salvo que buscar todoposible sonrisa sea una revolución. Que visto lo visto parece que sí. Hay poco rock’n'roll, demonios.

Perdonadme un segundo. Nina’s in the bedroom.

Octubre me sentó fatal y no me da la gana. Al menos no hoy, mientras me dure el efecto Reptilia. No me da la gana. Aunque lea los periódicos. Los que quedan abiertos, claro.

El otro día cerró Equipo, hoy La Opinión de Granada. He leído ambos diarios con frecuencia a lo largo de mi vida. Hoy un veterano periodista en la puerta de La Romareda me alertaba (se asustaba) sobre los tiempos que llegan: Ahora está prohibido preguntar en las ruedas de prensa, te miran mal por incomodar al poderoso, está prohibido acercarse a un futbolista. Antes los mercenarios al menos eran honrados. Ahora sólo sobre-bien-viven los paniaguados, los escribas del poder. Porque son ellos, los poderosos que manejan los hilos, los que están detrás de todo este tinglado. Retorciendo por sibilinos recovecos las libertades que tanto tiempo costaron conseguir. La dictadura silenciosa se va imponiendo mientras les pagamos el negocio. El verdadero problema del país viste con traje y corbata. Políticos, asesores, consultores y sindicaleros que sólo lo son de su propio bolsillo…ignorando al currela, matándolo a tasas, haciendo y deshaciendo con dinero público, intereses, cajas y comisiones.

Vaya esto dedicado a aquellos que son felices clavando sus puñalitos. Los envidiosos de la felicidad que nunca podrán comprar con billetes. Va por esos que como dice Reverte no compran tu trabajo, compran tu alma. Lo sentimos, Sabandijas: Nos estamos dando cuenta.

I don’t feel better when I’m fucking around

Hoy en Gran Vía un resistente ha recibido un mensaje. Lo habrá leído, se habrá reído. Le gustaría estar aquí escuchando Reptilia como en aquellos buenos tiempos. Y lo haremos pronto. Porque es tiempo de recordarle al mundo que no puede con nosotros. Que siempre tendremos tiempo para dedicarle una despedida temporal. Bye bye, my love.

De vez en cuando es necesario perder la razón

Así que me van a perdonar pero no me da la gana pensar en ningún producto químico que me idiotice. Esta noche sólo quiero rock & roll, una sonrisa de mujer y cerveza fresca en el gaznate.

Esta noche, cabrones, no me robaréis la alegría.

* Para Deivid.

Otoño en vena

…Y otros son más tristes que una despedida en la estación…

Siempre vi las sombras del tren al pasar. Me acostumbré al tranquilizador traqueteo del talgo más o menos siempre puntual a su cita con la medianoche. Primero junto a la fuente que ahora se ha convertido en un simple grifo. Después más arriba, junto a la caseta en la que siempre nos gustaba imaginar que había algo más que unos perros ladradores. Luego más tarde ya arriba en esos pisos antiguos que son iguales en todas las ciudades.

Recuerdo que el abuelo nos llevaba a las peñas y jugábamos al escondite, partíamos ramas, cruzábamos de un lado a otro la vía corriendo. Nos refugiabamos del ferrocarril que podía tumbarte con el viento. Puedo jurar que ahí me dejé un par de dientes.

Luego llegaron las obras y las máquinas y un obrero nos pilló aquella tarde en la que pensé que todavía podía ser ese un buen sitio en el que jugar a perder la adolescencia.

Y acabé más abajo que nunca pero de nuevo junto a la vía. Más allá de la fuente, más allá de las rocas que ibamos a visitar. Ahora ya todo es cemento, grúas y multitud de casas vacías. El nuevo perro sólo ladra a fantasmas.

Me cambié de ciudad y ya no siento las sombras del primer tren de la mañana. Va bajo tierra, pero la telaraña sigue ahí. No la quito, no hace nada, sólo ocupa su rincón. Será eso…que servidor también creció cerca de las vías.

A mi, maestro, también me alegra más escuchar un Quique que un dueto con Marta Sánchez. Y llegas justo a tiempo…el lunes me pilló con la hora cambiada y ahora te tengo puesto…


“Esa canción me suena”, dijiste para tí sin saber encontrar la respuesta…

en vena.

Al otro lado del canal

Pelo largo al viento en toda su extensión. Si los patos distinguen colores – aunque sea en tonalidades de grises – seguro que miran de reojo a un flequillo tan extraño. Cruza el canal con su maleta, menos veces ahora que antes. Se le nubla la sonrisa y alimenta alguna preocupacion. Luce un look agresivo pero desprende amabilidad.

El camino no fue fácil, fueron más bajos que altos. Ir a toda pastilla al final no sirvió de mucho. Cogerá otra vez el autobús al amanecer con uno de sus pañuelos al cuello. Sonrierá si le preguntas qué tal le va. Tal vez se pruebe un peinado nuevo.

Callado, tímido, seguiré observando su día a día más allá del perenne camión de reparto. Intentando descifrar el sentido de cada calada, la mirada que acaba en calma más profunda que su penúltima colilla.

Me gustaba provocarle alguna sonrisa, conspirar alguna artimaña para alargar la puesta de colores a la tarde. Tal vez nunca sepa que sin ella la tarde ya no pincela la misma cantidad de hoyuelos.

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