Category Archives: Trapisondas

La suerte y el conejo

“La colocación es fundamental”, me digo a mí mismo para ganar fuerzas y confianza. No ha sido tarea fácil lograr la ansiada posición: justo en frente de ella, a tiro de guiño y complicidad.

Nos hemos arremolinado en dos puntos (nosotros junto a la canasta y ellas en la fuente) hasta que el enviado especial de estos menesteres (Mario, “el pecas”) nos ha dado luz verde al acercamiento. Quien más, quien menos nos hemos hecho los interesantes para acabar logrando la compañía del mejor compañero de palmada, del fiel aliado que retendrá la rueda para darte justo el pase de gol en el momento final:

El conejo de la suerte – ha salido esta mañana
a la hora de dormir, oh sí ya esta aquí

haciendo reverencias, con cara de vergüenza

Tú besarás al chico o a la chica que te guste más”

Pero ellas también tienen aliadas, y ha sido Marina,  la pérfida Marina, la fiel escudera de mi ansiada Lucía, la que ha retenido la melodía el tiempo suficiente para no dejarnos hacer la jugada.

Y ha sido mi amor, mi adorada y brillante rubia de ojos azules, la que se ha levantado hacia la esquina, hacia el pivot malvado que se mete todas las malditas canastas. El gigantón guapete al que si osas quitarle el balón te pita “palo” bajo no se qué norma internacional de la federación internacional de baloncesto. Con un padre vociferante que siempre me grita “dásela a mi hijo” si me chupo una jugada de ataque.

Ahí está Lucía, agachándose justo en frente de él. Dándole un beso en la mejilla al gilipuertas, que mientras lo recibe me mira fijamente y me hace el gesto de “canasta”. Tres puntos, colega.

Y encima Marina, la vinagres, se ha reído de mi cara. En mi cara.

“Que importa si cuesta, yo a rastras mejoro…

…a que salgo de ésta, a que me enamoro”.

30 (castañas)

El diablo viste de Prada… y a veces ni eso.

Ella sin dejarse dejar pero dejando el dejarse. Permitiendo a la vibración acercarse y fluir. Las verdades siempre buscan conexión y demandan su sinapsis.

Enredarse y enredarnos.

El segundero sigue su avanzada cual blitzkrieg.

El ingenio se la juega en miradas de instantes. Cuando las palabras menos significan más. Caras insolentes que resurgen retando a los sofás.

Aguantando las miradas con sapiencia de metrónomo.

Se declara la guerra a cualquier punto que se interponga de esos ojos al infinito…

Ahí estaba esa voz.  Riéndose de mí desde mi propia cabeza.

Tu sombra se hace más pequeña, mi fantasma más grande, mi realidad más mentira. Recuerdo ya indubitable cuando la noche alucierna. Me sirvo un cubata y pongo el brazo en el sofa como un derrotado Draper en blanco y negro.

Va duro y espeso por ahí dentro.

Todos son autómatas de un engranaje que nunca cambia. Un trending topic fugaz y sin sentido. Con la sonrisa vacía y una vida de ibuprofeno.

Al final es Dios el que es un poco R.R.

Con noctunidad y demasía.

Esta realidad no suena tan real y todas las ficciones ahora parecen de mentira.

Una escombrera en la que todos sean lo mismo: una chatarra sin sueños.

Entregado a una bebida y a la pausa de las certezas que buscan su sitio entre el eco diario.

Todo está en el pasado, ahora nada es ya pausado. Nocturno análisis de un flamante cobarde envejecido Fuí yo el que por mí mismo me fui convirtiendo en otro bailador de lo inane.

“Abandonad toda esperanza” es ahora un viaje iniciático que se hace en vida.

Las preguntas adecuadas lo son todo.

La persona que te hace hacerte las preguntas adecuadas: ella lo es todo.

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—> 31

 

La carraca

Llega ese momento en el que sales a correr y te tira el abductor, te tomas dos helados y ganas medio kilo, sales una noche y tienes resaca dos días. Sí: lo bueno de este año es que ya no cumplo 30 castañas, lo malo es que las castañuelas me van sonando a carraca.

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Visualizando la juventud allí a lo lejos

En 2010 empecé una tradición que era recopilar cada año tantas sentencias como el número de cumpleaños que despedía, que sirvieran de resumen del año. Aquello resultó en “Si caemos, que sea tarde y con una sonrisa” 26 frases, “Desechando mis cervezas y yo con estas pintas” 27 sentencias, “En un año para olvidar lo primero inolvidable” 28 ejecutorias y “Caras nuevas y filosofías viejas”
29 (and the next day).

Los 30 se me caen de la buchaca pasado mañana. Y como contaba el otro día por “De bodas”, ha sido un cambio de digito bastante emocional… amigos que se empeñan en casarse o fabricar patucos, costumbres que buscan reubicación. Los rituales que a pesar de todo se resisten a morir, como apunta Deivid en un comentario. Nos cambiamos todos un poco entre nosotros, en un guión no escrito de altibajos para alcanzar la felicidad necesaria junto a la almohada. Hace tres años me junté con los dos casaderos, en una despedida de la vida a todo lo anterior. Fue profético aquel “Impertérrito imperfecto“. Creo que ese verano deberíamos enmarcarlo, entre maullidos de rebeldía.

Otros enlaces e historias:

1. En un año sin Juegos Olímpicos, es buen momento para recordar “Lo que la medalla esconde” y ver el vídeo de “Las niñas de Oro”.

2. En homenaje a “Satan is my lord”, me apetece recuperar aquel post sems sobre “El horrendificio” de Moneo.

3. ¿Cómo? ¿Que ya no tienen vacaciones? ¿Acaso no saben que verano rima con ano?

Y bah. Que somos feos.

De bodas

Confieso que lloré como una magdalena.

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Parajes de Crolles

Y seguramente lo vuelva a hacer a finales de este mes, cuando casemos a Deivid con la seño de categoría que es la Doña Madruga.

Se han empeñado en hacerme sentir viejo, esta tropa de gente que se enamora, se pone unos anillicos y se jura amor eterno y me hacen estar ahí en primera fila de enlace para dar fe de que el camino fue complicado pero que vencieron a viento, marea, kilómetros y tormentas.

Vaya panda de mamones.

Y ahí estoy yo, que soy más blando que yo que sé qué, y les miro con la sonrisica y las ganas de quererse, y noto que el cerebro manda un impulso hacia el lagrimal. Y lo contengo ahí por debajo del pómulo, diciendo oye tronco no me fastidies que voy a quedar como un gilipollas aquí llorando delante de todos.

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Paquita, hija. Están como cabras.

Pero el impulso es persistente y logra encontrar los recovecos y el párpado que se me empieza a hinchar de liquidico y J, que a mí siempre me ha tenido más calao que calao, me espeta un “¿se te ha metido algo en el ojo, verdad? Y le digo que si y me sonríe así medio con su pose de espartano y su barba de jugador de los Rockets, que es su forma especial de abrazarte con la mirada.

Cada historia tiene su aquel, con sus idas y venidas, pero hay algunas idas en las que estuviste más que otras.

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Y yo ahí, con mi cara cartón

Y les ha dado por ponerse de bodas a dos de los protas de los escritos, los consejos, los vericuetos. Las apariciones necesarias cuando el barco se iba a pique y no cualquier marinero está dispuesto a achicarte el agua.

Las marejadas, las idas, las avenidas y las venadas.

Carajo, qué bien los he casao a los dos. Decía mi padre una expresión muy de su tierra allá al sur…

“Hijo, a ver dónde me colocas la era“.

Y las eras de estos dos son altas cumbres, conquistadas como un enjambre de ciclistas peleones suben el puerto final, en el último aliento, buscando el último tirón de riñon y la última estirada de pulmón para lograr a la ansiada, la deseada. Y lo  lograron. Los mamones lo lograron. Lo logramos, que su trabajito nos costó el camino.

Total, que cuando me he querido dar cuenta estaba a lágrima viva. Recordando cuando se casó mi hermana, con la que siempre me sentí especial, y la veía allí rodeada de todos los suyos. Dándome cuenta de que aún siendo importante, su mundo era amplísimo, estaba compuesto de vivencias aquí y allí, con mucha gente siendo importante en esto y en aquello. Y, sin embargo, sabiendo que yo era un trozo importante de ese pastel de felicidad que había rellenado para su enlace.

Vamos, que sí. Que soy un moñas. Y que aquí, en el teclado, ando otra vez echando una lagrimita. Pero es que se os quiere, coño, se os quiere.

¿Quién es Guillermo Mercader?

Para responder a esa pregunta, hay que poner primero sobre la mesa otro interrogante… ¿Quién es Juan Martín Salamanca?

Para mí, Juan era otro compañero de fatigas en la tarea de perseguir la noticia por la ciudad del Pisuerga. En este mundo de ir siempre de aquí para allá, no siempre encuentra uno tiempo para conocer mejor a los apañeros del resto de medios… así que Juan era el chico joven con barba y pinta de buen tipo que me encontraba de cuando en cuando en saraos, acontecimientos y ruedas de prensa.

Y, de repente, un día me enteré que era escritor. Esta vez, me dije, no me pasaría como con Pablo Garcinuño. Le leería pronto para descubrir qué pelaje había detrás de esas barbas. En el caso de Pablo (ya conté por los #faritos2011 y en Chaflán y Pil Pil) tardé demasiado en darme cuenta el tipo de fenómeno que tenía al lado sin conocer.

Esperé la ocasión propicia, que en este caso fue el encuentro de novelistas en Ávila, y me hice con “La Confesión del Embajador”.

Elmo en la Biznaga

Elmo en la Biznaga

Verán, no me tengo por un lector fácil. Cada vez que releo un libro le encuentro cosas que antes mis ojos no veían, por lo que evito al máximo acudir por pasos ya caminados. A eso se une el intento de este ganapán de escribir cosas como el guisante o lhdhp, que te hace enredarte ya en materias complejas como el ritmo o los truquillos de narración. En fín, que de entrada voy a los libros con escepticismo. Si hay éxito del narrador es debido a que vaya recuperándome el terreno. Salamanca lo consigue desde el inicio…

“Aventuras, espionaje, seducción e intrigas políticas en la Italia de 1630, un año marcado por la peste y la Guerra de Sucesión de Mantua.”(La Confesión del Embajador)

Imagínense la empresa, ponerse a escribir de algo tan ambicioso. Pues bien, les estoy hablando de un escritor nacido en 1988 (toma ya) que se saca una obra de casi 700 páginas al respecto. Un título mediocre habría tirado de wikipedias (guerra de sucesión de Mantua) y lugares comunes para rellenar folios con poca gracia y estereotipos por doquier. Nada extraño hasta en autores de reconocido prestigio en las estanterias patrias.

Pues no.

El desalmado de Martín Salamanca – así le denomino desde la profunda envidia que le profeso tras recorrer su obra – ha tejido una obra documentadísima por la que desfilan personajes de época, tejemanejes, diplomacias, espadachines, emboscadas y peripecias perfectamente engranadas para no dejarte cerrar el libro y ansiar siempre un capítulo más. Mientras tanto – por si fuera poco – sin que te des cuenta te lleva por toda la Italia del XVII, Sevilla y otras capitales de la época dejando descripciones del lugar, de sus edificios, costumbres y comidas. ¿Cuánto se puede tardar en escribir algo así? A ojo calculo que unas 13 vidas, y sigo hablando aquí de un mozo de 1988.

Ahora bien, es que además el muy sinvergüenza lo hace con gracia. Amoríos, devaneos, venganzas, revanchas, inquinas, tropelías. Y en medio de todas ellas la muy española sanguijuela de Guillermo Mercader, Will, Kaufmann, Guillaume. Embajador, pirata y Don Juan. ¿Les va picando la curiosidad?

¿Qué esconde ese rufián de Mercader? Comprar libro aquí.

La obra, me promete su autor, tendrá continuación. También la tendrá su carrera como escritor. No le pierdan la pista, que desde su insultante juventud hay madera para muchos fructíferos éxitos.