“Ser abulense condiciona a uno para siempre, cuestión que descubrí en mi temprana infancia cuando sostuve contra viento y marea, lleno de orgullo patrio, que la Muralla de Ávila era tan mayúscula que nada tenía que envidiar a la china, sin duda más pequeña que la nuestra.   Pronto me sacaron del error, dejándome el corazón pétreo. Señal esa de que sería ya abulense para siempre, un granito más de esta tierra a la que en este libro se le…