Es una pequeña tradición de este blog arrancar cada año con los premios y luego con un primer post bienintencionado: “Feliz 2000 taitantos que esperemos que salga bien, por buenas intenciones no será”. El año pasado fui un poco mentiroso en ese sentido… Sabiendo que la salud en la familia no iba bien y que dejaba un trabajo y una ciudad que me apasionaban le pedí al año que al menos el tema del amor saliera adelante: “Si la salud no tira del carro ni el trabajo tira del carro…o el amor tira del carro o cambiamos de carro”
Sí, mi apocalipsis personal no arrancó en 2012 sino en 2011 a pesar de los videos y las buenas intenciones. Ya se sabe que cuando el espagueti volador aprieta ahoga pero bien. Te sobrevivimos – hijo puta – aunque hubiera que tirar de mil trucos e improvisaciones, de insomnios, canciones y Truffaut.
Te miré de frente, te di la espalda, probé el perfil hasta que me tiraste a la lona. Coque Malla tocaba ese día en Galileo, yo lo sabía, pero a mi me tenía en un coche entre Arévalo y Ávila con una canción en repeat. Los amigos esperaban en el bar pero yo no quería salir del asiento. Nada empujaba del carro y la última esperanza había tirado de silencio y knock out. Ahora puedo reconocer que mientras el teléfono sonaba y sonaba preguntando dónde estaba, yo no bajaba del Toledo, parado en mitad de una calle cualquiera con la música a mil decibelios intentando silenciar el estruendo de la nada. Había tocado fondo como no lo tocaba hacía tiempo. No quería ni dormir porque sabía que habría que reinventarse otra vez. El jodido octubre, hay que reconocerlo, sabía golpear.
Me volví loco en 2011, sólo me faltó la powerbalance. A la búsqueda de cambios hice gilipolleces como volver a usar reloj, cambiarlo de mano, recuperar viejos colgantes y manías, escribir sin parar, enamorarme sin medida, encomendarme mil veces a Tony Soprano para que dejara de doler. Paré incluso entre los cipreses a buscar respuestas, pedí explicaciones al karma, llamé a lo positivo para que trajera lo positivo. Y venga a comunicar.
(…)
Otra tradición de inicio de año es revelar fotos guardadas durante los doce meses y comprobar así las caras nuevas, la gente que vuelve, los que llegaron para quedarse, los que se han ido desvaneciendo, los que sorprendieron, los que defraudaron. El mundo giró sin más como diría Manzaniano y lo bueno de los años duros es que te curten y aprendes. Como diría Dexter “I’ve learned that periods of darkness can overcome us at any time. But I’ve also found that I’m able to endure. Overcome. And in the process grown stronger. Smarter. Better.”
Sin embargo, y ya que es Enero y está de vuelta, puestos a elegir me quedo con un vídeo, un momento y una canción de fondo. Hankie siempre tuvo el punto correcto: And if I go I’m goin shameless I’ll let my hunger take me there…
En aquel Octubre todavía no lo sabía pero ya había conocido a la persona que le cambiaría la cara al cuento. No sabía aún que lo que me pasaba es que seguía buscando las mismas respuestas incorrectas. El equilibrio estaba en el yang: culé, vacilona y a-tecnológica, toma nísperos. La insultona resultona guardaba el balance para este tontolhigo.
Al final ni era de Aquarius ni Hercólubus llévame. Entramos al 2012 de los mayas y las mellas esperando una nueva colección de medallas y arañazos. Keeping moving forward porque no hay otro camino (aún en la esquina más perdida de los mapas…)
Pájaros, habrá que volar y entrar una vez más en el año con todas las energías porque todo parece indicar que en 2013 seguiremos aquí y la batalla no admite perezosos.
Everybody’s on the run.
Square one



