Archivo

Archivo para la categoría ‘Por cantar’

Bipolaire: Una madurez sin frenos

Lunes, 8 de Marzo de 2010 4 comentarios

No soy el único que pecó de optimista últimamente…por fortuna. Si me revisito a mis últimos meses me encuentro siempre con la palabra compañía. Música y buenos talentos alrededor: El talento de la persona que tiene los puntos fuertes que tú tienes débiles, el talento de la persona que te llama cuando lo necesitas, el talento del amigo fiel, el talento del conversador inquieto y el del conversador viajero, el talento del que persiguió a su amor sin perder la esperanza. Viajé a buscar todas esas compañías, con un ipod bien cargado para echarle melodías a los kilómetros. Permitidme que empiece por el final de toda esta semana fantástica que ha acabado en lluvia, nieve, sofá y mantita. Un cansancio que ha merecido la pena.

Esta historia habla de cómo música y compañía se convierten en optimismo. Cuentan que hubo algo de causalidad en su encuentro. Más que azares yo creo que hubo lógica cuántica…en un espacio reducido las cuerdas con misma sintonía gustan de juntarse entre sí. El resultado fue un nuevo proceso, una mezcla de ideas y experiencias y eso siempre ha sido positivo.

Veo poco a Marazu pero es una debilidad… una de esas compañías irrenunciables. Sé que pensó en dejar todo y también sé que sólo la música le ha permitido mil veces salir a flote. Harto de tanto tropiezo perdió el equilibrio del trapecio. Su renovada sonrisa de ahora tiene mucho que ver con su encuentro con Juanmi y la irrupción de ese virtuoso llamado Imanol y su hermano Harrison.

Servidor tenía miedo al concierto. Tenía miedo a que hubiera poca gente, a que sonara mal, a que el grupo no conjuntara, a que no hubiera paracaídas para un vuelo que sería irregular y a la deriva. Ja.

Llegué y aquello estaba lleno de gente. La música la controlaba “el papa” lo que me tranquilizo aún más. La batería sonaba de escándalo…si sería buena que hasta un inculto musical como yo se dio cuenta de lo grande que era esa puñetero jovencito. Se marcaron unos primeros compases y apareció Jorge. Hacía tiempo que no le veía ahí arriba y estaba imperial. Dueño de la plaza, seguro del producto que vendía. Bien acompañado de amigos y de músicas.

Os aseguro que no podía estar más contento. Por Jorge, por su familia, por la música y ya (por elevación) por la propia Bipol-ávila. Algo se mueve, un profeta en su tierra haciendo vibrar la sala. Pero era algo más, era la autenticidad. Otro amigo más que encuentra su camino. Jorge estaba pleno y a mi se me iba dibujando una sonrisita de orgullo. Ese tío tenía un cachito mio y esto ya no hay quien lo pare.

En una tierra tan yerma de talentos, comprobar que cuatro de ellos se han juntado es una excelente noticia. Ya no es ninguna “película de ciencia ficción” decir sin “miedo” que en Ávila todavía sigue habiendo alternativa. Se llaman Bipolaire y su madurez viaja sin frenos.

El año que pequé de optimista

Lunes, 1 de Marzo de 2010 3 comentarios

No le podré nunca agradecer lo suficiente a Garfield el que me hiciera empezar el año con buen humor. Los retornos post-vacacionales suelen ser terribles y este año no lo fue. Es una cuestión de cambio de opinión (recomiendo leer a Punset).

Porque este año no se me parece en nada al anterior, aunque todo siga más o menos igual que cuando escribí Iam estis. Ha sido una cuestión personal. Resistencia, intentar siempre estar lo más tranquilo posible y desde ahí aprovechar para estar un poco más feliz. Huir de ansiedades y de cosas imposibles. Disfrutar de los momentos.

He estado cuarto de siglo persiguiendo la felicidad y me ha costado todo ese tiempo reconocer la derrota: que no sé cuál es exactamente y seguramente por eso no la encuentro. Debe ser que no hay una felicidad absoluta sino pequeños momentos que siempre recordarás. (Esto lo he visto en un anuncio de tv, sí). Pero es cierto…pienso en los días en Segovia, en mi gente de Ávila, en los encuentros en Madrid, las noches de viaje por Asturias. En todos esos momentos siempre había alguna preocupación: un trabajo mejor, una chica que nunca hizo caso. Faltaba siempre algun cachito para sentirme pleno. Y sin embargo ahora los recuerdo como grandes momentos.

Ese ha sido el cambio de chip, pensar que algún día recordaré con cariño estos días de llegar a casa y dormirme tarde entre chistes del gato y fichajes del Football Manager, en una casita pequeña con permanentes platos sin limpiar y anuncios de Maldini en el Spotify. Los años que empecé a enderezar el rumbo, el momento en el que ordené a esa mente brutal llamada cerebro que pecara un poco de optimista.

2010 está siendo pausado. Aburridamente tranquilo. Soporíferamente sin historias. Con pocas cosas que contar. Y eso también ha resultado ser felicidad.

Entre Sabina y Sinatra. Pirata cojo. Puppet, a pauper, a poet, a pawn and a king

Sigo sin respuestas a las grandes preguntas. De pequeño pensaba que los mayores no se equivocaban. De jovencito pensaba que los mayores tenían menos dudas. De menos jovencito sé ahora que dudar es mi pasatiempo favorito. He aprendido a aceptarlo y disfrutarlo. No sólo es que no sepa nada, sino que cada vez me quedan menos certezas. Girando y girando.

Ejemplo, hoy mismo. Tras un año y medio en Zaragoza y creer que tenía más o menos dominado el ambiente de la ciudad, resulta que voy a un partido de fútbol americano y descubro que sigo tan perdido como siempre. Encuentro un deporte con una enorme afición en la grada. Veo talento en donde de lejos puede parecer que hay brutalidad. Descubro respeto, pasión, amistad. Tengo una charla con un directivo durante el partido y disfruto con él de una tarde en la que aprendo cosas que jamás habría descubierto por mi mismo. Me digo entonces que tengo que salir más de casa e ir a más bares, fijarme en más conversaciones, atender a más desconocidos. No poner etiquetas previas y seguir empapándose de historias.

Y resulta que todo eso entra en colisión con parte de lo que escribía al principio. Ahora hablo de menos tranquilidad, de moverse, de no quedarse quieto. Resulta que de repente me han dado ganas de moverme, de lanzarme a por la semana, de organizarme otro viaje. 7 días, 4 ciudades. Fútbol y buena comida en Soria. Amigos y cervecita en Madrid. Música de Marazu y momentos de familia en Ávila. Viaje de vuelta con Riders on the storm y tal vez algo de lluvia. No es casualidad que cuando antes hablaba de momentos, hablara de muchas ciudades diferentes.

Ya son ganas de hacer el indio. Que me perdone el general Custer.

Llevaré cámara, tiraré fotos, almacenaré momentos. Voy a juntar deliberadamente a gente muy diferente, a ver qué mezcla resulta. Una vez más, viajaré con más ideas que tiempo. Tendré que no ver a gente que quiero ver. Al final pasará lo de siempre… lo siento Punset, pero en esto no te podré hacer caso: Habrá que dormir poco.

Marzo, qué movido vienes. Marzo, qué ganas te tengo.

De chistes, ideas y recovecos reencontrados

Sábado, 20 de Febrero de 2010 4 comentarios

Ese año 2005 no sólo jugábamos al trivial, también jugábamos al risk y hasta a veces incluso íbamos a clase. Bromas aparte, ese año destacó sobre todo por los cursos que realizamos con el Ministerio de Defensa. Ahí conocí a Ordax y a otras buenas adquisiciones que pronto volveré a juntar en Madrid.

En una de esas, me encontraba con Deivid en una habitación llena de retratos de alfonsos 13, felipes segundos y demás. El andoba me toca el hombro…

“Mira, Schumacher”

Miré a derecha e izquierda, a izquierda y derecha remiré…

Deivid señala un retrato de Juancar:

“¡¡¡Chu ma ker tad el rey!!!!!”

Esta peripecia es sólo un apunte de las cosas que como os venía diciendo últimamente he recuperado después de unos días de búsqueda intensiva por la red.

Eran años más impetuosos y viscerales. Me he releído cosas de las que ahora discreparía. Soy menos rígido, más maleado, con más ganas de que todo el tinglado pegara un petardazo. Sin embargo había buenas cosas por ahí. Lo más preciado (sin duda) ha sido reencontrar el archivo de los Premios Trapseia. Procedo a incorporar viejas categorías a los futuros Premios 2010: “Premio Walker Texas Ranger”, “Premio Mundos de Yupi”, “Premio Pesadez”…entre otros. Como el post será largo, el que quiera seguir leyendo que pinche aquí abajo

Leer más…

Coleccionista de jejes

Domingo, 14 de Febrero de 2010 5 comentarios

La llamaba Tereminaitor: Una ametralladora de palabras siempre alegre y sonriendo y siempre de aquí para allá con algún proyecto. Me habían advertido de que era así pero no sabía el huracán que se me venía encima: oírle hablar, contar cosas, reirse…todo eso sin parar. Ella actuaba así, como si fueras un amigo de toda la vida. Pero esa era sólo la segunda vez que nos habíamos juntado.

Para entonces, eso sí, ya habíamos hablado mucho. Horas de charla que acababan a las tantas. Nunca jamás me sentí tan capaz de lograr mi frustrado sueño de enamorar a una deportista. Alguien que me retirara de todos los vicios, me obligara a hacer deporte y me hiciera ir a ver todos sus partidos. De hecho así nos conocimos… entre balones de voleibol, una cámara de fotos y un par de guiños de la baraka.

Ella tenía ideas claras y yo cuatro meses por delante para dejar la universidad. Era un mar de dudas, bastante cretino, dejado al viento a ver qué melodías traía la flauta. Estaba en uno de esos momentos de crisis de final de carrera, sin saber qué hacer ni a dónde ir ni si todo lo estudiado iba a valer para algo. Sólo sabía que si no encontraba trabajo me tendría que ir a Granada y que aceptaría cualquier cosa que no fuera televisión, todo menos eso. Siempre fui un prodigio de profeta.

Pero no la idealicé por el deporte sino por su sonrisa. Decía que la comedia era representar el optimismo y ese espíritu optimista (incansable) me dejaba en fuera de juego. Me hacía cambiar de nick de messenger si no le convencía. Le gustaba acostarse pronto al son de las palmadas. A mi me gustaba gritar que el amor era un infierno



Mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,

¡habrá poesía!

..Y mientras haya una sonrisa
que haga que tu nick vuelva
deja sentir esa brisa
y próximo viaje a Huelva

“Nada, que no me sale una rima decente. Lo de gustavoadolfear está difícil, tobillito saleroso”

Le escribía mucho, siempre buscando sus sonrisas de respuesta. Pasó lo inevitable: un día me di cuenta de que ella ya no era sólo la que más tiempo ocupaba en mi cabeza. Había ocupado el recinto.

Febrero de 2005. Engañé a Deivid y su novia para volver al pabellón. No hicimos nada bien. El contramaestre se iba a Cuba y tardó más de lo previsto en hacer la maleta. A mi se me ocurrió buscar un atajo que no lo era tal. Para colmo, me había equivocado de hora y el partido empezaba media hora antes. Total, que llegamos ya en el segundo set. Y no estaba.

“Se habrá lesionado”, me dijo Deivid. Mi mente lo rechazaba, porque de ser así estaría en el pabellón. Mosqueado, extrañado, le mandé un sms. Olía a Murphy por todas partes. Había salido dispuesto a partirme los dientes, confiando en que nada se torciera. Y se torció.

Un tobillo, concretamente. Quedaban cuatro meses, muchas cosas que hacer, muchos horarios imposibles de coincidir. Pasábamos horas chateando en aquella época universitaria de finales de camino. Reconozco ahora que nunca me atreví a ganar, ni supe si podría haberlo hecho.

Eran años de Ryan y Extremo cuando ya dejábamos de ser los canallas habituales. Bajamos del tejado para empezar a reconocer que ni el amor era infierno ni siempre íbamos a salir vivos cuando te juegas el tipo y no eres más que un miserable ratón…

Su risa era en morado, yo moría por su risa. Pero ésta no es una historia triste, sólo era una historia imposible. Ella dejó la península y yo la universidad. Los dos cambiamos de ciudad, de rutinas, de trabajo, de vida. Yo abrí el blog de “Faro” que al releerlo estos días ha hecho que me pusiera a recordar todo ese proceso de salto vital. Los dos íbamos a cambiar y sin haberlo previsto nos fuimos de la mano en el proceso. No sabíamos entonces en qué nos íbamos a convertir. Creo que nos salió bien, voleibolera.

Siempre seguimos hablando, aunque cada vez lo hacíamos un poquito menos. Fue cuatro años después cuando Copenhague nos recuperó.

Se fue no a 1000 sino a 2000 kilómetros. Recuperamos el contacto, las canciones, incluso algún “jeje” de los que hacían época. Seguimos siendo amigos y ninguno olvida que desde el día de la pata chula nos seguimos debiendo ese trivial.

Hay días tontos…

Miércoles, 10 de Febrero de 2010 3 comentarios

Ya funciona la línea 10 y ya no es en Plaza de Castilla donde creo encontrarme a todo el mundo. Un bocata de atún y una botella de agua en pelea contra mi sudor por subir corriendo en el metro por las escaleras: el panel de Chamartín indicaba que mi tren salía en 10 minutos. Busqué asiento, no lo había. Un vagabundo dormía en cuatro de ellos, acurrucado. Aunque no lo fuera, él era yo. Allí estaba tumbado esperando (imaginé) a que su amor perdido volviera a pasar por Chamartín, por donde todos acabamos pasando antes o después…

No me dirán que no es un inicio prometedor. Es el penúltimo resultado de estas pesquisas que cada día me hacen dormir menos y menos. En algún agregador perdido (o como se diga a esas churreras de textos que hay por ahí diseminadas) estoy encontrando pequeñas partes de algunos textos míos de los que consideraba extinguidos.

Y tengo una mezcla interna… alegría por recuperar esos trazos, rabia por haber sido tan idiota de arrojarlos a las llamas. Creo que necesito unos letras de Ryan…

Todo aquello que escribí lo perdí en un día tonto en el que mi anterior Pc decidió morir justo antes de hacerle una copia de seguridad a los documentos importantes. El día del infame pantallazo azul. El tonto del día previo fui yo que, en un arrebato de enfado y miedo con el mundo, decidí borrar toda huella de lo escrito por mi en el Internet. Como cabezón que soy, fui obstinado y concienzudo. Hice una buena labor de exterminio.

Afortunadamente la red y mi renovada y experimentada testadurez se han propuesto recuperar trocitos del puzzle. Estoy completando un recordatorio de viejos premios perdidos y algún texto (incluso hay un par de ellos completos, breves) de aquellos días.

Como siempre, perdonen mis legañas. Pero a veces uno descubre mucha luz en un pasado que recordaba oscuro.

The fool I am.

Dedicado a la memoria de Juan Antonio Cebrián.