El recoveco que no se deja atrapar del todo. El cariño que no se regala con facilidad. La arista que tiene siempre una nueva punta por descubrir. Un conjunto de líneas que no sospechaba que encajaran tan bien con mis huecos. Ni siquiera sabía que hubiera tantos huecos. La respuesta al puzzle era un rompecabezas aún mejor.
La canción de que el tiempo no pasara.
Yo – que nunca fui muy listo – necesitaba alguien que se riera de mis frecuentes tropezones. Responde siempre, tiene más pelotas que yo. Cabeza dura, nunca me compra una mentira. Es firme, decidida, apasionada y batalladora. Tiene mi respeto como nadie lo tuvo nunca y ese es un cemento especial.
Canta y desafina y lo sabe y repite con descaro. Sabe lo que quiere y cuando lo quiere. Es glotona y a la vez palillo. Dice que odia a los gatos porque es igual que ellos: felina, rápida y reacia a las cadenas. Mimosa cuando te lo ganaste o tal vez si remolonea.
Se acuesta con la comedia de la vida, cuando duerme habla sola y siempre sonríe entre sueños.
Nunca sueña conmigo, nunca supe por qué…
Y si me voy a las estrellas me espera abajo divertida y me mira con ojos de que habré hecho yo para merecer este colgado. Observa de nuevo y relaja la sonrisa. Por mi, de mi. De ella. De lo poco que le gusta el monocromo. De que esta vez sí dejará que la atrape en sus zapatillas verdes.
Y sí, she’s my baby
No eran blancanieves ni bellas durmientes porque la vida no es Disney ni acepta seres congelados.
“Algo no va bien en lo de Jorge” me advertía en un mensaje la geniuda de Ana Vázquez. Su inquietud era también la mía por aquellos entonces, otoño tardío. No sabía bien qué había pasado pero por lo que twitteaba el barbas estaba claro que el camino se había torcido.
El negocio ha cambiado para todos y en el mundo de la música más que en ningún sitio. El problema de la vida es que cuesta dinero. Los euros no dan la felicidad pero facilitan según qué cuestiones. Un asunto puede parecer encaminado y de repente virar. Para sobrevivir hay que reinventarse y ubicarse, buscar un sitio y encontrar la posición. Y los giros, en estos tiempos que corren, tienden a ser empellones que te echan la rodilla a tierra.
¿Cómo levantarse tras un nuevo golpe? ¿Hacia dónde dirigirse y con quién como apoyo? Ésta vez, aunque tal vez haya sido la más dura, es la que personalmente menos me preocupé. Aunque Jorge peque mil veces de pesimista y de no morder en el sitio correcto, su camino sólo puede encontrar ya la dirección del escenario. Esa misma franqueza que le hace vulnerable ante las realidades del negocio le convierte en gigante en el envío de emociones. Pasa el tiempo y aprende y a todo ello hay que sumar un entorno firme que no le deja caer aunque se empeñe.
Un viaje a Asturias: guitarras, cajones, perderse en el pueblo. Vitaminas para la ubicación neuronal.
Nos citamos en casa del superhéroe David Pollo. Desde que entró 2012 teníamos pendiente juntarnos todos y contarnos buenas nuevas. Porque el grito siempre vuelve y por fin había buenas noticias. No lográbamos coincidir desde entonces pero tras salir la entrevista en el Diario de Ávila decidimos que ya tocaba. Una reunión de las nuestras… una entrevista sin las rigideces del formato prensa. Sin la potencia de salir en el Diario – claro está – pero sin limitaciones de espacio ni leyes escritas.
El asunto pintaba bien. Unas palabras de Billy Villegas me habían devuelto la sonrisa… y verle en el escenario de nuevo con Basilio lo había confirmado. Carrocería nueva, fieles acompañantes, dirección correcta: seguir peleando
Nos sentamos. Cervezas Ambar. Un libro de filosofía con Freud sobre la mesa. El grito de Homer en la pared. Un gato negro.. ¡y de nombre Agapito!
“¿Sabes Ru que mi primera canción fue de gatos negros? Te podría cantar el estribillo…no, no, no. Deja” decía Jorge instantes antes de pisarle la cola al bueno de Agapito. No es bueno jugársela con gatos negros. Al rato el felino se revolvió y decidió meter garra en el brazo del cantante. Empate a 1 en el corral.
Comienza la charla y Teresa corrige si sale alguna palabra malsonante. Teresa lo puntualiza todo: es el yang, la cara b, la alternativa necesaria, el omega que trae el equilibrio. Con sangre de artistas, la señorita Bangsgaard es optimismo en la frente. Si Jorge protesta ella pinta una flor. Le corrige, le encamina, dulce pero firme. La mezcla vasco/danesa me enseña unos dibujos que formarán parte del diseño artístico del futuro album. Son geniales. “A “Piru” también le he metido en el proyecto, ya lo verás”.
Confirma Jorge que entra a grabar ya mismo y que espera poder tener el disco en Abril con 12 o 13 canciones. “Desde que uso el iPad no puedo parar quieto. Ahora grabo 17 canciones en vez de una. Experimento con algo más que una guitarra, no dejo de tocar cosas”
Pollo pone una grabación casera. “¿Verdad que suena a Tim Christensen?” dice Teresa. Y algo sí, bastante sí. El mono, es decir el barbas, ciertamente no ha parado quieto. “Hay que sacar las canciones ya, los “grandes éxitos”, tenemos que salir ya con ello.” Lo que no puedo asegurar es a qué sonarán ahora pero prometer promete
“Busca recursos, plantea historias” dice Marazu de Jorge García que se encargará de la batería. El resto de acompañantes son camaradas conocidos, el profeSefo Barragán, el antes mencionado Billy Villegas… y Basilio Martí. No se entiende a Jorge sin Basi y así sigue siendo. La serenidad de ese teclado a su vera invita a pensar que este año (por fin, ya sí, de una jorobada vez) vamos a disfrutar de un gran disco.
Salimos hacia los Sotanillos. La discusión se centra en torno a las vías de promoción, la web, el spotify. Hablamos del buen estado de la creación musical abulense (los imprescindibles Triolocría, Los Pedales). Pedimos una de hierbas a la salud de Freud y de los cuernos vikingos y charlamos un rato del amor. Del amor como admiración y de sentir orgullo de quien tienes al lado. Reconocemos que ya no somos lo que fuimos pero que nos gusta más quienes somos ahora.
Y confiesa Jorge entonces un último sueño: “Quiero ahorrar para un capricho. Una bici de trial. Algo para evadirme y perderme tranquilamente”. Un viaje al que también nos apuntamos
No te afeites que se te ve más la cara, loco. ¡Ay! Ahí tienes una canilla. Pelele, gijas, limitadico. Mira qué salao que es…es que es tonto el muy estúpido.
Nunca fue muy listo. Es que es muy bobin. No tienes ni idea. Es que no te da…
¿Sabes que pelele según la Rae es persona simple o inútil? Mola. Pues claro que te has dado un golpe tonto…es que tú no puedes darte un golpe listo. Me da penica el pobre arrastrao…
Mirale, si es que es un moñas.
Pareces un teletubbie. Eres un pajarito, pareces una niña. Le haces un cumplido al muy flipao… Feuco. Idiota.
Lo siento, tengo un helado: no te necesito.
(….)
Oye gilipollas que el tonto eres tú. Eh, eh, esa no me lo apuntes. Claro, es que luego subirás la lista entera y la gente no sabrá las gilipolleces que me dices tú antes…
Si una persona se mide por los amigos que deja… has ganado: dejas amigos, muchos amigos.
Fue lo primero que se me ocurrió escribirte cuando todo seguía pareciendo irreal. Tenías que haber aparecido en el bar, ahí donde estábamos jota y yo esperándote. El asfalto te retuvo a mitad de camino, un cruce maldito que ahora es rotonda. Hijos de la gran.
Hay personas que lo cambian todo, torrentes de carisma que con su personalidad ejercen de flautista de hamelin de todo su entorno. Nunca vi un descarado igual, ese cabroncete de greñas descuidadas y rápidas costumbres. Enamorador de cenicientas, perfecto cretino al que cualquiera podría odiar pero todas amaban.
Nos conocimos en la última fila del instituto. Él por ser un pintas, yo por inadaptado. Él ya vivía deprisa, yo acababa de empezar a afeitarme cuatro pelos. Me adoptó como escudero y yo aprendí a mirar de lo que él ya sabía. Fueron meses de notitas, de llamadas, de amoríos incipientes. Todas suyas al final. Competíamos por miradas y guiños de nuestras compañeras, establecimos un lenguaje propio. Fue la edad del pavo más pavorosamente extraordinaria. Dos idiotas encantados de haberse encontrado.
Y Jota. El eterno inmutable. Las espaldas que ya por entonces todo lo cubrían. Eramos jovenes que se querían comer el mundo. A puñados.
Given to fly…
A estrofas de Pearl Jam sobrevivimos al curso. Silvia Jato nos daba el mediodía cada mañana. La reina de la clase sabía cómo volvernos locos con sus sonrisas a cuello cambiado. Consciente del juego de seducción al que nos retábamos, concedía de cuando en cuando con una mirada el premio al ganador del día.
Fui a la orilla del río y vi que estabas muy sola…
La otra estrella del lugar era Chisum. Una rubia delicada de buen ver, tímida, de apariencia frágil y estornudo extranjero. Porque ella no hacía atchis, hacía chisum. Podíamos llegarnos a apostar cuantos escucharíamos cada día. Cuántas veces nos derretiría. Sabíamos que nunca sería nuestra. El sherrif del lugar nos pondría cara de Gary Cooper. Pero siempre podríamos arrancar una sonrisa desde la barra. Coca cola con tinto. Mezclada, no agitada.
Sentamos las bases de cien peripecias, merodeamos pasillos, enloquecimos Toledo, probamos nuestros primeros micrófonos de radio. Tantas veces subimos a la minicadena a hacer chirriar esas guitarras.
Prometimos confesar nuestros pecados. Ir a ellas y enseñarles todo. Confesar que sí, que fue por vosotras. Todo era por vosotras: las notas, las risas, el lenguaje inventado, el ajú, el te juro que te lo juro todo. Por vosotras, para vosotras, hasta la derrota siempre y vuelta a empezar.
La vida, tú me lo enseñaste, era un buen riff. Y ese sólo me tocaría hacerlo sólo
Y aquí me ves volviéndote a escribir estas líneas. Diciéndote que no he vuelto a querer dejarme vencer por los octubres aunque sigan siendo otoñalmente persistentes. No he traicionado lo que fuimos, la vida sigue sonando a rocknroll. Pasarán otros diez años y seguiré acordándome de ti en cualquier tugurio, imaginando que pedimos una de Pearl Jam. Sonriendo a la guapa del bar (que te haría caso sólo a ti) y refrescando el gaznate en chorros de vida. Como tú enseñabas cada día. Nunca termino de pensar cómo sería todo esto contigo. Maldito seas.
Son ya diez años diciéndole a la puta vida que viviste deprisa pero no tanto como para que no te dejara seguir por aquí. Hasta para eso tenías que ser especial, tenías que irte antes cabronazo. Puñetera estrella del rock.
La vida es menos fresca sin ti querido cowboy…pero sigue prohibido rendirse
Para ser abulense y orgulloso de serlo el martes se me olvidaron dos apuntes básicos de supervivencia: en Ávila en La Santa hace fresco y en la muralla conoces a todo el mundo, también a los de las barras. Y si Willy se va y te quedas solo y Marazu no termina de salir pues te acaban invitando. El cali está frío, el sol no calienta, la luna está llena y tú colgado y cubito. La solución no parecía ser abrazar al concejal.
Fran, sácame otro katxi que Urquijo le canta a dolores…
(…)
La memoria de Chila es memoria de artista: memoria y lagunas. El barbas siempre cuenta mal nuestra historia. Miedo fue posterior a un primer verano de encuentros. Yo acababa de terminar la carrera y era un don nadie al frente de Protagonistas Ávila. El comercial de la casa me ofreció traer al estudio a un chavalín que había ganado un concurso para sacar una maqueta. Me pasó el disco, lo escuché y entrevisté por primera vez a ese tal Jorge Hernández. Poco después me llegó un primer pánico: tenía que hacer un programa en directo en el Carrefour. El comercial volvió a tirar de mi y me recordó al señor Marazu. Le invitamos a que viniera a tocar algo. La noche anterior al programa me encontré al cantante a una hora imprudente para ambos tomando algo que no era agua en el Cetro de Ottokar…
“Pero tío…que en 7 horas me cantas en directo en el programa”
“Ya, bueno…y tú me entrevistas ¿no?
Protagonistas Ávila. Verano de 2005
La conexión entre ambos fue creciendo cada día. Yo tenía 22 años así que Marazu era todavía el Capitán Potito, un yogurín que eso sí…ya prometía mucho. Saltaba a la vista que ese jovenzuelo al que llamaban Chila era un mico que sabía sacarse letras muy interesantes. Y fue entonces cuando – un par de meses después – se me apareció por la emisora con una guitarra y un papel doblado. Eran tiempos familiarmente de mierda para ambos, tiempos de decir adiós a gente cercana. El papel doblado eran cuatro notas y unas letras escritas a borrones: la noche anterior Marazu no había dormido porque le estaba naciendo “Miedo”
Ese día me dejó con la boca abierta y supe que a ese pendejo le tendría que seguir la pista de cerca. Ahí empezó todo lo otro: el recuerdo crónico, los tropiezos y trapecios, el cubo de rubik, la madurez sin frenos. La suela del zapato.
Meses después de aquellos días estaba de viaje en Lanzarote con mi hermana. La grabación del programa de radio sonaba en el coche y cuando Jorge cantó aquello de “miedo a no verte más, miedo a la realidad, miedo a vivir bajo las luces de la oscuridad, miedo a que no contestes si te llamo, miedo a pensar que tú mañana sentirás miedo” … recuerdo como mi hermana se giró con una lagrimita y me dijo: “este amigo tuyo es muy puñetero, me encanta”.
(…)
Y ahí estabamos anoche junto a los hielos esperando a Jorge. Teresa me dio dos besos y el barbas hizo un guiño de que ahora vendría. Calculé otra media hora al fresco. Pero ahí estaba la gracia: 6 años después estábamos otra vez los dos en casa, en una de esas noches – como canta Ariel – de guitarras, tragos y amigos. Veladas que merece la pena salir del agujero. Rodri “Papa” y Nacho habían preparado una jornada especial con tres bandas y mucha música. Marazu decía en el micro que estaba cumpliendo uno de sus sueños: telonear en casa a sus ídolos.
Se podría hacer un post aparte de las vicisitudes de quedar con un músico despues de un concierto y del par de leyes que hay que infringir para lograrlo. Afortunadamente está David Pollo como sustento base y ministro del interior de la situación. Sin pollo éste ya no tendría cabeza.
Cuando por fin atrapé al barbas, Marazu empezó a contarme que sigue sintiendo que las letras no son su fuerte. Yo me reí, recordé mentalmente toda esta historia y pensé que él también forma parte de ese club de creadores que te arrastran al pensamiento rumiante, que les escuchas y te hacen dar mil vueltas a las cosas. Ya sabéis: canciones que tocan el corazón, bandas sonoras de nuestras vidas cotidianas. Amores, dolores, sabores y sinsabores, lo mágico y lo trágico. Pero esa historia y la que viene en el futuro – si os parece – os la cuento mañana jueves en Los 4 palos