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Archivo para la categoría ‘Colaboraciones’

Pongamos que hablo de escribir

Lunes, 30 de Noviembre de 2009 4 comentarios

Entro al Ave con el libro debajo del brazo. Yo como un tonto, buscando la melodía y necesitando una copa para olvidar las del día anterior. Las corbatas se multiplican y al ejecutivo (oh sorpresa) le suena una canción de Marea como politono. Saco los auriculares mientras me imagino siendo el señor Roche al que espera nerviosa en el andén la chica del cartel…

Nunca me equivoqué tanto en una primera impresión. Tanto, que me gustaría regresar sólo para tortearme. Aquel chico rubio que llegó tarde a una cena se ha convertido en una persona a la que admiro por muchas cosas. Profesionales, personales…un tipo muy especial.

Él es el observador escéptico atento a los pequeños detalles de dignidad que nos deja el día a día. Mantiene una admirable atracción por las historias melancólicas y los finales reales (es decir, los no felices). Por eso cuando recibe las buenas noticias lo hace con los ojos muy abiertos, como intentando descubrir dónde está el engaño. Lo contempla todo desde su mirilla particular, una pequeña ventana en la que suenan con fuerza los ecos de lo menudo. Un genio menudo, un menudo genio.

No me gustaría llevarle la contraria al príncipito, pero juraría que lo esencial sí que es visible a sus ojos. Y no sólo lo ve sino que se lo imagina y completa con otras historias y finales. Te escribe de algo tan devastador como el alzheimer y te lo convierte en una historia de indios y vaqueros. O sigues leyendo y descubres – sin darte cuenta – la belleza escondida de una pequeña spanish barbie.

El Congreso exhibe sus cimientos observada por decenas de jefes de obra: el madrileño de la boina, el pichi al que no le falta ni el palillo…Es curioso, Sigma 2 lo vigila todo desde su letrero en el inicio del Paseo del Congreso, conocido ahora como la carrera de San Dato Estadístico.

Aterrizo en Debob con The End of Maiden Trip en los auriculares. Escojo el banco que apunta justo a la puesta de sol y me echo a reir, sabiendo de antemano que Deivid me llamará cursi en cuanto le cuente la peripecia.

Tiny llama, ya espera en Tribunal. Leo el cuento final y cierro las tapas. El cielo va cambiando de tonalidad, los pájaros se retiran y una niña recoge hojas para su padre, que las va acumulando en el carrito. Ella se afana en la tarea, convencida de que está haciendo su mejor regalo.

El otro regalo, el que me dio el rubio, tiene el tronco de un árbol en su portada. Después de haberle pedido mil veces que me pasara algún relato, el menudo genio (genio menudo) se presentó en la televisión con su pequeño retoño bajo el brazo. Me puse tan contento que ni me acordé de pedirle que me lo firmara.

Si amar es admirar, le amo un poquito-mucho, aunque lo nuestro (caprichitos de la humanidad) es imposible. Gracias Alberto por darle letras a este pequeño viaje iniciático que me hizo recordar que vivo rodeado de genialidades cotidianas… y también de pequeños genios.

*Un video de Colourbox - Productora Audiovisual

“Naturaleza casi muerta” de Alberto Baeyens se presenta mañana Martes 1 de diciembre en la Fnac de Plaza de España (Zaragoza) a las 19:30 de la tard

El anatema febril (dos de dos)

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 1 comentario

(Viene de El anatema febril – uno de dos- )

Aprovechando el encuentro le invité a una copa, le ofrecí alguna raya y a cambio ella me ofreció su cuerpo…que rechacé sin apenas mirarla. Me despedí y me siguió. ¡Tanto se había echado a perder que no tenía ni dónde pasar la noche! Acabó en mi casa pero no la toqué. Le dejé la cama y me largué al sofá. Y vino a mí, desnuda, con las costillas evidentes y el cuerpo tembloroso. Intentó besarme y la aparté, la odié e incluso me dio asco. Empezó a llorar y gritó y me reprochó cosas que jamás había vivido conmigo. Era absurdo intentar hacerle razonar.

De repente, se levantó y desapareció para volver con una pistola en la mano. Pensé que me mataría pero no era eso lo que quería. Me suplicó que fuera yo quién la salvara, que ella no era capaz. El tacto del arma era frío, podría decir que hasta me provocó una erección. Me clavó sus ojos inexpresivos e imploró un último beso. Se le di, como uno más, uno de tantos, tantos como dejaron de importar. No me di cuenta de que aquel beso incluía una promesa oculta, inseparable y completamente terrible.

Bang.

La salvé y yo me condené para siempre. Y ahora que yo tampoco tengo pupilas y que no soy ya ni la sombra de mí mismo… sólo busco a alguien que sea capaz de salvarme a mí.

Pero no hay nadie tan estúpido.

* Por El Principio del Fin.

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El anatema febril (uno de dos)

Martes, 27 de Octubre de 2009 5 comentarios

Ejerzo hoy sólo de editor de una escritora castellana (algo mestiza) que me regala relatos de cuando en cuando. Éste me gustó demasiado, lo subiré en dos partes. Dice así…

Ella me gustaba porque era muy puta y me atrevería a decir que algo bisexual. No me importó nunca mientras fuera mi novia o lo más parecido a una que un tipo como yo podría llegar a tener. Follábamos mucho y hablábamos poco hasta que todo cambió. Comenzamos a hablar y el tiempo que no lo hacíamos nos aburríamos como ostras. A veces salíamos juntos y nos emborrachábamos esperando desinhibirnos para en casa deshacer la cama de la pasión. Pero en cambio, discutíamos siempre hasta que nos dormíamos. Y a la mañana siguiente era cualquier día de la semana sin nada de especial.

Tanto tiempo juntos para acabar así. Ella ya no era ella. Quizá no lo fue nunca. Tan sólo un juguete roto usado tanto por mí como por todos aquellos que se la beneficiaron algún día. Y por todas. Algunos minutos trataba de recordar aquellos instantes en los que la había querido de verdad y me jodía darme cuenta de que había demasiados. Tantos como momentos quería olvidarla.

Un día la eché a patadas y no es ninguna metáfora. No fue la primera vez que lo hice pero en esta ocasión no volvió. Algo que debió haber hecho antes de anclarme el daño al pecho permitiendo que me ahogara lentamente. No borraría las cosas que le hice, si algunas que le dije. Algunas veces me gustaría arrancarme su cara de pena cuando volvía drogada y con olor evidente a sexo. Ajeno. Quizás a veces, me gustaría borrarme sus huellas. Y también, borrar mi puño en la pared de enfrente.

Unos meses después me la encontré en la calle. Seguía drogándose, seguía siendo muy puta y evidentemente también seguía siendo bisexual. Todos me decían que se había echado a perder. Yo rezaba para no sentirme culpable por haberla echado a perder. Tenía los labios agrietados, se le habían borrado las pupilas, estaba tan delgada como el papel de fumar con el que se liaba los porros y la nariz le sangraba casi de forma constante como la luna sale cada noche y el sol nace de madrugada…

(continúa aquí)

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Gone with the wind

Viernes, 9 de Octubre de 2009 Sin comentarios

“Hoy he subido al Tibidabo. He observado la ciudad de Barcelona desde las alturas en toda su plenitud. Se me ha ocurrido que tres millones de personas allá abajo viven, aman y mueren todos los días. Algunos ríen también. Pensar que soy un grano de arena en Marte hace que me sienta pequeño … “ *

Perdona la intromisión, hermano. De pringado a pringado… desde aquí abajo todo es distinto hoy

* Texto completo en Jaumear

Ya lo dijo Botín…

Domingo, 12 de Julio de 2009 6 comentarios

“If you ar jiar tunait?”, ¡no!

“Lo que no son cuentas, son cuentos”

ritual*

La tenue luz de la lámpara apenas llegaba a iluminar la cuartilla en la que escribía, y la luz de la luna se colaba por la ventana proyectando una sombra clara.

Cuando no podía dormir escribía dejando su vida a un lado y viviendo la de sus personajes anónimos, personajes que sin querer tenían casi siempre mucho que ver con ella. Quizá demasiado.

Sangraba palabras en un cuaderno tan desvencijado como su vida. Sus dedos hacían brotar letra por letra los párrafos, y el papel se encargaba de empaparse de ellos y de plasmarles en sus páginas para siempre. Casi siempre escribía cosas inconexas, historias que fluían de lo más profundo de su ser. Vomitaba partes de su alma en páginas blancas que siempre acababa emborronando.

Luego con el último suspiro de su cigarrillo quemaba toda su obra. Algunos todavía piensan que lo hacía esperando quemar toda su vida con ella. Y por último se dormía entre las cenizas que el fuego no se atrevía a destruir del todo…

———————— Anawy, 20/07/08

Relatos con Z

Os propongo una idea por si algún lector quiere sumarse. Este verano en el programa “La Coctelera” de ZTV tenemos una sección: “Relatos con Z”.

Cada semana un escritor nos brinda una frase que inicia un futuro relato. Esa primera línea, contiene una zeta. El resto, unas 7 líneas como máximo, lo completa el espectador. No hay más reglas. Si alguien quiere participar esta semana, el inicio del relato (de Manuel Vilas) dice así:

“El repetido Zureo de los palomas a su alrededor le estaba volviendo loco…”

Esperamos contribuciones en relatosconz@ztv.es

(Ejemplo práctico de la semana pasada:

“Como cada verano Zaragoza se hermana con las ciudades de Hiroshima y Nagasaki….

…Dejé de oír más…el ciclista de bizing de alquiler seguía pedaleando por la Plaza del Pilar pero lejos de mí y las palabras que salían de su radio se apagaban. Yo soy Pilar, me casé el cinco de agosto en que Hiroshima fue bombardeada. El viaje de novios, de mi casa a la de sus padres, fue el diez de agosto. Nunca me ha dicho mi Braulio te quiero. De súbito me mira y dice: “Pilar, ¡qué guapa estás!” Y la bomba atómica estalla en mi alma, al darme, al fin, tras tantos años, su primer beso atómico.

El mejor de cada semana y el del verano tendrán sus respectivos premios. De los de verdad, no de los que doy yo en Nochevieja ;o)

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Epílogo para nostálgicos

La señorita Ardilla nos lee (hace 2 años) a Don Lápiz

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Sí, creo que tengo mono de radio.

Dedicado a la memoria de Juan Antonio Cebrián.