(“Forever trusting who we are… and nothing else matters” – Metallica)

No somos nadie en un universo muy grande. Si seguimos acercando la lupa, seguimos siendo una mierdecilla dentro de una maquinaria de poderosos en la que no contamos para mucho. Sólo acercando mucho la lupa encontramos el punto de vista adecuado. Los nuestros. Ahí si que somos importantes.

La historia del detective impuntual también puede tener final feliz. Tanta historia deshilachada acaba sirviendo para encontrar la costura. Tanto camino sirve para darle una chica a cada canción, poner banda sonora a los pasos. Los que consiguieron su amor a la primera punzada nunca lo sabrán del todo. No habrán gozado en plenitud del acierto y el error, los problemas y esperanzas. No sabrán cómo son las canciones de la soledad entrando a toda válvula. Vibrar, arriesgar. El dopaje de necesitar saber de ella, actuar por ella, mejorar por ella.

Por suerte el viaje no acababa en aquel conejo de la suerte. El malote que se llevaba los besos ahora vive detenido. El otro fortachón se ha quedado calvo e incluso me trata con un afecto insospechado. Vivir no era tener suerte en aquellas madrigueras. Lo mejor venía después: calzar risas, viajes y conocimientos.

Algunos dirán que el equivocado sigo siendo yo por no saber de pañales, crisis de los 8 años, bodas, arroces y lo bien que se comieron las perdices. Pero ya quedó advertido que esto no sería una historia de ganadores, sino de detectives perdidos a la búsqueda de las más esquivas huellas. Las mujeres hermosas: el mejor y más bonito misterio. Las pequeñas victorias, las grandes derrotas. Enamorarlas.

El empate final.

Cada uno es como es, cada uno encuentra o al menos busca su propia felicidad. Yo mismo empecé a escribir pensando que las líneas dejarían de tener razón de ser: antes de los 30 tendría pareja estable, un curro decente, menos dudas en la cabeza. Y crecí y crecí, y no llegó nada de eso. Sobre todo en las dudas, cada vez fui creyendo más que nada era absoluto. Perdí dogmas, filias y fobias. Aprendí a disfrutar más con los detalles y bailar con lo imprevisto.

No hay verdades establecidas ni camino para la felicidad. No hay verdades absolutas que sirvan para todos. Lo que parece blanco, al rato se vuelve  negro y al revés. Es mentira, ya digo. Nos vendieron algo que no existe. Lo de vivir era otra cosa. Se trata de ser feliz intentando no joder a los demás. Puede sonar relativista: paz y amor y perroflautas. Pues algo así, pero sin flauta ni perro. O con perro si es menester.

En cuanto al detective… no se puede subestimar la fuerza de sentirse querido. Llegado el momento del K.O. hubo de poner contra las cuerdas a las historias sin resolver. Proponerse no volver a caer en la misma piedra o en otras semejantes.

De tanto andar el camino, al final ya sabía qué sendero pretendía, qué tipo de compañía quería para sus pies. Intuía saber cómo era lo que necesitaba. Necesita dejar de buscar lo que no le convenía. Necesitaba dejar de tener miedo a encontrarla.

Y cuando menos lo esperaba apareció la destrozamoldes. La interprete felina que encontraría la armonía a esas cuerdas deshilachadas.

En ocasiones, el alfa precisa de su omega para encontrar el norte.

[Sigue en 26. Donde el tiempo no pasara]