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Una página web de Rubén Negro

Y aún a ratos ya ves

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“Hubo un momento indeterminado, allá por el decimocuarto brindis por las viejas historias, en el que acabé con una de mis compañeras encima, diciéndome cosas al oído, situándose cada vez más y más cerca, sugiriendo posiciones… y aún a ratos ya ves.

– Tengo la lengua tan afilada como tu tacón.
– Eso habrá que verlo…

A la mañana siguiente, éramos una gran nada con recuerdos perdidos. Habrá una cantidad inmensa de reflexiones que habrán muerto por el olvido de las copas. La amnesia del efecto de los bares. Ella me despacharía a mediodía con una frase que me dejó seco:

– Te has convertido en alguien serio.

Pensaba hasta entonces que la vida me había golpeado como a todos, pero que no me había cambiado
la esencia básica. Y era así, pero tal vez fuera verdad que me había vuelto un poco más triste.

Éramos los mismos que una década antes, o casi, excepto que las resacas empezaron a durarnos el triple, con las transaminasas altas y las canas reinando imperiales en la cocotera. Los chupitos con los que nos bebíamos la vida se fueron convirtiendo en tsunamis de desequilibrio. Más barrigas, menos pelo y, sin embargo, ellas más guapas, más convencidas de cómo pisan o del modo en que han arrebatado corazones a los guisantes descarriados de cada cual.

Los bares que fuimos, pensaba en el tren de vuelta mientras me ponía la muñeca en la cadera en una especie de homenaje a Iván Ferreiro, en estúpida pose. Serás como aquella canción de los años 80, que dice. Cuántos camareros serían grandes escritores. Cuántas grandes novelas quedaron sin salir porque no terminara de bajar esa botella de ron. Cuánta estantería quedo sin potencial.

Cuánto joven de provincia, sin gran relato ni boato, habría sido un poco Cervantes, con sus quijotadas y barras detrás. Cuántas reflexiones habrán muerto, víctimas de resacas y olvidos, que habrán sido diamantes antes de que acabaran los tragos.

Me quedó en la boca el sabor de la cerveza, de la noche, de los reencuentros. Me dio por pensar, en ese
inmenso escenario de la estación de Delicias, si no me habría ido convirtiendo un poco en uno de esos piperos que van al Bernabeu como quien va a la opera.

Si no sería lo que desde joven me prometí que no sería: Un zzz en un diccionario que ofrece tantas letras.”

___

Extracto de “La huella del hombre pisada”, mi segundo libro, del que se puede obtener información en esta página. 

-El capítulo, está pensando en lo musical para aparecer regado de fondo por el “Cadillac Solitario” de Loquillo-

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