Ávila, 2035

Tras acabar la fiesta de la Superbowl en el Starbucks, los responsables del local de moda en la Plaza del Pope Francis (anteriormente Mercado Grande) procedieron a inaugurar la muy esperada presentación de su producto estrella para ese black friday: decían de ella que sería “la hamburguesa del futuro”.

Y es que la humanidad había llegado al súmmum de la modernidad, un mundo, o sea, sin grasa. Todo se comía en batidos, y los responsables del Starbucks pronto lo vieron claro. Crearon clubes de gafapastas por toda la península ibérica y la ciudad del Adaja fue rebautizada como “la city de la mystique”. Los más viejos del lugar no dejaban de comentar en sus iPad Maxi la cantidad de gilipuertas que habían visitado la ciudad desde entonces.

Montando en un monopatín a lo MartyMcFly el social media strategist de la marca, aka brand, saltó a la plaza en medio de un harlem shake (esa moda, gracias a la asociación de antiguos alumnos de la Universidad, había vuelto para quedarse) y descubrió el nombre que cambiaría la alimentación para siempre:

Hamburguelight!

Starbucks coparía el mercado tras ese golpe de efecto. Todo aquello empezó en Ávila, tras esa noche memorable. Empezaron a triunfar los bares en los que se comía como las viejas hamburguesas, a dos manos, un producto de apariencia tosca, lleno de colorantes y conservantes, pero con cero calorías.

Pero lo memorable, lo verdaderamente memorable, fue lo que sucedió al amanecer: el exalcalde Martín del Pozo, flanqueado por sus tenientes de alcalde Garcinuño y Muñoz, pasaría a la historia por la palabra que espetó a los concurrientes, segundos antes de gasearles con un chorrazo de halón disparado:

Hipsters!

Hamburguelight
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