Para responder a esa pregunta, hay que poner primero sobre la mesa otro interrogante… ¿Quién es Juan Martín Salamanca?

Para mí, Juan era otro compañero de fatigas en la tarea de perseguir la noticia por la ciudad del Pisuerga. En este mundo de ir siempre de aquí para allá, no siempre encuentra uno tiempo para conocer mejor a los apañeros del resto de medios… así que Juan era el chico joven con barba y pinta de buen tipo que me encontraba de cuando en cuando en saraos, acontecimientos y ruedas de prensa.

Y, de repente, un día me enteré que era escritor. Esta vez, me dije, no me pasaría como con Pablo Garcinuño. Le leería pronto para descubrir qué pelaje había detrás de esas barbas. En el caso de Pablo tardé demasiado en darme cuenta el tipo de fenómeno que tenía al lado sin conocer.

Esperé la ocasión propicia, que en este caso fue un encuentro de novelistas en Ávila, y me hice con “La Confesión del Embajador”.

Elmo en la Biznaga
Elmo en la Biznaga

Verán, no me tengo por un lector fácil. Cada vez que releo un libro le encuentro cosas que antes mis ojos no veían, por lo que evito al máximo acudir por pasos ya caminados. A eso se une el intento de este ganapán de escribir cosas como el guisante o lhdhp, que te hace enredarte ya en materias complejas como el ritmo o los truquillos de narración. En fín, que de entrada voy a los libros con escepticismo. Si hay éxito del narrador es debido a que vaya recuperándome el terreno. Salamanca lo consigue desde el inicio…

“Aventuras, espionaje, seducción e intrigas políticas en la Italia de 1630, un año marcado por la peste y la Guerra de Sucesión de Mantua.”(La Confesión del Embajador)

Imagínense la empresa, ponerse a escribir de algo tan ambicioso. Pues bien, les estoy hablando de un escritor nacido en 1988 (toma ya) que se saca una obra de casi 700 páginas al respecto. Un título mediocre habría tirado de wikipedias (guerra de sucesión de Mantua) y lugares comunes para rellenar folios con poca gracia y estereotipos por doquier. Nada extraño hasta en autores de reconocido prestigio en las estanterias patrias.

Pues no.

El desalmado de Martín Salamanca – así le denomino desde la profunda envidia que le profeso tras recorrer su obra – ha tejido una obra documentadísima por la que desfilan personajes de época, tejemanejes, diplomacias, espadachines, emboscadas y peripecias perfectamente engranadas para no dejarte cerrar el libro y ansiar siempre un capítulo más. Mientras tanto – por si fuera poco – sin que te des cuenta te lleva por toda la Italia del XVII, Sevilla y otras capitales de la época dejando descripciones del lugar, de sus edificios, costumbres y comidas. ¿Cuánto se puede tardar en escribir algo así? A ojo calculo que unas 13 vidas, y sigo hablando aquí de un mozo de 1988.

Ahora bien, es que además el muy sinvergüenza lo hace con gracia. Amoríos, devaneos, venganzas, revanchas, inquinas, tropelías. Y en medio de todas ellas la muy española sanguijuela de Guillermo Mercader, Will, Kaufmann, Guillaume. Embajador, pirata y Don Juan. ¿Les va picando la curiosidad?

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La obra, me promete su autor, tendrá continuación. También la tendrá su carrera como escritor. No le pierdan la pista, que desde su insultante juventud hay madera para muchos fructíferos éxitos.

¿Quién es Guillermo Mercader?

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