De carnavales, islotes y pepes sin purito

Termina otra semana con otros cuantos amigos abrazando el paro. No hay semana que no recibamos una nueva puya y que no demos un nuevo paso atrás. Conducía ayer por Valladolid sin muchas ganas, cambiando a cada segundo de canción. No encontraba la melodía que me acompañara y no pude parar de cambiar hasta que Sabina vino al rescate. Con el de Úbeda y el volante salieron algunas ideas…que espero desarrollar esta semana por este mismo rincón. Sobre Joaquín, Treme y el mundo que nos espera. De cómo nos robaron la ilusión.

De momento, hoy enlazaré unos cuántos artículos que si los unen…también dan ejemplo de esa sensación. “Monstruos de otros tiempos”  ha titulado Pablo esta semana un fenomenal artículo: “Tiene algo de fósil o, mejor dicho, de esqueleto de dinosaurio. De esos que se colocan en las naves centrales de los museos para recrear grandiosos seres de otros tiempos”.

Y volviendo a nuestros tiempos, atiendan al “Principio de Pepe”: “En toda estructura, un trepa asciende hasta encontrarse con otro más cabrón que él”

La idea es de Supermon que añade… “Aquí uno no asciende por méritos: asciende por una hábil combinación de adulación al superior y puteo al inferior, y si por ventura vierais a compañeros ‘legales’ en puestos elevados, pensad que posiblemente estén ahí porque algún trepa lo ascendió a él en lugar de a otro trepa al que temía como posible rival. Pues el principio de Pepe tiene dos bellos efectos secundarios, el ‘ascenso defensivo’ y el ‘ascenso títere’”. Creo que me suena de algo la idea: Un artículo de los que hay que leer.

Mejor viajemos entonces… al Carnaval, por ejemplo. “Si tuviera que describir al carnaval como un color, lo haría, sin duda alguna, con el amarillo. Pero no ese tipo de amarillo histriónico y fulgurante sino un amarillo real, agrario. Color pajizo, de alpaca. Era el color del que se teñía el horizonte castellano desde la loma de aquel pueblo. Los niños, de 15 años aproximadamente, corrían vestidos de azul hacia lo alto del montículo, junto a la carretera, para otear a lo lejos la posible aparición de un vehículo.” Una bonita historia de 505Gonza.

Y si prefieren una isla desierta… vénganse al islote de Bea: “Cogió la taza de té y la acercó a su boca. Tuvo que retirarla rápidamente porque se quemó la lengua. No le importó. Estaba a un paso de conseguir lo que andaba buscando desde hace meses. Solo faltaba que el teléfono sonara.” Pinchen el anzuelo.

Luego ya más rápidito..unos enlaces finales: de por qué “Lo que veo en Zaragoza” es un blog sensacional, de cómo sería Darth Vader de viejo (cosa nimia) y de lo bonito que está el cielo si se fijan.

Y que es verdad lo del 2012… los calcetines se emparejan solos… y Blur vive en el Oasis.

En cualquier caso, no sufran. La vida es eso que pasa mientras unos vemos Californication y otros no ;)

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