Chisum sin John Wayne

Si una persona se mide por los amigos que deja… has ganado: dejas amigos, muchos amigos.

Fue lo primero que se me ocurrió escribirte cuando todo seguía pareciendo irreal. Tenías que haber aparecido en el bar, ahí donde estábamos jota y yo esperándote. El asfalto te retuvo a mitad de camino, un cruce maldito que ahora es rotonda. Hijos de la gran.

Hay personas que lo cambian todo, torrentes de carisma que con su personalidad ejercen de flautista de hamelin de todo su entorno. Nunca vi un descarado igual, ese cabroncete de greñas descuidadas y rápidas costumbres. Enamorador de cenicientas, perfecto cretino al que cualquiera podría odiar pero todas amaban.

Nos conocimos en la última fila del instituto. Él por ser un pintas, yo por inadaptado. Él ya vivía deprisa, yo acababa de empezar a afeitarme cuatro pelos. Me adoptó como escudero y yo aprendí a mirar de lo que él ya sabía. Fueron meses de notitas, de llamadas, de amoríos incipientes. Todas suyas al final. Competíamos por miradas y guiños de nuestras compañeras, establecimos un lenguaje propio. Fue la edad del pavo más pavorosamente extraordinaria. Dos idiotas encantados de haberse encontrado.

Y Jota. El eterno inmutable. Las espaldas que ya por entonces todo lo cubrían. Eramos jovenes que se querían comer el mundo. A puñados.

Given to fly…

A estrofas de Pearl Jam sobrevivimos al curso. Silvia Jato nos daba el mediodía cada mañana. La reina de la clase sabía cómo volvernos locos con sus sonrisas a cuello cambiado. Consciente del juego de seducción al que nos retábamos, de cuando en cuando concedía con una mirada el premio al ganador del día.

Fui a la orilla del río y vi que estabas muy sola…

La otra estrella del lugar era Chisum. Una rubia delicada de buen ver, tímida, de apariencia frágil y estornudo extranjero. Porque ella no hacía atchis, hacía chisum. Podíamos llegarnos a apostar cuantos escucharíamos cada día. Cuántas veces nos derretiría. Sabíamos que nunca sería nuestra, el sherrif del lugar nos habría puesto cara de Gary Cooper. Pero siempre podríamos arrancar una sonrisa desde la barra. Coca cola con tinto: mezclada, no agitada.

Sentamos las bases de cien peripecias, merodeamos pasillos, enloquecimos Toledo, probamos nuestros primeros micrófonos de radio. Tantas veces subimos a la minicadena a hacer chirriar esas guitarras.

Prometimos confesar nuestros pecados. Ir a ellas y enseñarles todo. Confesar que sí, que fue por vosotras. Todo era por vosotras: las notas, las risas, el lenguaje inventado, el ajú, el te juro que te lo juro todo. Por vosotras, para vosotras, hasta la derrota siempre y vuelta a empezar.

La vida, tú me lo enseñaste, era un buen riff. Y ese solo me tocaría hacerlo solo

Y aquí me ves volviéndote a escribir estas líneas. Diciéndote que no he vuelto a querer dejarme vencer por los octubres aunque sigan siendo otoñalmente persistentes. No he traicionado lo que fuimos, la vida sigue sonando a rocknroll. Pasarán otros diez años y seguiré acordándome de ti en cualquier tugurio, imaginando que pedimos una de Pearl Jam. Sonriendo a la guapa del bar (que te haría caso solo a ti) y refrescando el gaznate en chorros de vida. Como tú enseñabas cada día. Nunca termino de pensar cómo sería todo esto contigo. Maldito seas.

Son ya diez años diciéndole a la puta vida que viviste deprisa pero no tanto como para que no te dejara seguir por aquí. Hasta para eso tenías que ser especial. Tenías que irte antes cabronazo. Puñetera estrella del rock.

La vida es menos fresca sin ti querido cowboy…pero sigue estando prohibido rendirse.

* A Luis Alberto Garcinuño

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4 Responses to Chisum sin John Wayne

  1. Moker dice:

    Como siempre magistral, los que no le conocimos también lo sentimos a través de tus palabras. Eres un gran amigo, de esos que todos querríamos tener. Estoy seguro de que a él le habría encantado que le recordaran como lo haces tú.

  2. belga_seg dice:

    Estoy con cada una de las palabras que ha escrito Moker. Me he imaginado enamorándome de Luis Alberto; que, por otra parte, no me habría hecho ni caso. Qué grande lo escribes todo.

  3. elprincipiodelfin dice:

    Cuánto tiempo sin entrar (no porque no quiera) y qué rápido me he dado cuenta de que lo echaba muchísimo de menos!
    Sigues siendo tan grande…
    prometo volver a las buenas costumbres y tú prométeme unos dardos pronto =)

  4. zedlyon dice:

    Prometí no derramar una sóla lágrima más por él, casí me haces perder mi promesa, aún guardo los cds de Pearl Jam que se compraba, siempre lo hacía antes que yo para demostrarme que hasta en eso era más hábil; por eso los guardo a pares, todos y cada uno de ellos. Sólo soy fiel a dos de las promesas que me hice: sonreir al recordarle y cantar a lo Vedder siempre que pase cerca de donde reside inmortal. Aún no he fallado, aún con el lacrimal a punto de estallar estoy con mi media sonrisa de rigor. Desde hoy prometo dedicarle en mi blog un espacio perpétuo que hablará de los discos que más le gustaban o que disfrutará escuchando desde muy arriba antes que yo, como siempre. Empezaré con algo muy especial que le ponía esas "greñas descuidadas" de punta: L.A. Woman, que también guarda algo de su nombre y de su personalidad. Puñetera estrella del rock. Gracias Rubén por hacer el recuerdo tan vivo.

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