Monthly Archives: julio 2010

…y ellos se juntan

A veces uno se siente especialmente orgulloso de decir “Conozco a esos tipos”

Larga vida a Triolocría

El cojo eterno

No me voy a engañar, yo también tenía una pequeña crisis de confianza en él. Mantenía el instinto del que nunca hace nada pero no parecía suficiente. Se había lesionado Van der Vaart y el Madrid estaba un poco perdido. El Zaragoza planteaba un partido físico y de mucha entrega. Sin el holandés, los merengues sufrían en la conexión con los puntas. Raúl no terminaba de encajar.

Yo era uno de los afortunados que estaban presenciando un momento histórico. Podía ser la última visita del 7 a Zaragoza, regreso final al lugar del inicio. Lo que no sabíamos es que ese iba a ser también su último partido.

De repente se lesionó. Le estuve siguiendo toda su última jugada, ya no se me olvidará. Primero levantó el brazo pidiendo que se parara el juego, pero algún compañero sacó rápido. Hizo un gesto de rabia pero salió pitando hacia el área. Estaba bastante cojo pero como siempre bastante listo para estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Su último toque en La Liga fue un gol.

No podía haber sido de otra manera. Con 50 años más seguiría marcando más goles que otras estrellitas de medio pelo.

Tenía al lado a un compañero bastante soriano y culé. La afición chillaba con mucha razón, el Zaragoza se jugaba mucho. Pero cuando se retiró el capitán los aplausos ganaron a los silbidos. Era la despedida del más grande. Se agotarán estos días los adjetivos y será merecido. Los acuchilladores se irán batiendo en retirada con el paso de los años. Se agigantará su recuerdo. El campeador, el ejemplo.

Desde hoy muchos somos del Schalke 04

Cosas de marcianos bajitos

Veo en Film Affinity que no llega al seis de media. Yo he puesto un 9 planetario. Me habrá pillado en madrugada blanda. La tenía guardada desde antes de la mudanza… no sé si por recomendación de alguien o como parte de mi viaje por la filmografía de Cusack. En cualquier caso ahí estaba, esperando su momento.

Hace dos horas me tejí otra vez la trampa. Me la puse para unos minutos, para echarle una invitación al sueño. Pero cuando te tienes acostumbrado a apurar todos los luceros del alba, el cerebro no entiende de futuros madrugones.

Título astronómico. Me encantó el inicio. Me chifló la continuación. Se me pasó volando. Y no sólo no me dormí sino que me tuve que poner a escribir esto. El cabrón del despertador amenaza con sonar en menos de tres horas.

Debe ser algo marciano estar delante de una pantalla escribiendo algo que no leerá nadie hasta el día siguiente. Mañana (hoy) me perseguirán las legañas a la velocidad de la luz. Pero no importa. Han sido dos horas fantásticas. Me acuesto con una sonrisa un poquito mayor de la que lucía al despertar.

Lo supe desde que vi la caja moviéndose. Sí, soy muy flojico, pero eso es lo que me enganchó. Adivino la fórmula que hay detrás del guión: niño raro con problemas, hombre viudo con un espacio que rellenar. Ok, infalible. Y además, el otro día en el tren también me puse lloricoso con una peli de Richard Gere sobre un perro fiel que esperaba a su amo día tras día. Sin dudarlo.

Lo admito. Pero el Niño de Marte está soberbio en su actuación. Y ya es un hecho que no puedo dormir, eso está claro. He caído atrapado por ese condenado marciano sin antenas: su cinturón de gravedad, su polaroid, su mirada curiosa. Su defensa de lo suyo…también sin dudarlo. Será que con los años me fío cada vez más de los niños y de los perros y menos de todo lo demás.

De vuelta a mi noche de insomnio miro la luna que tengo enfrente de la cama. Echa luz cuando llega la oscuridad. Por la ventana La Seo me mira vigilante mientras doy vueltas imaginarias a la habitación. Busco a un Hobbes o al peluche rojo. Pensando en brindar por todos los pequeños Calvin que viven en su pequeño mundo de fantasía. Esos geniales bajitos que saben lo que de verdad importa en esta vida: la sonrisa, una ilusión.

Si pudiera elegir como acabar esta historia estaría a lomos del gran bichejo de la historia interminable. Gritando a las nubes que el mundo de fantasía no se rinde. En la mía, al menos, mañana no suena el despertador.

Dichoso Morfeo llevando otra vez esas m&m de colores.

Sincretismo en telelimbo

Llevaba así ya más de tres meses, 108 días concretamente. Y otra vez más el repetitivo sonido: pí, pí, pí. Sonaba la alarma. La mañana amenazaba a jeroglífico. Decidió salir del bunker que era esa cama y apagar el maldito despertador.

Saltó de la habitación a la ducha. Tocaba día de traje, aquello podía ser legen – espera un momento -dario. ¿Cómo conocí a vuestra madre? – se preguntó – Pues viendo vuestras caras de hijos de …espera un momento… Harry no aprobaría esto. Se saldría del código.

Miró su caja de donuts y se comió los últimos dos que quedaban. Paciencia, buen amigo: santa rita, rita. Lo que se da no se quita y que salga el sol por Antequera.

Pero una cosa estaba clara: todos los días un plátano. Tendría que salir al fresco y pegarse una aventura de las que ya les gustaría a un jovencito rappel. No se le daba bien hacerse el adivino, para eso ya existía el pulpo paul.

Siempre fue más de gaticos y monetes. Al fin y al cabo era tauro, cabezón. Se había echado un cóctel de doce colonias. Se lo merecía. Por todos los dioses, por Atenea, los caballeros del zodiaco. Por todos sus compañeros y por él el primero.

Era la hora. No habría alternativa ni en este universo ni en otro. Tenía que hacerlo. Era eso o acabar en un sotano de Harvard en manos de un obispo granjero científico loco. “A mi que me registren lo que quieran menos el hipocampo. Eso es mío y sólo mío”.

Trece, trece veces había tenido que salir a hacerse esa condenada prueba. No creía que fuera lupus, pese a todo. No había diagnóstico. Por ahí no se asomaba ni de lejos un “elemental, querido watson”.

Tenía que seguir, todo el mundo miente. A lo mejor le habían abducido y él y otros 4400 por todo el planeta estarían a punto de desarrollar extrañas habilidades. A estas alturas él ya sólo quería salir de la burbuja.

Pero el final iba a ser peor que subir el Tourmalet animado por un corrillo de drogatas de Baltimore. Si no juegas, no puedes perder. Había una línea muy fina entre el cielo y su estado mental.

Tenía 24 horas para dejar de estar perdido. Eso era algo que no olvidaba ni por un memento. Se puso los guantes, inició el interrogatorio. ¿Para quién trabajas? ¡No busco venganza, busco justicia!

El mundo iba para un lado. Él y la gente hacía otro. Podía haber sido un día para recordar. Un homenaje a sus vicios caros. Pero una mentira no es una parte de la historia. Es simplemente una mentira.

Y de fondo ellas, siempre ellas: Fuiste mala, fuiste muy muy mala.

El corazón de Arenys

Decenas de años de maldición. Codazos en la cara, porterías que se hacían pequeñas, árbitros que resultaron gandules. Un país condenado al perpetuo fracaso en el considerado deporte rey. Colectivos más o menos brillantes pero siempre empequeñecidos por una negatividad constatada y creciente durante lustros. El mismo muro. Nunca pasaríamos de cuartos. No lo merecíamos, eramos un país futbolísticamente pequeño.

Brasileños, alemanes, franceses…nos miraban por encima del hombro. Contra Italia – zoquetes competitivos – nunca pasaríamos. Y no hablaríamos nunca con el orgullo de un argentino: jamás tendríamos un Diego.

Y ahí estábamos otra vez. Jugando más brillante que nunca y dejando a Buffon a cero. Como siempre. Pero a esta generación no la iban a engañar. No querían saber de límites o de complejos históricos. Estaban unidos, podían. A De Rossi le castigo el gran Espagueti Volador. Iker se hacía gigante en sus fogones.

Todo el país saltó. Nadie se lo podía crecer. Cuartos, italia, penalties. Ese chavalito estaba destinado a fallar. El quinto sería para un crío de 21 años. Sobre sus hombros el peso de la maldición.

Resopló, dio unos pasos hacia atrás. Luego confesaría que ya sabía lo que iba a hacer: esperar a que Buffon se tirara a un lado.

El caballo de Espartero había nacido en Arenys de Mar

Lo estaba pasando mal en Sudáfrica. A Cesc no le gusta ser suplente. Falló una ocasión clarísima cuando ya no había tiempo. Se llevó otra bronca de Casillas por hacer falta cerca del área. Pero otra vez iba a estar listo para la historia.

Torres colgó un balón a ninguna parte. Cuatro tulipanes vigilaban ese vuelo inútil….pero Cesc vigilaba el rechace. Reaccionó más rápido que ninguno y atisbó al pequeño Iniesta. Lo demás es historia.

Esa cervecita se la tenía merecida.

Sigue teniendo 23 años y ya es un veterano de nuestras guerras deportivas. Por siempre y para siempre para mi será nuestro desatascador. El hombre que lo inició todo.

Gracias, Francesc.

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