Touché: Acción y efecto de quitarse el sombrero
Pd: Alé, Ávila, alé, alé
Touché: Acción y efecto de quitarse el sombrero
Pd: Alé, Ávila, alé, alé
Quiso esquivarlo todo y el mundo se cayó al suelo y se diluyó en cualquier charco. Él coge un folio, un bolígrafo y un vaso de ron. Es otro escritor incomprendido que no sabe qué hacer con su vida y se refugia en si mismo. En el tabaco, la noche e incluso algún rasgueo de guitarra. Escribe y se escribe y al hacerlo se encuentra. Y se encuentra pensando en que sigue queriendo romper relojes y quemar calendarios para esquivar la soledad y la ausencia. Así que agarra el bolígrafo con fuerza y se dedica al papel. Y lo rasga como haría en un polvo apasionado escribiendo palabras que desgastan los labios y traspasan la piel. Luego cae rendido y destruye lo escrito. Tiene fuego en la mirada y temblor en los dedos. Huele a gasolina, a humo y a algo de alcohol. Viste normal y parece seguro por no aparentar. Es inconformista. Parece de esos que se comen el mundo y no dejan ni las migajas. Pero en el fondo es arte roto y lo demuestra.
it’s a blowout on a birthday cake
and a birthday candle floating on the lake
where are you? it’s getting late...
De esos que prefieren la esclavitud de la libertad. De los que nunca se rinden pero quieren fracasar…
Me paralizó por dos veces y me troceó con la sonrisa…yo aún estaba muy verde y ella era pura kryptonita. La primera vez fue más problemática, aquello no debería haber reivindicado hueco entre mis costillas. La segunda – sin embargo – fue aún más dolorosa: habían pasado meses pero yo seguía inmóvil y transparente cada vez que se me cruzaba. Mi timidez era planetaria mientras ella hablaba con acento de Badajó.
Cada vez que pasaba por mi lado me salía alguna tontería. Disparaba por disparar, más por obtener una anécdota que por pretender nada concreto. Era una morena espectacular de pelo largo y rizado. Pequeñita pero de andares endemoniados. Su expresión siempre tendía hacia la sonrisa aunque se le acercaran idiotas como un servidor. Era afable y expresiva. A la mezcla sólo le faltaba tener sentido del humor…y lo tenía.
Tuvieron que pasar un par de años para dejar de ser el cretino habitual. Ella se fue a vivir con una amiga abulense común y el messenger hizo el resto. Nunca hablamos mucho aunque desde entonces adoptamos una broma: cuando me veía, se refería a mi como Don José. Yo a cambio le hablaría siempre en tono solemne pero siempre de completas absurdeces.
Terminó la carrera y en la lista de mujeres que nunca fueron mías ella siempre ocupó un puesto delantero. Siempre sería la chica que me hizo dudar, la falda corta que me apartó con elegancia killer al dejarme pasmado en mitad de una pista de discoteca. El pelo rizo que años después me dio el teléfono que en otros días habría soñado. Pero la historia no terminaba ahí
La voz de Carlos Goñi sonaba en el coche, carretera nacional pasado Villacastín. Eramos cuatro aventureros que al día siguiente tendrían resaca viviendo una de esas noches llamadas en principio a ser tranquilas pero señaladas sin duda por Lucifer. Jueves de invierno castellano, cuatro caras detrás de un parabrisas que giraba sin descanso. Pocas cosas por hacer, parecía…teníamos que trabajar a las 9 pero se me ocurrió que podríamos acercarnos a Segovia, tal vez allí no lloviera. Engañamos para ello al cantante que buscaba absorto melodías entre aromas con piel de chocolate.
Empezó todo medio tranquilo, copa por aquí, charla por allá. En la Plaza Mayor pintamos una servilleta: quedaba prohibido el botellón filosófico. Para cumplir ese objetivo acabamos buscando el ropero amigo a orilla del acueducto. Pero además del ropero encontramos amigas. Unas…más cariñosas que otras.
El cuarto jinete me detuvo cuando servidor bajaba unas escaleras: “Quieto Rubén. ¿Ves las luces del techo? Baja ahora hacia abajo, poco a poco, y mira a tu amiga con mi amigo”. Definitivamente se le veía mentolado.
Habíamos perdido al conductor, la idea de irse pronto se desvanecía. Amenazaba a noche larga que tal vez no lo pareciera tanto en buena compañía. Entraron entonces María y una amiga por la barra. Una rubia y una morena contra un músico y un poeta que de serlo esa noche habría mordido la yugular. Pero no lo era y nos dieron las cinco y las seis y también las seis y cuarto y casi las siete.
El cielo se volvió naranja y los cuatro de inicio eramos ya siete sombras, peces nocturnos de ciudad. Tres de ellos además aleteando en un acuario ajeno del que sólo podrían salir ahogados: o bien por no nadar sólos o bien por tener encima la tiranía horaria.
Regresamos ya con la luz de día, entrando por Las Hervencias reseteando lo vivido. Todo quedó en varios qué habría pasado si quizás. Cinco horas despúes la radio sonaba a un acorde de ti con garganta quemada y revólver.
Si eso fue Enero – que tal vez fuera Diciembre – Marzo llegó muy rápido. Entre medias sólo hubo un mensaje, una invitación al cine con 60 kilómetros de distancia. Ella no se creía que yo estuviera sólo. A mí no me cabía duda de que bajo las luces de un mismo cine su kryptonita habría vuelto a hacer efecto.
Pasó poco tiempo desde entonces hasta el final. Yo estaba en un tren, volvía de un viaje por la capital. La cobertura se iba entre monte y monte madrileño. Mirando a los pinos no quería responderme a la pregunta/sms que me quemaba en la mano: algo había pasado allí en Segovia. Una puta circunvalación mal hecha desde el principio. Un trabajo que nunca mereció ir tan deprisa.
Una imaginaria sonrisa suya en un cine que por su eterna ausencia me iba a dejar congelado.
Saben de este anuncio del maquinista…
… me parece una genialidad y una metáfora perfecta para empezar a contar lo que quiero contar.
Si el año empieza en Septiembre es porque acaba en Junio. Llevo semanas haciendo las preguntas típicas para estos tiempos: ¿Qué tal la temporada? ¿Acaba un ciclo? ¿Cómo empezáis a preparar la próxima temporada? Inevitablemente, mientras hacía eso me lo preguntaba también a mi mismo.
El mundo de McNulty sigue cambiando, por eso lo del maquinista. Hay cosas que ya no funcionan y dan paso a otras nuevas. Hay que reinventarse, como sociedad y como personas. Tendremos que hacer cosas diferentes y darnos cuenta de que estamos en un entorno global muy competitivo. Yo mismo lo he visto desde mi pequeña parcela del mundo…éste ha sido el año del Facebook, las redes sociales, los comentarios, la interconexión. Ya no estamos aquí sólo los frikis, los enganchados al ordenador, ya estamos todos o casi todos. Déjenme ser ciberpijo por un momento, pero esto que ha llegado es la Aldea Global que estudiábamos.
Pronto la sociedad impondrá a sus huestes el tener que tener un ordenador en el bolsillo conectado a Internet, conectados todos. No habrá más SMS porque habrán muerto. Tendremos nuestro blackberry, ipad o lo que sea punto com. Y no me parece mal, me parece inevitable. Es más, como amante de los cacharritos es algo que siempre he esperado.
Este año ha sido fantástico, me respondería a mi mismo en una entrevista de balance de la temporada. Pero he decidido arriesgar. Quiero apostar por otra cosa que me haga ilusionarme. Creo que esas oportunidades, a pesar de cómo está el mundo, van a salir. El cuerpo me dice que es el momento de pensar o sumarme a una nueva idea. Es un órdago a la vida en el que veré si tenía o no las cartas correctas.
En fin, no me quiero poner más trascendente de lo necesario… lo mismo me tengo que quedar en Zaragoza como que me toca irme al extranjero o sumarme durante meses a las colas del Inem, siendo esto último lo más recurrente en los tiempos que vivimos. Eso sí, no he parado de trabajar desde que salí de la Universidad y no tengo vocación de parado. Perdonad que utilice este rincón para venderme, pero a ello me obliga mi nueva situación: Si tienes una idea o un puesto de trabajo, me interesa.
De momento, amigos maños, todavía tendréis que aguantarme por unos días. Pilotos o maquinistas, el viaje continúa.
Miras a tu alrededor. La situación parece plácida… eres el amo del continente. Sólo que esa no es la carta que te había tocado…la tuya pone América y Australia. Ya sabes que no vas a perder del todo si sigues en tus parcelas, defendiendo posición y tranquilo de lo que tienes.
Pero eso no basta. Tus consejeros de la mesa te empiezan a advertir… “tienes cartas para saltar de continente”. Empiezas a valorar el meterte en el charco, dejar todo y lanzarte al océano, aprovechar los posibles resquicios, ser combativo en las fronteras con la debida suerte en los cruces.
El turno pasa. Una casilla parecía apetecible pero ya no es tuya…los dados entraron en acción y actuaron a favor del más intrépido. Sigues instalado en tus lagos y montañas, pasando turnos. Sobrevives tranquilo, confiado en tus fuerzas. Y aun así sabiendo que antes o después habrá que lanzarse a la batalla…
Giros
fotografía de distintos lugares
fotográficamente tan distantes…
Miras a los rivales, cambias de gesto.
Si sigues en tu casilla azul, fin de la historia, creerás lo que quieras creerte.
Si tomas la casilla roja, veremos a dónde llega la madriguera de conejos.
Pecas de optimista (o tal vez de giliaventurero) y aceptas la decisión, mueves los soldados *
No más turnos muertos. Matrix está cambiando.