Por más vueltas que le dé al final todo regresa al colombiano. Segundo de carrera nos colgaba del campanario de la universidad. En todo lo alto se encontraba nuestra clase, alejada de casi todo menos de comunicacion, nuestros vecinos de arriba. Era una clase de Porras (que no de porra) y mi trium azul recibía mensajes de una novia nerviosa. Puede que esté mezclando días, pero yo creo que Guti acababa de sentenciar la Intercontinental y los comunicólogos villanos llamaban Loco desde el cristal al bueno de Brogeras.
Salimos al pasillo. El nuevo era un tipo raro con acento neutro, raíces europeas y pasado americano. Vivía en San Lorenzo, mi barrio segoviano. Nos fuimos hacia casa. Le dije que si le apetecía podíamos salir a tomar algo esa noche. Cuando conocí al escriba de Mr.Satán, yo era un jovencito abstemio (sólo minicopas de tequila-lima), ennoviado y estudioso.
Ahora… soy mejor, aunque envidio aquel pelo. Fueron tiempos felices para unos cuantos…
Colombia es uno de esos tipos necesarios en la vida para crecer. Con él llegó la revolución. Las líneas de la vida se ajustaron para muchos y se gestó el grupete irrompible que ahora, seis años después, marchó a Málaga antes de verle partir de nuevo a sus Américas.
Con él saqué por última vez mi vena de escritor para perpetrar un sangriento y poco original corto llamado “Mi padre me decía” que afortunadamente nunca llegará a ser ni story-board (hoy lo releí, compadre).
Después de andar con el comando por el sur, revelé las fotos que tenía pendientes. Actualicé mis corchos de fotos importantes y colgué allí a los diez mosqueteros que se juntaron con Pepe-Hillo en un patio malagueño. Al día siguiente salí hacia Segovia para coger el título universitario, pendiente desde hace tiempo. Haciendo caso a Sabina, había tardado en poder regresar a ese lugar donde había sido feliz
“Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero…”
En el parking de la Sek, ahora IE, sólo había tres obreros. Un bedel, como siempre, correteaba entre los muros. Mortadelo no, el otro. No supe si saludarle…para él hemos sido muchas caras aunque para nosotros haya sido siempre el mismo único mostacho.
Reprografía ahora es reprographic center, toma ya. Se les olvidó la advertencia: “The place where you will lose your time”. Y entonces entré al patio y me acordé hasta de Urdaci fumándose un pitillo antes de una conferencia. Me entró tanta morriña que no tuve más remedio que llamar al gallego. Su “Señorrrr, qué te cuentas” me llevó a otra foto que busqué nada más llegar a casa
Aparqué en la puerta de la Ser, paseé por la Calle Real, fui hasta La Colonial.. y no estaba Vio sirviendo cafés. Me acordé de JC (que sigue siendo imprescindible) y mandé un mensaje a la pizzera que siempre me hizo recordar las palabras de mi madre
“Tan del Real Ávila que eres y acabarás trayéndome una segoviana a casa”.
Ahí dejé otra vez a la Dama de las Catedrales, a un acueducto lleno de espejos y un barrio de San Lorenzo en fiestas…a las que esta vez no podremos ir. Mi antigua casa seguía vigilando al Ciguiñuela.
Y aunque parezca lo contrario…después de haber nadado desnudos en el mar, haber vuelto a Castilla y visitado Segovia y tras haber rastreado fotos olvidadas y trastocado recuerdos (casi) intocables…es cuando noté las pilas cargadas otra vez.
..
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Pero para eso fue necesario un sobrino y un libro del que os hablaré mañana.






Encantado de tenerle de vuelta por aquí.
Twitter: trapseia
Pues hombre, puestos a pedir no me importaría estar allí mejor… junto a usted echando unas cañejas en el Aire (para mi un pinchito de moruno)
Ya tienes el Morla prometido… Uff, yo mañana también regreso al curro, argh!!