Asumir que rendirse no es una opción
“…Y vamos viendo cómo la vida, a medida que va pasando, nos va liando de mala manera, nos va metiendo en problemas y, cuando parece que uno aprende a vivir bajo unas condiciones determinadas, entonces todo da un giro y se desequilibra de nuevo, teniendo que aprender, otra vez, a vivir bajo otras condiciones determinadas.
Tenía razón Vio (suele tenerla) cuando decía que al engancharme a “The Wire” me preguntaría por qué no la había visto antes. Ya lo hago. Baltimore: drogas, policía, vendedores, yonkis, políticos, medios de comunicación. No hay malos ni buenos. No hay visiones maniqueistas. La vida te va líando de mala manera, te va metiendo en problemas, todo se entremezcla y se junta.
Pero la frase que da comienzo a esta entrada no habla de esto, sino (lectura recomendada) de “A dos metros bajo tierra“. Una serie de la que oigo últimamente mucho a pesar de que terminó hace tiempo. Habrá que hacer caso este verano a Casciari y verla.
Y sigo con series. Serían casi las 3 de la mañana del miércoles cuando se me escapó una carcajada que debió oirse en todo el edificio. Era el final del primer o segundo capítulo de Studio 60: El programa había acabado y todo el elenco se felicitaba, se iba de copichuelas…pero en ese momento el guionista del programa Matt Albie (Matthew Perry) se gira y mira el reloj. La cuenta atrás ha comenzado otra vez, tocaba escribir de nuevo.
La rueda gira y gira. Pensaba en todo ello en la ducha, chorreando agua por las orejas. El último lugar donde soñar con escapar de la tiranía del tic-tac. Pensaba en que nada era blanco ni negro. Imaginaba cómo encontrar acomodo en las nuevas realidades inminentes. Recordaba a Deivid advirtiéndome del meneo que le iba a pegar a mi vida. Me sonreía al pensar que de nuevo caería al abismo del minuto a minuto, del tener que volver a mirar el reloj y escribir y producir y seguir con mi workaholism al que pensé que nunca llegaría.
Y mientras seguía con mis planes, la vida sucedía. Sin tiempo para pararse en recuerdos…pero con una dosis de Páez justo a tiempo para darse cuenta de cómo extrañaré a los que se van y los que se quedan.
Esto del medio audiovisual es como el fútbol. Con Junio llegan los descartes y los parches. Tampoco faltan los directores deportivos que guardan las piezas serviles y mantienen las inservibles mientras aniquilan los cimientos. Eso pasa todos los veranos. Alguna aldea gala resiste al invasor, pero son las menos.
Y así salí de la ducha, dispuesto una vez más a atravesar el parque, estornudar un par de veces, esquivar al perro ladrador y comprobar que de nuevo nos habían robado el Marca del buzón. Pensé en los honrados mercenarios y en cómo sobrevivir al juego de La Oca.
El teclado me esperaba otra vez. Sting cantando Fields of Gold y Josh Lyman Danny Tripp llamando a la puerta: It’s not going to be a problem at all
And I like it when she makes me laugh, and I like making her laugh, which isn’t easy to do, so it’s gratifying. She’s undeniably sexy. I like it when she smiles at me, and a couple of other things, but that’s it.
Estamos jodidos.




Agitaron el fresnel