Muera la inteligencia

Dedicado a mis “amigos” de la salvación del vómito.

O cómo los extremos acaban atacando lo mismo demostrando ser semejantes.

Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo , lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito “¡Viva la muerte!” y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.

(…)

Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho

Miguel de Unamuno en presencia de otro amante de la universidad

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  1. La voz de Unamuno es actual, no sabes con que interés he releido esa parte de su discurso ante el inválido fascista. Hace años, cuando casi tenía tu edad, su lectura supuso un aire fesco y una referencia de futuro para mi trabajo y mi vida.

    Ahora, después del intento de segar vidas de esos impresentables, a los que ni siquiera hay que nombrar, no por innombrables, sí por no darles importancia, las palabras de don Miguel adquieren más resonancia.

    Gracias por citar un pasaje de nuestra historia (lo siento soy historiador y me gusta)casi desconocido por la gente normal, esa que piensa que la libertad se consigue votando cada cuatro año.

    Un saludo

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