Now the sun’s gone to hell

Fue un mediodía después de que el genial Manuel Galán nos contase en la radio cómo empezaron los Dire Straits. Me metí en Internet a buscar más sobre la historia de esos sorprendidos Charlie Guillet o John Stainze cuando escucharon los acordes de Sultans of Swing.

Lo que vino a contarnos Manel es que los entonces desconocidos Knopfler llevaron a la radio una pequeña grabación de cuatro canciones sin mucha esperanza de que fuera a tener gran repercusión. Pero esos sublimes guitarrazos no pasaron inadvertidos y pudo empezar la leyenda de estos grandes del rock.

Este fin de semana creí sentir algo similar a lo de Guillet o Stainze, un estremecimiento por la espalda, viendo el tremendo final de la segunda temporada de “El Ala Oeste”.

Todo empieza después de “lo de la señora Landingham”, con la imagen del presidente Josiah Bartlett atravesando la catedral…

“Gratias tibi ago, domine.
haec credam a deo pio, a deo justo, a deo scito?
cruciatus in crucem
tuus in terra servus, nuntius fui; officium perfeci.
cruciatus in crucem
eas in crucem”

[video]


(Pincha abajo para continuar bajo tu responsabilidad de spoilers)

El capítulo te va llevando de golpe en golpe. La muerte de la secretaria con los flashback de Jed, las duras negociaciones de una Casa Blanca débil, los apuros de la secretaria de comunicación. Ese impagable momento del desencanto del presidente. “Eres vengativo”.

Y entonces empieza a sonar el Brothers in arms de los Dire Straits. Os prometo que durante toda esta escena estuve con los pelos de punta.

Buscando información por Internet, encontré un análisis del episodio “Dos catedrales” en el blog Crisei que explica a la perfección los motivos por los que me encanta esta serie

” Lo tengo clarísimo. Quiero que mi presidente sea Jed Bartlet. Quiero que los políticos de mi realidad se parezcan, aunque sea en sueños, a este político de ficción. Quiero que quienes guían mi destino y el destino de los míos sean conscientes de sus grandezas y de sus miserias, y no se fijen solo de las miserias de sus oponentes, que no se atrincheren en el desprecio, que no sonrían sarcásticos ni hablen como un Julio Iglesias pasado de rosca y soles. Quiero una cabeza lúcida aunque sea en un cuerpo enfermo. “

Entero en este enlace

No pude entonces hacer otra cosa (y ahora más después de leer Crisei) que recordar lo que también le leí esta semana a Jesús Lillo.

Repitan conmigo:

“Nadie como Resines y Bonilla para asombrar al mundo con una última y definitiva demostración de genio patrio. Podemos”

Pd: Menos mal que nos queda Marta Etura (y la ministra, proclamo).

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