(“Solo de día, solo de noche; solitario por decepción. Solo de día, solo de noche; intentando hacer una canción de amor” – Aborígenes del Cemento)

No todo en el camino fueron poesías. Perdido el centro, fue la prosa la que ejerció de trencilla. Hubo frases y noches sentenciadas a no pasar a la historia. Fue la noche. Fue la compañía. Fue mentira y a la vez la mayor verdad.

No pensamos lo mismo de noche que de día y no pensamos lo mismo entre cuatro cervezas que entre cuatro isostares. Y el caso es que por más agua que beba o por más whisky que beba, no me atrevería a decir que siempre tuviera razón el chico del agua. A veces el chico del Johnnie Walker tiene la razón. Menos equilibrio, pero a veces más certero. Y esto ahora lo está firmando el chico del agua.

[… Y lo que parecía bueno se vuelve malo, lo malo apetecible, lo bueno dudoso…qué sé yo… ]

Conste que si he sobrevivido todos estos años no fue por habilidad sino por falta de enemigos. No destaqué nunca en exceso por ser diestro en las tareas de la vida. Además, tras la chica del paraguas, atravesé una crisis de confianza en mis posibilidades que seguramente no sufría desde la pubertad. En un modo más sano de lo que parece ahora escrito, no es que estuviera de llantinas por el salón, pero no había manera de tener un 31 al juego… y cuando lo tenía no me daba cuenta de ser mano y me daba mus.

“Oye chicas, como veo que os estáis haciendo fotos con unos chicos muy feos…os voy a presentar a un amigo mio que también es muy feo”.

* Hola, encantada. Pero tampoco es tan feo.

Vaya, gracias mujer. Tú tampoco eres tan rubia.

Me fui a casa idiota, en desuso, polvoriento. Nadería gigantesca, supernova deslucida. El idiota estancado. Y llorica.

Nunca entendí nada a la primera. Antes al menos me salvaba la naturalidad, la inconsciencia. Pero, por entonces, sólo resultaba estúpido. Lento y estúpido. Sabiendo, a pesar de todo, que la alegría es la compañía,  que no deberíamos renunciar a las personas que nos causan las sonrisas y nos cambian el carácter. Es la compañía, estúpido. Todo lo demás son cenizas.

Me gustaba de la serie Flashforward que veían un cachito de su futuro y todo lo que les iba pasando parecía encaminarles decididamente hacia ese momento. En la vida real, algunos nos empeñamos en buscar el destino y otros se hacen menos preguntas. En fin, nada es tan fácil… y cada vez lo fui viendo más claro en la sociedad, en las relaciones, en mi mismo. Seguimos generalmente por seguir, renunciando a los sueños. Nos rendimos.

Dejarse llevar suena demasiado bien… y yo acuso a los míos de haber dejado de lado la naturalidad. Les acuso de haber renunciado a las batallas y haber abandonado mil sueños. Mientras pasan los días, la infelicidad, la apatía y la soledad aprietan nuevos campos. Culpo a la maestría en el arte de mirar para otro lado y engañarse a pensar que era mejor no estorbar aquí ni allí. Maldigo el día que renunciamos a buscar la felicidad. La comodidad nunca dio respuestas, solo sirvió vacíos en el estómago.

Jodido entonces, inmerso en ese bucle, escribí a una de esas chicas que le dan sentido a la historia y me atreví a confesar entre líneas lo que ella siempre supo:

“Hoy no es un día cualquiera. Hoy ese ‘nos vemos pronto’ va a ser mentira. Hoy sé que te voy a echar de menos”

Contestó su mirada y su silencio. Ese día ya sabíamos que nada de aquello volvería. Ese día llegué a casa y lloré.

[Sigue en 21. El Rol]

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