(“Necesitas ser eco de tu voz, de tu voz. Te favorece tanto estar callada…” – Niños Mutantes)

“Eras perfecta hasta que empezaste a hablar”.

No, aquel día no pasé a la historia de la elegancia. Diré en mi defensa que el cosquilleo de tantas noches no merecía acabar en una charla de tan poco fuste. El que aquí escribe parecía Chisum el cowboy ligando con Miss Arizona. Oh, well, puede que ella más bien fuera Miss Eresma, pero en fin. Dejemos ahí la conversación y descripción de sus midiclorianos. Cuando eres de una ciudad de alcahuetas aprendes ciertas habilidades de enmascaramiento que los jedis no enseñan en sus academias.

Hay risas con eco, pero sin profundidad, que mataron mil noches o exigieron servir más copas. La guerra de la hormona requiere a veces de ciertos chupitos de doping para dejar la consciencia de vacaciones.

* ¿Quién es la chica de la que escribes?

– No te pienso hablar de ella.

* Tienes que abrirte, se nota que escribes cerrado, oscuro.

– Siempre he escrito así.

* ¿Cómo se llama?

– Que no te pienso hablar de ella, joder.

* Ábrete conmigo, tienes que contar tus cosas y no encerrarte.

Me parece muy bien todo eso, pero no voy a hablarte de otra tía cuando estás tirada encima de mí y besándome.

* ¿Y escribirás de esto también?

Sí. Con el tiempo, sí.

No todas las rubias tienen la llave del candado, pero tampoco era una cuestión de pigmentos. Era suficiente con que no me convirtiera el rock&roll en canciones de O.B.K.

House no pagaba a sus putas para que le hablaran.

Aún así sería injusto decir que de aquellas noches no salieron buenas faenas. Hubo momentos para recordar: geometrías de aliño, vectores, diagonales y flechas certeras.

Violines enfurecidos, sacudidas en trance de sinfonía. Sexo in the air sin haber puesto las perchas. Hielos que pronto se quedaron solos en el vaso. Poses de sheriff que cree haber cerrado el caso.

Clinc,clinc: avance.

Es la compañía de la noche y sus inescrutables designios. Son otras reglas. The life is the night. A veces hay que perder un poco la cabeza y meterse en algún lío para no parecer muerto. Hay que saber sobrevivir a esos líos, anocheres y amaneceres.

A todas gracias por igual.

[Sigue en 13. El punto canalla]

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