(“Vuelve y tira de mi lengua para que diga lo que diga tenga arte y me permita impresionarte” – Alis)

El 1 en la bandeja de entrada y de asunto 3 puntos suspensivos…

Han pasado unos días desde entonces y antes de que siga con mi plan de no volverte a escribir tengo que hacerlo. No quiero ignorar que quiero hacerlo. Quiero pensar que tú quieres leerlo.

Verás, ahora sí tengo algunas respuestas. Ya sé que no soy el plan perfecto, tú tampoco lo eres ahora para mí. No es fácil extrañar a alguien que no está aquí, que no está ahora. No es fácil pasar por las terrazas y ver a multitud de parejas tomando café mientras yo me emperro en quererte sin tenerte.

Lo más sensato es no seguir intentándolo. Lo ideal es dejarte ir, buscar otro alguien a quien sentar en esa terraza. Pero entonces me acuerdo de tu mirada y tu pregunta, tu beso con sabor a pipa, tu sudor apoyada en mi pecho, tu cara avergonzada, tus mensajes diciéndome que te encanta.

Así que lo siento, fui a por ti y no me arrepiento un pimiento. Todo lo de antes es verdad y estamos locos. Disfrutemos el ahora, disfrutemos el fin de semana, disfrutemos cada instante que tengamos. Y que nos llamen locos y nos envidien si ven que por una vez dos personas no están por estar, que no fingen su felicidad para poder aparentar un café delante de la parroquia inquisitorial.

Tramoyista redactor, sabedor y escenario de las mejores historias, el coche carbura y aconseja: Equivócate en todo, aprende idiomas, empaña los cristales.

Sí, al final la había besado. Y ella me lo había devuelto. Porque hay besos que no se piden, se roban, se camelan ocultos tras la tormenta siendo pájaros hasta estar mojados, buscando el recorrido de las avenidas de cada corazón.

Callado, tímido, seguí observando su día a día ante su cristalera. Intentando descifrar el sentido de cada calada, la mirada que acababa en una calma más profunda que su penúltima colilla.

Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven. Sarcasmos de la vida. En la batalla de las palabras más, ella siempre fue de las palabras menos. Dejando como herencia la pose que siempre le envidié, la única frase imbatible, la imposible de olvidar: el silencio.

[Sigue en 11. Clavo quita clavo]